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sábado, 22 de agosto de 2009

Despedidas (2008) de Yojiro Takita



Okuribito (Despedidas) es una producción japonesa que fue galardonada con el Oscar 2009 a la mejor película de habla no inglesa. Dirigida por Yojiro Takita, cuenta la historia de Daigo Kobayashi, un violonchelista discreto que tras la disolución de la orquesta en la que trabajaba en Tokio, decide volver al campo a su pueblo de origen, junto a su mujer Mika. Allí, conseguirá un trabajo peculiar: ayudante en una empresa que realiza embalsamamientos rituales llamados Nokanshi. Esta nueva profesión le acarreará problemas en su entorno familiar, concretamente con su mujer, que no considera digno su nuevo empleo. El ritual del Nokanshi será el hilo conductor que cohesione la narración de la aventura vital de Daigo, marcado por ser abandonado por su padre siendo él un niño. La historia se sumerge entonces en un profundo océano melodramático en el que ese último momento, la despedida del difunto se convierte en la excusa temática para inferir una impostura sentimental a toda la película.

Y es que en Despedidas, la tradición del cine japonés, de maestros como Ozu, Kurosawa o Mizoguchi, no aparece por ninguna parte y el film se reviste del tradicional tono sensiblero del melodrama hollywoodiense más cursi. Por tanto, no es de extrañar, que el film de Takita, se alzara con la estatuilla dorada en detrimento de otras películas mucho más importantes y arriesgadas como La Clase (Laurent Cantet, 2008) o Vals con Bashir (Ari Folman, 2008). En Despedidas los actores caen en la sobreactuación más facilona, exagerando los gestos tanto en los momentos cómicos como en los más trágicos. La constante voz en off del protagonista resulta tediosa, demasiado explicativa y bastante prescindible en numerosas ocasiones. Y la música, es tema aparte. Hacía tiempo que no me encontraba con una obra que utilizara la partitura musical de forma tan ingenua y desmedida, pues la música remarca emocionalmente la situación dramática en la que aparece. Sólo la música diegética, la del chelo que interpreta el protagonista, tiene algo de interés. Pero la omnipresencia musical a lo largo del film resulta un verdadero (con perdón) coñazo.

Otro elemento que chirria en Despedidas es el personaje secundario de la esposa, Mika. Nadie puede entender su actitud ante la nueva profesión de su marido. Aquí, dicho trabajo es considerado indigno, cuando en la sociedad actual nadie le atribuiría tan condición. Tomemos como ejemplo la serie norteamericana A dos metros bajo tierra, en los que los protagonista tenían la misma profesión y aquí nadie se lo tomaba a la tremenda como la mujer de Daigo.

Creo que Despedidas hubiera podido funcionar mejor como comedia. Aplicando el humor negro a las situaciones planteadas en el film, hubiera resultado una película más interesante y no una obra cargada de sensiblería barata en el que la planificación, la música y el montaje están estudiados para gustar a los espectadores menos exigentes. A pesar de la buena salud que apreciamos en el cine japonés contemporáneo con directores como Hirokazu Kore-eda, Naomi Kawase, Kiyoshi Kurosawa o Hayao Miyazaki, entre otros, este film de Yojiro Takita no representa para nada al cine japonés, pues constituye una película autocomplaciente, desvirtuada y extremadamente convencional, que busca la lágrima fácil en su audiencia.

Para finalizar, quisiera recomendar el visionado de dos filmes japoneses que también tratan el tema de la muerte y la despedida, pero que a diferencia de éste, resultan verdaderas obras maestras. Se trata de las películas La balada de Narayama (Shohei Imamura, 1983) y El bosque de luto (Naomi Kawase, 2007).

4/10
Daniel Muñoz Ruiz

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