Translate

domingo, 19 de julio de 2009

Liverpool (2008) de Lisandro Alonso


Al salir de la sala del cine dónde se proyectaba Liverpool (Lisandro Alonso, 2008), una señora de mediana edad se expresó en estos términos literales: “Hoy en día cualquiera hace una película”. Esta expresión me dejó perplejo, pues según mi percepción, acabábamos de asistir a una película nada convencional y sobre todo, nada fácil de realizar.


Este cuarto film del joven director argentino Lisandro Alonso, que fue el triunfador en el pasado Festival Internacional de Cine de Gijón, narra (aunque a veces parezca que no narra) la historia de Farrel, un solitario marinero que aprovechando que su barco ha llegado a Ushuaia, de donde es originario, decide hacer una visita a su familia a la que no ve desde hace veinte años. Durante el primer tercio de la película asistimos a la rutinaria vida de Farrel en el carguero. Alonso huye de toda pretenciosidad y desdramatiza la presentación de su protagonista a través de la utilización contenida de los planos secuencia y la casi nula presencia del diálogo. Los silencios y el minimalismo compositivo constituyen sus armas principales para mostrarnos a su protagonista con el que nos familiarizamos sin darnos cuenta. La sutilidad de esta acción requiere un gran trabajo de contención impulsiva, algo extraño en un realizador de la edad de Alonso, que no ha sucumbido a los planteamientos del actual cine moderno. Y ahí está la clave de mi desacuerdo con las palabras de la espectadora que mencioné al principio. Lo que hace Lisandro Alonso no es nada fácil y lo más importante de todo, no lo puede hacer cualquiera.

Las imágenes de Liverpool nos transmiten adecuadamente los sentimientos de Farrel. Su soledad, su culpabilidad, su desesperanza. Todo ello sin diálogos. Sólo en el instante en que lo recogen después de pasar la noche a la intemperie, asistimos a unas pocas palabras del anciano que le recrimina su regreso y que nos proporciona toda la información que necesitamos saber. También el personaje de Analía es capital en la película. De hecho, en el último tramo del film ya no seguimos a Farrel, que ha emprendido el camino de regreso a su embarcación. Alonso concentra la acción (o no acción) en Analía, su hermana desconocida, totalmente extraña para Farrel porque nunca llegó a verla crecer. Esa ausencia es mostrada magistralmente por Alonso que consigue que la sombra del marinero esté presente hasta el final de la película.

Por tanto, mi conclusión es que las palabras de la mencionada espectadora son incorrectas. Más adecuado sería decir que este tipo de película no la hace cualquiera. Y más importante aún, no las entiende cualquier espectador. Cierto es que al espectador medio puede resultarle extraña, acostumbrado a un cine narrativo convencional. Pero en la diferencia reside el valor de Liverpool. Lisandro Alonso es hoy por hoy un más que digno representante del ultimísimo nuevo cine argentino y un autor que elogia la sencillez y cotidianidad de la vida sin grandes pretensiones. Y eso es lo que espectadores como esta señora no llegan a comprender. Liverpool es una pequeña gran obra maestra.

9/10

Daniel Muñoz Ruiz

No hay comentarios:

Publicar un comentario