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domingo, 6 de septiembre de 2009

Mapa de los sonidos de Tokio (2009) de Isabel Coixet


Nuestra directora con más proyección internacional ha viajado hasta la capital japonesa para ambientar su última película. Sin lugar a dudas, la fascinación de Isabel Coixet por la metrópoli asiática está presente a lo largo del metraje del film, que incluye varios planos aéreos y generales de los edificios y lugares de Tokio. Al igual que ocurriera con Sofía Coppola en Lost in Translation (2003), la gran ciudad de las luces de neón y la alta tecnología se convierte en protagonista indirecta de la mirada del director, en este caso, directoras occidentales, que seducidas por lo que les ofrece Tokio, no dudan en dejarse llevar por esa atracción, que aporta una visión extranjera y turística de la ciudad, como también hizo Woody Allen con Barcelona, en Vicky Cristina Barcelona (2008), aunque aquél sí que resultaba un publirreportaje de la ciudad destinado a los turistas extranjeros que vieran la película.


Mapa de los sonidos de Tokio es la historia de dos personajes con severas heridas emocionales, como casi todos los que habitan en la filmografía de la directora catalana. En este caso, una historia de amor y atracción sexual entre un importador de vinos catalán (Sergi López) y una asesina a sueldo (Rinko Kikuchi) que alterna las ejecuciones con su trabajo de pescadera en el mercado central de Tokio. El drama está servido cuando la asesina es contratada por el padre de la novia del catalán, que se había suicidado por desamor, para que acabe con su vida. Sin embargo, cuando se conocen, la asesina se volverá vulnerable y se enamorará del empresario vinatero. Los encuentros sexuales se sucederán entre ambos, pero David seguirá recordando a su fallecida novia y por tanto, no será una relación, podríamos decir, feliz. Es curioso que Coixet realice en esta película sus secuencias con contenido erótico más explícito y no se atreviera a hacerlo en Elegy (2007), su anterior largometraje en el que adaptaba una novela de Philip Roth que contenía momentos de sexualidad bastante explícitos. Tal vez fuera por los rigores de la producción que le impidió hacerlo y ahora se toma su venganza, incluyendo escenas fuerte pero rodadas con sensibilidad y buen gusto. Pero el guión tiene varios defectos. El primero y que considero importante, es el personaje que aparece como narrador y que al principio parece que va a tener peso en la trama pero que va desapareciendo progresivamente hasta el punto de perder totalmente el sentido. El personaje, que parece inspirado en un rol creado por Hou Hsiao-Hsien en Café Lumière (2003), el amigo de la protagonista que iba grabando los sonidos de Tokio y especialmente sus trenes, resulta una impostura prescindible en la película y en ocasiones, su reiterativa voz over no aporta nada y entorpece el discurrir narrativo del film en lugar de favorecerlo. También hay que tener en cuenta que los referentes de Isabel Coixet están muy consolidados y por tanto, la película puede resultar algo extraña a los espectadores que no estén familiarizados con su cine. La influencia estética de Wong Kar-Wai, la temática del escritor japonés Murakami, algunos planos en los que se quiere acercar al cine de Yasujiro Ozu, componen un mosaico de elementos constituyentes de la esencia cinematográfica de Isabel Coixet.


Técnicamente, Mapa de los sonidos de Tokio, es una delicia visual y sonora. El proceso de producción y postproducción en 4K, la mayor calidad que se puede conseguir actualmente, demuestra la preocupación de Coixet por dotar a sus obras de una calidad técnica superior. Las imágenes creadas desprenden una belleza que pocos directores españoles consiguen. El trabajo de creación y edición de sonido es espléndido. El montaje está bastante trabajado, buscando la solidez de la propuesta estética. Sin embargo, parece que se ha olvidado un poco de la historia que quería contar. Lejos de la emotividad de Mi vida sin mí (2003) o de sus interesantes comienzos con Cosas que nunca te dije (1996), Isabel Coixet puede ser considerada una autora con mayúsculas, pero que no llega a superar el listón que puso con esas películas, por otro lado, un listón alto, dejándonos un poco fríos ante esta historia nostálgica y por momentos, desgarradora.

6/10

Daniel Muñoz Ruiz

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