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domingo, 16 de agosto de 2009

Revolutionary Road (2008) de Sam Mendes


Cuarto film del director y dramaturgo británico Sam Mendes. Revolutionary Road (menos mal que no han traducido el título) vuelve a analizar la sociedad norteamericana, en esta ocasión personificada en un matrimonio joven de clase media, una pareja perfecta en los años 50, muy guapos y educados, con dos hijos pequeños y una casita en un barrio residencial lejos de la gran ciudad. Frank y April se conocen rápidamente, se casan pronto y los hijos llegan también muy pronto. Sus vidas se transforman en rutinarias, más aún cuando ella abandona sus pretensiones de actriz, al darse cuenta de su mediocridad. Frank odia su trabajo en una oficina en la ciudad y su desazón ante la vida le hace caer incluso en la infidelidad. Todo esto parece cambiar cuando April planifica una salida para esa situación, irse a vivir a París en busca de una nueva vida, una vida mejor, en la que Frank pueda desarrollar su potencial en otros campos y así poder alcanzar la felicidad, de la que carecen en su actual vida. Frank aceptará en un primer momento, pero a partir de ahí surgirán los problemas. Entonces Revolutionary Road que comienza poderosamente, va perdiendo fuelle para caer en el melodrama más convencional.


De hecho, la primera media hora de la película de Mendes resulta muy atractiva, sobre todo por su forma de narración, con el montaje paralelo sobre las acciones de Frank y April separadamente y por los flashbacks en los que April rememora su pasado con Frank que nos informa de cómo ha llegado el matrimonio a esa situación de desesperanza vital. La adaptación a la pantalla de la novela homónima de Richard Yates, es correcta, consigue caracterizar la sociedad norteamericana de la década de los años 50. Una sociedad muy conservadora hasta entonces, lejos todavía de los movimientos culturales que revolucionarían la sociedad en los años 60. De ahí que nadie esté de acuerdo con la decisión de April, excepto John, el hijo desequilibrado mental de sus caseros. Dicen que los niños y los borrachos son los únicos que siempre dicen la verdad. En el caso de ese film se puede decir que son los locos, porque John es el único que ve la verdad, la realidad del matrimonio y como la verdad duele, este personaje será esencial al provocar la secuencia de mayor tensión dramática en la película, cuyo contenido, por supuesto, no voy a desvelar.


Las películas de Sam Mendes, como ya ocurriera con American Beauty (1999) y Camino a la perdición (2002) trabajan muy bien la dirección artística para introducir al espectador en el ambiente social en el que se desarrolla la trama. La fotografía de Roger Deakins también contribuye a ello, pero la música de Thomas Newman crea una sensación de deja vù o más concretamente de “ya oído” que relega la historia a la convencionalidad hollywoodiense. El duelo interpretativo DiCaprio-Winslet está compensado a lo largo del film, en el que unas veces gana él y en otras sale victoriosa ella. Sin duda, la interpretación de los actores resulta el punto fuerte de Revolutionary Road.


Con historias como esta, Mendes se ha convirtiendo en uno de los directores más cotizados del Hollywood actual, pero ha perdido la frescura de American Beauty y no alcanza la épica de Camino a la perdición (enorme Paul Newman). Creo que se le puede pedir más y que todavía tiene que crear una obra maestra que permita su inclusión en el Olimpo de los directores de cine de Hollywood.

7/10

Daniel Muñoz Ruiz

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