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miércoles, 29 de julio de 2009

Mishima: Una vida en cuatro capítulos (1985) de Paul Schrader


Yukio Mishima es el seudónimo de Kimitake Hiraroka, escritor y dramaturgo japonés que escribió sus novelas más importantes en la década de los años 60. Su vida terminó trágicamente al suicidarse mediante el ritual del seppuku. Poco antes había irrumpido en un cuartel del ejército japonés para intentar inculcar sus ideas extremistas a los jóvenes soldados. Con la ayuda de los miembros de su Sociedad del Escudo (Tatenokai) redujeron al General Mashita y Mishima pronunció su discurso sin que los soldados le quisieran escuchar. Decepcionado por la reacción del ejército, que no tiene el mismo sentido del honor y el deber ante su país, Mishima y su compañero Morita se suicidaron mediante el hara-kiri.


El director y guionista Paul Schrader adapta en esta película la vida del famoso escritor japonés. El guión es una colaboración con su hermano Leonard y la mujer de éste, Chieko, que realizó la transcripción al japonés. El propio Schrader ha declarado que “Mishima es un personaje que podría haberme inventado de no existir.” Y es cierto, pues el guionista de Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976) crea un personaje con un carácter parecido al de Travis Bickle, un loco desengañado con la decadencia moral de la sociedad actual. Para intentar cambiar la situación, Bickle se convierte en justiciero y Mishima planea un golpe de estado. Pero ambos son dos desequilibrados cuyas mentes enfermas fabulan y distorsionan la realidad. El final de la vida de Mishima es consecuente con sus ideas: ante la imposibilidad de cambiar las cosas más vale quitarse de en medio y no vivir en esta sociedad. También son dos personajes con tintes fascistoides y delirios de grandeza que en el caso de Mishima resulta difícil de entender al tratarse de un escritor de prestigio y lo más duro de creer, su historia es real.


Mishima lleva por subtítulo Una vida en cuatro capítulos. Esta singularidad anticipa la estructura narrativa del film, que es un puzle que parte la mañana del 25 de noviembre de 1970, el día del sepukku de Mishima, y a través de flashbacks (en blanco y negro) cuenta episodios biográficos del escritor mezclados con evocaciones de pasajes de sus novelas más importantes “El pabellón de oro”, “La casa de Kyoko” y “Caballos desbocados”. En ellos se tratan temas frecuentes en la filmografía de Schrader como son la locura, los delirios de grandeza, la homosexualidad, el sadomasoquismo, el arte, la ambigüedad política y la decadencia moral. Sin duda, el último de los capítulos, Armonía de la pluma y la espada, con un estilo directo, realista y un montaje violento, rompe la armonía del relato visual que habíamos presenciado hasta entonces, que en ocasiones alcanzaba altas cotas de poesía.


Pero a pesar del buen guión y la ágil narración, si algo destaca por encima de todo en Mishima son sus facetas artísticas, esto es su fotografía, su música y su escenografía. Todo el conjunto le valió el premio a la Mejor Contribución Artística en el Festival de Cannes de 1985. La perfecta armonía de las escenografías oníricas y la cuidada fotografía de John Bailey unida a la memorable música de Philip Glass, constituyen una verdadera obra de arte audiovisual. El arte y la muerte unidos en dos horas de duración.


No quiero terminar este texto sin mencionar la excelente interpretación de Ken Ogata dando vida (y muerte) a Yokio Mishima. Un director de Hollywood como Schrader jamás hubiera hecho una película como esta dentro de las normas comerciales del mainstream. Por eso creo que es valiente y que Mishima puede considerarse su película más importante en lo que se refiere al arte cinematográfico.

8/10
Daniel Muñoz Ruiz

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