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miércoles, 14 de octubre de 2009

Malditos bastardos (2009) de Quentin Tarantino


Vuelve Tarantino, uno de los directores americanos más valorados por la crítica y el público actual. Y lo hace por la puerta grande, después de esa broma llamada Death Proof (2007), película que él mismo confesó que fue hecha para su divertimento, pero que resulto un producto estúpido e innecesario. Pero podemos estar tranquilos, Tarantino ha vuelto a recuperar el pulso de una buena historia, aunque sea una interpretación muy libre de algunos hechos históricos de la Segunda Guerra Mundial. Y es que Malditos bastardos es el cine de Tarantino en estado puro, con personajes que se unirán a sus creaciones más logradas como es el caso del coronel Landa (interpretado sobresalientemente por Christoph Waltz), que es el verdadero descubrimiento del film y la joven judía Shosanna (Mélanie Laurent), que hará de la venganza lo más importante de su vida. En medio de ellos, los bastardos, ése grupo de chalados superviolentos capitaneados por Aldo Raine (Brad Pitt) cuya única misión en esta guerra es llevarse por delante al mayor número de nazis posible y si puede ser de una forma cruel y sangrienta, mucho mejor.


En Malditos bastardos, Quentin Tarantino demuestra que está en forma a la hora de reescribir los géneros, en este caso, el género bélico que tantas obras maestras ha proporcionado al séptimo arte. Y lo hace sin complejos, como demuestran las secuencias largas llenas de diálogos ingeniosos y momentos de tensión que modulan el discurrir narrativo de la película. Su estructura narrativa vuelve a recordarnos a sus anteriores trabajos, pues Malditos bastardos está compuesta de cinco secuencias largas, o mejor dicho, piezas independientes que confluyen en el final, en la secuencia del cine parisino que se convierte en una trampa mortal para los nazis (y creo que ya estoy contando demasiado). Y tiene justificación que el clímax del film tenga lugar en una sala cinematográfica, porque Tarantino, más que en cualquiera de sus anteriores largometrajes, demuestra su condición de cinéfilo con varias referencias al mundo del cine, sobre todo al cine europeo, así como el protagonismo que le concede al propio soporte cinematográfico, esto es, a la película cinematográfica de nitrato, que era la más utilizada en aquellos tiempos. Tampoco falta el humor en Malditos bastardos. De hecho el comienzo de la secuencia del cine de París, con los problemas derivados de los distintos leguajes que hablan los personajes, provoca un gag cómico entre Landa y Raine, que es de lo más divertido que se ha visto nunca en su cine, aunque a algunos puede parecerles una estupidez.


Algún defecto se le puede achacar a la película. El primero, que no pasará desapercibido para los espectadores, es la longitud excesiva del metraje, que a veces se pierde en diálogos que no conducen a nada y se convierten en inútil verborrea. También a algunos nos hubiera gustado un poco más de protagonismo de los bastardos, aunque según ha declarado el propio director, puede que nos sorprenda con una precuela sobre el origen del comando. La polémica que pudiera conllevar el tratamiento de hechos históricos en el film, queda superada desde el instante en el que somos conscientes de que nos hallamos ante una ficción tarantiniana y que impone toda su fantasía a la hora de inventar tales acontecimientos. Malditos bastardos puede considerase una película de cine bélico en la que el género ha pasado por la batidora del director para convertirse en un producto único.


Sin duda, Tarantino puede gustar o no, pero con esta película consigue mantener al espectador en tensión constante y consigue uno de los propósitos del cine, entretener y contar una historia mediante su particular visión y sus gustos estéticos, en los que sí podríamos entrar en distintas valoraciones. El creador de Pulp Fiction (1994) ha conseguido una película que, aunque no es una obra maestra, si se acerca a esas cotas de calidad que le hicieron ser respetado y apreciado en todo el mundo.

8/10

Daniel Muñoz Ruiz

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