Translate

domingo, 27 de septiembre de 2009

Anticristo (2009) de Lars Von Trier


La última obra del director danés más internacional ha provocado una profunda división en la crítica y en los espectadores. Presentada en el último Festival de Cannes, la película fue galardonada con el premio a la mejor interpretación femenina, pero recibió muchas descalificaciones debido a la violencia explícita que tiene lugar en el film. Y sí, Anticristo es un film bastante violento, excesivo, provocador, pero su violencia está más cercana a la que muestran algunas obras de Michael Haneke o, me estoy acordando de Pier Paolo Pasolini y su Saló o los 120 días de Sodoma (1975). Una película tan violenta puede gustar o no gustar, pero, en mi opinión, esta película de Von Trier no contiene más violencia que algunas de Quentin Tarantino o los Hermanos Coen, por poner dos ejemplos en los que encuentran un lugar común la crítica y el público. Hace unos cuantos años hubo otra película que causó reacciones parecidas, Irreversible (Gaspar Noé, 2002), que fue denostada en parte por su extrema violencia. Sin entrar en valoraciones morales, lo que estas dos películas buscan es representar realistamente la violencia, como lo pretende Michael Haneke, uno de los directores más valorados por la crítica actualmente.


Todos sabemos que Lars Von Trier resulta bastante pretencioso en ocasiones y que a veces le sale bien y otras no, pero en la película que comentamos ahora, el resultado ha sido positivo. Desde el prólogo, en blanco y negro y ralentizado, en el que el niño se arroja por la ventana mientras sus padres follan como locos ajenos a todo, Von Trier nos introduce en su universo lleno de pesadillas. Cómo él mismo ha declarado, su cine le sirve para exorcizar sus miedos y depresiones, y viendo Anticristo pensamos que debió de estar muy jodido. El dolor de la culpa es la motivación principal de la madre, una inmensa Charlotte Gainsbourg, que provocará su locura. Ese dolor, esa culpa, será reconvertida en venganza hacia su marida, un sufrido Willem Dafoe, que en su papel de psicoanalista, pretende tratar a su mujer para que desaparezcan esos sentimientos en ella y se encuentra sin querer en medio de un torbellino de violenta desesperación que acabará provocándole bastante dolor físico. Pero no vamos a destacar los momentos de violencia explícita, que por otra parte es con lo único que se quedan los detractores del film. Anticristo es una historia desgarradora, sin concesiones, sobre la destrucción de una pareja, dos seres humanos, ante el trágico suceso que supone la pérdida accidental de un hijo. La puesta en escena es muy poderosa, situados a los dos únicos personajes en una cabaña en un bosque fantasmal, que actúa de catalizador para los desvaríos de la esposa. Un bosque en el que habitan seres extraños, como ese Bambi monstruoso o un zorro profeta. Un espacio opresivo que favorece la creación de emociones como la angustia, omnipresente en la película. Otro tema recurrente en el cine de Von Trier es la misoginia y en Anticristo, resulta bastante patente, pues no en vano, el mensaje que nos transmite es que el diablo era mujer…


La arrogancia de Lars Von Trier cuando dice que es el mejor director de cine del mundo, puede alimentar el fuego de sus detractores con esta película. Sin embargo, su estilo autoral es sólido y en Anticristo encontramos secuencias y planos que son de lo mejor que el director danés ha hecho nunca. Sin duda, es una película desagradable, muy desagradable, pero quién ha dicho que el cine tenga que ser agradable. La historia del cine está llena de “agradables” películas que se olvidan fácilmente y Anticristo, no pertenece a esta categoría. El gran impostor talentoso vuelve por sus fueros y sin importarle lo más mínimo lo que piensen los demás.

8/10

Daniel Muñoz Ruiz

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Man on Wire (2008) de James Marsh


Documental ganador del Oscar de la Academia, dirigido por el inglés James Marsh, narra las peripecias del funambulista francés Philippe Petit, que se propuso andar sobre su cable entre las dos Torres Gemelas del World Trade Center de Nueva York. Viendo las torres es inevitable pensar en lo sucedido el 11 de septiembre de 2001, cuando el World Trade Center fue destruido en el mayor ataque terrorista hasta la fecha y que tanto ha cambiado la historia del mundo. Sin embargo, el documental no hace referencia alguna a este hecho, lo ignora en un acto de censura, de cobardía, ante un tema que puede ser tabú y restar adeptos al film. Pero, aún así, se trata de un interesante documental sobre un personaje peculiar que hizo algo inalcanzable para la mayoría de los mortales.

Man on Wire está construido a partir del libro autobiográfico de Petit, Alcanzar las nubes y utiliza los testimonios sobre el pasado de los amigos y colaboradores del osado personaje. También nos informa sobre otras hazañas anteriores, como su recorrido sobre el alambre en la Catedral de Notre Dame de Paría o el puente colgante de la Bahía de Sídney, en los que en ambos casos fue detenido por la policía. Las imágenes de archivo mostradas sobre la construcción del World Trade Center evocan el recuerdo de su destrucción, pues el solar parece el mismo solar que resultó de su derribo. Las dramatizaciones, sin embargo, no están muy conseguidas, pero cumplen su funcionalidad en la estructura narrativa, que por lo demás es bastante convencional. Lo que importa en este documental es el acto en sí, su preparación, pero no sus consecuencias, pues sólo se alude de refilón al hecho de que Philippe dejó de lado a sus amigos nada más bajarse de las torres, influido por su carácter ególatra y por su repercusión masiva en los medios de comunicación. Aunque eso podría haber dado origen a otro documental. Y es que Philippe Petit es el protagonista absoluto de la historia y oyéndole relatarla con tanta pasión, uno se da cuenta de la importancia que tuvo en su vida el acto “ilegal, pero no malvado” como él mismo lo califica.

El desarrollo de la película responde a la tensión narrativa del thriller, pues mantiene la expectación aunque ya conozcamos el resultado. Las imágenes del hombre suspendido en el cable que une las dos torres, resulta muy poderosa por sí misma y su visionado ya es una atracción para ver este documental. La historia del cómo consiguieron entrar en las torres y montar la infraestructura necesaria para el reto de Petit es muy ingeniosa, pero también muy improbable en los tiempos que corren, debido a las enormes medidas de seguridad que tiene todos estos edificios emblemáticos hoy en día por culpa del 11-S. El controvertido Petit llevó a cabo su desafío no sin antes prepararlo durante muchos meses y con la ayuda de varios colaboradores. Fue el día 7 de agosto de 1974 cuando lo consiguió finalmente. Un logro único en la historia de la humanidad, que ha dado pie a este documental más de 30 años después de la hazaña.

James Marsh firma este Man on Wire, que a pesar de no ser una obra maestra, resulta un trabajo sólido y entretenido para los espectadores, que conocen a través de él, un acontecimiento que para unos es una locura suicida y para otros contiene una impactante belleza. Lo que hubiera dado más entidad a la obra hubiera sido que profundizara más en el hombre y menos en el mito, en el héroe, pero a pesar de esto, Man on Wire es un documental notable, interesante, entretenido y recomendable.

8/10

Daniel Muñoz Ruiz

domingo, 6 de septiembre de 2009

Mapa de los sonidos de Tokio (2009) de Isabel Coixet


Nuestra directora con más proyección internacional ha viajado hasta la capital japonesa para ambientar su última película. Sin lugar a dudas, la fascinación de Isabel Coixet por la metrópoli asiática está presente a lo largo del metraje del film, que incluye varios planos aéreos y generales de los edificios y lugares de Tokio. Al igual que ocurriera con Sofía Coppola en Lost in Translation (2003), la gran ciudad de las luces de neón y la alta tecnología se convierte en protagonista indirecta de la mirada del director, en este caso, directoras occidentales, que seducidas por lo que les ofrece Tokio, no dudan en dejarse llevar por esa atracción, que aporta una visión extranjera y turística de la ciudad, como también hizo Woody Allen con Barcelona, en Vicky Cristina Barcelona (2008), aunque aquél sí que resultaba un publirreportaje de la ciudad destinado a los turistas extranjeros que vieran la película.


Mapa de los sonidos de Tokio es la historia de dos personajes con severas heridas emocionales, como casi todos los que habitan en la filmografía de la directora catalana. En este caso, una historia de amor y atracción sexual entre un importador de vinos catalán (Sergi López) y una asesina a sueldo (Rinko Kikuchi) que alterna las ejecuciones con su trabajo de pescadera en el mercado central de Tokio. El drama está servido cuando la asesina es contratada por el padre de la novia del catalán, que se había suicidado por desamor, para que acabe con su vida. Sin embargo, cuando se conocen, la asesina se volverá vulnerable y se enamorará del empresario vinatero. Los encuentros sexuales se sucederán entre ambos, pero David seguirá recordando a su fallecida novia y por tanto, no será una relación, podríamos decir, feliz. Es curioso que Coixet realice en esta película sus secuencias con contenido erótico más explícito y no se atreviera a hacerlo en Elegy (2007), su anterior largometraje en el que adaptaba una novela de Philip Roth que contenía momentos de sexualidad bastante explícitos. Tal vez fuera por los rigores de la producción que le impidió hacerlo y ahora se toma su venganza, incluyendo escenas fuerte pero rodadas con sensibilidad y buen gusto. Pero el guión tiene varios defectos. El primero y que considero importante, es el personaje que aparece como narrador y que al principio parece que va a tener peso en la trama pero que va desapareciendo progresivamente hasta el punto de perder totalmente el sentido. El personaje, que parece inspirado en un rol creado por Hou Hsiao-Hsien en Café Lumière (2003), el amigo de la protagonista que iba grabando los sonidos de Tokio y especialmente sus trenes, resulta una impostura prescindible en la película y en ocasiones, su reiterativa voz over no aporta nada y entorpece el discurrir narrativo del film en lugar de favorecerlo. También hay que tener en cuenta que los referentes de Isabel Coixet están muy consolidados y por tanto, la película puede resultar algo extraña a los espectadores que no estén familiarizados con su cine. La influencia estética de Wong Kar-Wai, la temática del escritor japonés Murakami, algunos planos en los que se quiere acercar al cine de Yasujiro Ozu, componen un mosaico de elementos constituyentes de la esencia cinematográfica de Isabel Coixet.


Técnicamente, Mapa de los sonidos de Tokio, es una delicia visual y sonora. El proceso de producción y postproducción en 4K, la mayor calidad que se puede conseguir actualmente, demuestra la preocupación de Coixet por dotar a sus obras de una calidad técnica superior. Las imágenes creadas desprenden una belleza que pocos directores españoles consiguen. El trabajo de creación y edición de sonido es espléndido. El montaje está bastante trabajado, buscando la solidez de la propuesta estética. Sin embargo, parece que se ha olvidado un poco de la historia que quería contar. Lejos de la emotividad de Mi vida sin mí (2003) o de sus interesantes comienzos con Cosas que nunca te dije (1996), Isabel Coixet puede ser considerada una autora con mayúsculas, pero que no llega a superar el listón que puso con esas películas, por otro lado, un listón alto, dejándonos un poco fríos ante esta historia nostálgica y por momentos, desgarradora.

6/10

Daniel Muñoz Ruiz