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miércoles, 29 de diciembre de 2010

Film socialisme (2010) de Jean-Luc Godard



“El dinero es un bien público, como el agua”. Con esta sentencia comienza Godard su nueva película Film Socialisme. Ya desde esa frase y los primeros planos, nos damos cuenta de que estamos ante una obra que pretende decir algo, ser un vehículo para la reflexión y no un mero objeto de entretenimiento. Para quién no esté familiarizado con la obra del director franco-suizo, Film socialisme seguramente le resultará difícil de seguir, pero para quién haya visto Elogio del amor (Éloge de l’amour, 2001)o Nuestra música (Notre musique, 2004), por poner dos ejemplos de esta misma década, esta nueva película vuelve a desafiar por completo la estructura narrativa clásica y hace de la experimentación formal una de sus principales señas de identidad, de inconfundible propiedad del autor de Historie(s) du cinéma.

Godard compone su película en tres partes, no unidas por una lógica narrativa pero sí por el mismo concepto ideológico, el socialismo, pero no entendido históricamente, sino tal como lo ve Godard en la actualidad. El primer movimiento tiene lugar en un crucero que atraviesa el mediterráneo, cuna de la civilización occidental y de gran potencial simbólico dentro del film. Dentro del barco encontramos variopintos personajes como el filósofo Alain Badiou, el escritor palestino Elias Sanbar o la cantante Patti Smith, mezclados con otros personajes que simbolizan a los ciudadanos de la Europa actual. Godard otorga voz a muchos de los viajeros, que reflexionan sobre el destino del continente europeo y por ende, de la civilización occidental, siempre con el lenguaje sentencioso al que ya estamos acostumbrados en sus películas. Los formatos de imagen utilizados en esta parte van desde la alta definición al video de teléfono móvil, imágenes de baja definición, colores saturados e incluso imágenes procedentes de Internet. El director franco-suizo vuelve a experimentar no solo con la imagen sino también con el sonido, en los planos de cubierta el viento sopla tan fuerte que satura el sonido directo. Igualmente recurre a los silencios totales, dejando la imagen totalmente muda, y emplea la voz en off en multitud de ocasiones. Lo documental está muy presente durante el viaje, pues Godard muestra reuniones de gente como la misa o el baile en la discoteca que nos dan la impresión de la mecanización de los actos sociales, vacíos de contenido, puramente rutinarios. Tampoco escatima en referencias a la historia, como el oro de los republicanos españoles o el conflicto palestino-israelí, una herida que continúa abierta y por la que Godard vuelve a mostrar interés después de Nuestra música.

La segunda parte, quizás la más narrativa, nos lleva hasta una gasolinera francesa propiedad de la familia Martin, en la que somos testigos del insalvable conflicto generacional entre padres e hijos, en este caso, un pequeño de diez años y su hermana adolescente. Este tramo de Film socialisme recuerda al Godard de los años 60, sobre todo por la puesta en escena, y en ocasiones, por los diálogos. Resulta la parte más “convencional” (aunque muy lejos de lo convencional) del film y tiene momentos bastante cómicos, en los encuentros de los niños con la pareja de periodistas que llega a la gasolinera a cubrir las elecciones.

Tras preguntarse por el destino de Europa y dotar a la película de un todo entre el pesimismo y la melancolía, Godard se resarce y deja una puerta abierta a la esperanza en la última parte de su Film socialisme, compuesta por imágenes de archivo, algunas extraídas de películas. Al estilo de sus Histories…, Godard realiza un viaje por lugares significativos en el desarrollo de la civilización como Egipto, Palestina, Grecia, Nápoles, Odessa, Barcelona, paradas necesarias en el trayecto por el Mediterráneo. La película acaba con una llamada a la memoria colectiva de la humanidad, que no debe olvidar estos logros.

Políticamente densa, formalmente bella, osada y experimental, Film socialisme es el resumen perfecto del pensamiento godardiano sobre el cine y la vida. Un cine joven y radical, obra del octogenario director, que, esperemos no sea el último film que nos regale.


9/10

Daniel Muñoz Ruiz

martes, 21 de diciembre de 2010

Biutiful (2010) de Alejandro González Iñárritu


El cuarto largometraje del mexicano Alejandro González Iñárritu (primero sin la colaboración en el guión de Guillermo Arriaga), narra la terrible historia de Uxbal, cuya vida es una auténtica desgracia. Con una mujer alcohólica y bipolar, que además le pone los cuernos con su hermano, Uxbal tiene que cuidar a sus dos hijos de 7 y 10 años y es diagnosticado de cáncer en fase terminal. Su trabajo, si se le puede llamar así, consiste en “colocar” a inmigrantes ilegales en puestos como albañiles, manteros o manufacturadotes en talleres ilegales, sacando siempre tajada de ello. Como la noticia del fatal diagnóstico la conocemos nada más empezar la película, Iñárritu no nos explica cómo era Uxbal antes de saber que iba a morir pronto, y así convierte a su protagonista en un mártir que tiene que luchar por conseguir dejarle algo (dinero) a sus hijos. También, Uxbal tiene la capacidad de comunicarse con los muertos, hecho que dota al filme de un carácter místico muy propio del cine del director mexicano, sólo hay que recordar que 21 gramos (21 Grams, 2003) era el peso que pierde el cuerpo humano cuando muere, por tanto, el supuesto peso del alma humana. La muerte es el gran tema omnipresente en Biutiful, no solo por los muertos que ve y oye Uxbal sino porque la muerte impregna cada acción de Uxbal, cuyo trayecto de redención siempre está condicionado por la misma. Podríamos decir que Uxbal es un muerto viviente durante toda la película.

Biutiful ha sido vapuleada por numerosos críticos que la tachan de excesiva y de mostrar una Barcelona que no existe. Pues bien, puede que algunos la vean excesiva, puede que crean que se regodea en el dolor, pero lo que pretende Iñárritu y que lleva buscando desde su magnífico debut con Amores perros (2000), no es otra cosa que radiografiar el dolor humano, ver hasta qué límite se puede llegar en su representación cinematográfica. En este sentido, su objetivo está cumplido, gracias sobretodo a la maravillosa actuación de Javier Bardem en el papel de Uxbal. Cada película interpretada por Bardem es una garantía de éxito en cuanto a la faceta más realista del cine. El actor español es ahora mismo el mejor actor del mundo, si se pudiera elegir solamente a uno. En Biutiful lo vuelve a demostrar, pues la película descansa sobre sus hombros en todo momento. Eso sí, tampoco quiero menospreciar los papeles secundarios de Maricel Álvarez (su mujer), Eduard Fernández (su hermano) o los niños que interpretan a sus hijos, pues aportan una importante dimensión dramática al filme. Con respecto a la exageración en el tema social, personalmente no creo que esté sobredimensionada. Pienso que refleja una Barcelona que existe pero que algunos se niegan a ver, pero que la mayoría no estamos “autorizados” a conocer por el hermetismo del que hacen gala las mafias de inmigrantes. Este fenómeno que muestra la cara más oscura y problemática de la inmigración es propio de cualquier gran ciudad occidental. Sin ir más lejos, Iñárritu podría haber cambiado el Raval de Barcelona por el Lavapiés madrileño y no hubiera cambiado sustancialmente su película.

El director mexicano sigue fiel a sus principios, con mejores resultados que la rocambolesca Babel (2006), esta vez sin recurrir a historias que entrecruzan o a continuos saltos temporales (Biutiful es un gran flashback con un prólogo y un epílogo coincidentes). Fotografía cruda y cámara en mano para lograr enclaustrar la historia para acrecentar el agobio del espectador. Iñárritu construye una mega tragedia contemporánea sin intención moralizante (algunos me dirán que estoy equivocado, pero yo lo veo así). Una película con apenas dos o tres momentos agradable. Una historia muy deprimente. Pero, en el planeta cinematográfico es necesario todo tipo de historias y no solo las entretenidas o agradables. En mi opinión, Biutiful una película bastante interesante y no estoy de acuerdo con aquellos que piensan que espectaculariza el dolor. Seguro que algunos estaréis de acuerdo conmigo, ¿verdad?

8/10

Daniel Muñoz Ruiz

lunes, 13 de diciembre de 2010

Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas (2010) de Apichatpong Weerasethakul


Comenzaré esta crítica señalando mi condición de espectador occidental no familiarizado en absoluto con la cultura tailandesa ni con su simbología ni sus creencias. Por tanto, mis interpretaciones pueden ser aventuradas pero son las que me ha provocado la visión de este largometraje escrito y dirigido por Apichatpong Weerasethakul, ganador de la Palma de Oro en el último Festival de Cannes. La película comienza con un oscuro prólogo en la que un buey atado a un árbol se libera de su yugo y corre salvaje por el bosque en mitad de la noche hasta que es finalmente atrapado por un hombre. Después, un coche recorre una carretera que atraviesa el campo, en planos que bien nos pueden recordar a los trayectos en automóvil de las películas de Kiarostami. El tío Boonmee, un hombre que vive en medio del campo, rodeado de la naturaleza salvaje, se está muriendo. Para sus cuidados cuenta con la ayuda de un inmigrante de Laos, Jaai, al que está muy unido. Su cuñada Jen y el hijo de ésta, Tong, viajan al campo para estar con el enfermo. Durante una cena, llegan las apariciones de Huay, la difunta mujer de Boonmee y Boonsong, su hijo desaparecido, convertido en una especie de hombre-mono peludo de ojos rojos, un ser fantástico que puede tener su origen en alguna mitología tailandesa. Este encuentro insólito no parece asustar en absoluto a los vivos, que dialogan con los espíritus como si estuvieran vivos.


Uncle Boonmee es una profunda reflexión sobre la vida y la muerte, sobre el trayecto que nos dirige en los últimos momentos de vida y en las posibles vidas que un mismo espíritu puede vivir. Pero lejos de querer ser grandilocuente en el teme de la reencarnación, Weerasethakul construye un relato que se mueve entre la desestructuración temporal y la linealidad convencional y en la que sus protagonistas discurren por la frontera entre la realidad y la ensoñación. La cueva, a la que llega Boonmee guiado por el fantasma de su esposa y acompañado por Jen y Tong, resulta ser el lugar simbólico donde el anciano nació, en una de sus vidas pasadas, sin saber si fue hombre, mujer o animal. El lugar mítico donde pasar los últimos instantes de su vida me recordó a la cima de la montaña donde los hijos llevan a sus padres y madres a morir en La balada de Narayama (Narayama-bushi kô, 1983, Shôhei Imamura), un emplazamiento donde cerrar el ciclo vital. En el instante de su muerte, Boonmee sueña con un futuro extraño en el que solo existen hombres-mono y soldados, lo que le permite a Weerasethakul volver a realizar un movimiento de ruptura en su film al introducir fotos fijas que representan esta ensoñación. Estas fotos, los comentarios de Boonmee sobre los comunistas que ha asesinado y las imágenes de militares en la televisión, son los elementos que de soslayo apelan a la situación política de su país.


El director tailandés ha creado un artefacto complejo y simple al mismo tiempo, misterioso, como el episodio de la princesa y el soldado, que en principio nada tiene que ver con la trama, y luminoso y esperanzador, como se percibe en el epílogo en el que Tong, se despoja de su hábito de monje, e incluso de su cuerpo, para transportar su alma y la de Jen a otro lugar. Weerasethakul consigue hipnotizar al espectador con este relato lleno de belleza visual y poética narrativa. Una obra cercana a la perfección.

9/10

Daniel Muñoz Ruiz

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Chloe (2009) de Atom Egoyan



Nunca he entendido la necesidad del cine comercial de realizar remakes de otras películas de cinematografías de menor repercusión mundial. ¿No sería mejor hacer llegar a los espectadores el film original? Una cosa es inspirarse en alguna película, como ha hecho Abbas Kiarostami tomando como referente Te querré siempre (Viaggio in Italia, 1953, Roberto Rossellini) para su Copia Certificada (Copie conforme, 2010) y otra bien distinta, realizar un encargo sin pasión, como ha hecho Atom Egoyan en Chloe. El film es un remake de la ya de por sí mediocre película francesa Natalie… (2003, Anne Fontaine) y narra la historia de un matrimonio de clase alta en el que la esposa está consumida por las sospechas de infidelidades de su marido. Así, por pura casualidad, conoce a una prostituta de lujo a la que contrata para que tiente a su marido para ver hasta dónde puede llegar él. Hasta aquí, no pintaba mal pero a continuación la película se vuelve bastante convencional y previsible, en la que hasta el espectador menos avispado va 5 minutos por delante de la narración. Esto es debido a un guión muy flojo, firmado por Erin Cressida Wilson, que hace aguas por los clásicos plot points, que son anunciados a kilómetros saltándose la sorpresa y la intriga que se prevé cuando nos dicen que Chloe pertenece al género de thriller erótico.


El particular universo creado por Egoyan en sus películas, aquí está totalmente difuminado. Los personajes carecen de las dimensiones psicológicas de antaño como en Speaking Parts (1989), El liquidador (1992) o El dulce porvenir (1997). Los actores, que en la versión francesa eran Fanny Ardant, Gérard Depardieu y Emmanuelle Béart, son sustituidos aquí por Julianne Moore, Liam Neeson y una casi desconocida Amanda Seyfried, que a la postre es el gran descubrimiento de Chloe, porque es su interpretación la que más destaca entre la desbordada Moore y el plano Neeson. Egoyan, vuelve a rodearse de sus colaboradores habituales detrás de la pantalla, siendo la dirección de fotografía de Paul Sarossy lo más destacable por su juego de luces frías en la casa del matrimonio y los tonos cálidos en los hoteles, los santuarios de la infidelidad. La banda sonora compuesta por Mychael Danna para la ocasión, sin embargo, resulta muy convencional, muy del gusto hollywoodiense, lejos de las atmósferas creadas para otras películas del director canadiense como Exótica (1994) o Where the Thruth Lies (2005).


Lejos de su personalidad como autor, Egoyan hace lo que puede con lo que tiene e intenta imprimir simbolismo a la película, como esa horquilla que Chole intenta regalar a Catherine en su primer encuentro en los lavabos de un restaurante y que tendrá su protagonismo el final del film, que por otro lado es altamente decepcionante.


Atom Egoyan firma su peor película hasta el momento y es una pena porque el cine del director canadiense de origen armenio se había caracterizado por ser perturbador y emocional pero en sus últimos trabajos, los de esta década, que sin ser malos, ya suponían cierto declive con respecto a sus películas de los noventa. Eso sí, Chloe es totalmente olvidable y esperemos que no suponga más que un leve tropezón en su carrera.

3/10

Daniel Muñoz Ruiz

domingo, 21 de noviembre de 2010

Aita (2010) de José María de Orbe



Quizás muchos piensen que soy demasiado osado por considerar Aita como una obra maestra del cine español. Puede que ahora no se aprecie como tal, pero estoy seguro que dentro de unos años o décadas, cuando volvamos a verla, coincidiremos en señalar el trabajo de José María de Orbe como una de esas películas que crean escuela. El Palacio de Murguía en Astiagarraga (Guipúzcoa) es el verdadero protagonista de Aita. La casa que perteneció a los antepasados del director permanece abandonada y lejos del esplendor que tuviera en siglos pasados. Solo un viejo guarda intenta que la naturaleza no la engulla. En su interior, algunos siglos de cultura euskalduna y muchos espíritus de los antepasados que alguna vez la habitaron. Las paredes, las ventanas, las puertas, etc., son testigos mudos y ciegos del pasado al que mira con melancolía Luis, el viejo guarda. Sus paseos silenciosos nos traen a la memoria películas como Good Bye, Dragon Inn (2003, Tsai Ming-Liang) o Fantasma (2006, Lisandro Alonso) y descubren las hullas del tiempo en la anciana mansión, porque en ocasiones parece que por sí sola la casa tenga vida y que, por supuesto, esa vida se está agotando. También Aita se emparenta con el cine del argentino Lisandro Alonso en su visión antropológica sobre las personas que habitan el espacio físico convertido en espacio fílmico.


Orbe articula su película en planos secuencias, a veces cortos otras, más largos, en los que la cámara no realiza ni un solo movimiento en todo el metraje. Los planos fijos de Aita consiguen que la relación temporal se sincronice con el tiempo de las acciones. El director vasco lo hace genial, su dominio del tiempo de la imagen y el tiempo narrativo (o no narrativo, dirán algunos) crea un espacio perfecto para el deleite del espectador ante la plasticidad de las imágenes que se nos muestran. La magistral fotografía de Jimmy Gimferrer, premiada en el último Festival de San Sebastián, aporta al film la naturalidad requerida al no introducir ninguna fuente de luz artificial y contentarse con dirigir las naturales. Una fotografía sobria que imprime una belleza especial a toda la película. Pero no vayan a pensar que todo en Aita son imágenes. También hay diálogos entre el guarda y su amigo el cura, que en ocasiones resultan humorísticos y en otras reflexivos y melancólicos.


Además, José María de Orbe, como buen video artista, recupera imágenes de archivo del cine primitivo vasco y las introduce como proyecciones contra las paredes desnudas del interior de la casa resultando mágicas por su analogía con el paso del tiempo de la propia estancia. Imágenes pasadas, historia de los muertos que todavía habitan el hogar.


En varias entrevistas el director ha declarado que Aita es una película muy personal. Y tanto que lo es, pero también es un objeto artístico y cinematográfico como pocos se realizan en España. Una muestra de cine vanguardista y arriesgado que da frutos tan sabrosos y deliciosos como éste. Un ejemplo de buen gusto visual sin renunciar al compromiso expresivo del cine, pues aunque alguno se resista a verlo en Aita hay un relato muy personal y reflexivo.

9/10

Daniel Muñoz Ruiz

domingo, 14 de noviembre de 2010

El extraño caso de Angélica (2010) de Manoel de Oliveira



Manoel de Oliveira es un caso único en la historia de la cinematografía. El director portugués filmó esta película con 101 años de edad y en diciembre cumplirá 102. El extraño caso de Angélica es una película que suena a despedida, como dijo Luis Miñarro (Eddie Saeta), productor español que participa en ella, cuando presentó la misma en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, donde tuve la oportunidad de verla antes de su estreno comercial en las pantallas españolas. Sin embargo, el longevo director ya está enfrascado en su próximo proyecto y, confiemos en que no sea el último.


Describir su cine, por si alguno lo desconoce (quizás muchos) es hablar de dominio del tiempo cinematográfico a través de largos y pausado planos secuencia que dotan a sus películas de una magia especial. No podía ser menos en este caso. Isaac (Ricardo Trêpa, nieto de Oliveira) es un fotógrafo judío que es contratado para retratar a una joven difunta (Pilar López de Ayala) de familia pudiente de provincias. En el momento del primer encuadre sobre el rostro de la bella joven, ésta abre los ojos y el fotógrafo se queda anonadado. Los demás no lo ven y desde entonces, Isaac no puede dejar de ver a Angélica en sus sueños y en sus fotos, en las que Angélica siempre parece sonreírle a él. Encontramos aquí una historia de amor imposible que sólo tendrá lugar espiritualmente.


El director de películas como El valle de Abraham (Vale Abraao, 1993) o Una película hablada (Um filme falado, 2003) vuelve a demostrar su maestría en la planificación de largas secuencias dialogadas que resultan tan naturales como la vida misma. Además vuelve a introducir la naturaleza en sus imágenes y recurre a planos de labradores trabajando la tierra en una secuencia musical que lo acerca al registro documental. Algunos detractores pueden achacarle al film demasiada teatralidad en las interpretaciones o incluso en los decorados interiores, pero en mi opinión, resultan positivos pues se trata de dotar de una esencia especial a la película, un rasgo de estilo del autor portugués. El vestuario de los personajes parece salido de finales del siglo XIX o principios del XX, pero la acción se sitúa en la actualidad. Esto supone un guiño en toda regla al espectador, que lo asume sin reticencias porque casa perfectamente con el tono y las intenciones del film.


La obsesión del fotógrafo por Angélica se convertirá en enfermedad, un mal de amores al haberse enamorado de alguien a quien ni siquiera podrá conocer. Este amor ya no tiene cabida en el mundo de los vivos, por lo que Isaac tendrá que olvidarse o entregarse a la desesperación. Oliveira construye una simpática metáfora con el pajarillo enjaulado, que los espectadores que vean la película identificarán con regocijo. El director portugués ha realizado una película enigmática, por momentos deliciosa, otros oscura en los que sobrevuela la muerte, pero siempre bella y serena, algo que lo sitúa entre los clásicos del cine moderno, a la altura de un Bergman o un Godard. Volveré a verla cuando la estrenen en las salas españolas.


8/10


Daniel Muñoz Ruiz

martes, 9 de noviembre de 2010

Copia certificada (2010) de Abbas Kiarostami


¿Qué diferencia el original de la copia? ¿Puede ser original una copia? ¿Por qué le damos tanto valor al original en el arte? Estas y otras preguntas son el pretexto del director iraní Abbas Kiarostami para construir la historia de una pareja de mediana edad que atraviesa una crisis sentimental provocada por el desgaste del matrimonio. El mundo del arte sobrevuela la trama al convertir las obras artísticas tradicionales (pintura, escultura, arquitectura) en el decorado perfecto para la trama. Ella, una magnífica Juliette Binoche, propietaria de una tienda de antigüedades en un pueblecito perdido en la Toscana italiana, conoce a un famoso crítico de arte inglés que ha llegado al país transalpino para presentar su último ensayo. Lo que parece una relación entre dos desconocidos se convierte en una crisis de pareja en la que ella asume el papel de mujer abandonada, ninguneada sentimentalmente por un marido que le da más importancia a su trabajo que a su esposa y que siempre está ausente. El viraje de la historia se produce sin estridencias, una ruptura que no supone un cambio de tono en el film. En esos momentos la frontera entre el original y la copia se diluye. ¿Qué historia es la original y cual la copia? ¿Cuál es la verdadera y cuál la falsa?

Abbas Kiarostami se aleja de su Irán natal para trabajar por primera vez en Europa y con actores profesionales, aunque cuenta con un cantante de ópera para el protagonista masculino, William Schimell. Su film tiene como referente obvio la película Te querré siempre (Viaggio In Italia, 1954, Roberto Rossellini) en la que Ingrid Bergman y George Sanders formaban un matrimonio apunto de separarse. Pero lejos de comparaciones, la narrativa de Kiarostami en Copia certificada resulta parecerse más a las películas de Alain Resnais en las que no sabemos muy bien qué es real y qué es imaginario dentro de la historia de ficción que estamos contemplando. Por tanto, que importancia tiene la diferencia entre un original y una copia, si es que de verdad hay alguna, como el protagonista, crítico de arte, se empeña en intentar demostrar.

Algunos elementos genuinos de Kiarostami están presentes en el film como son los largos paseos en coche, las carreteras serpenteantes y el naturalismo de las imágenes. Sin embargo, nos encontramos en esta película con algunos rasgos que ya ensayó en films anteriores como Ten (2002) o Shirin (2008). En las secuencias más sentimentales, en las que ella desnuda sus emociones ante su marido, el personaje interpela directamente al espectador y Kiarostami capta su mirada frontalmente convirtiendo tal planificación en la marca de estilo de la película. El experimento consigue excelentes resultados, pues nos hace entrar de lleno en los diferentes estados emocionales de la pareja protagonista. La actuación de Juliette Binoche es memorable, mucho más expresiva que en otros trabajos suyos, la actriz francesa construye un personaje inolvidable, lleno de melancolía por el desamor del que es víctima. William Schimell salva su personaje, pero en muchos momentos está por debajo de la Binoche. Creo que no ha sido una idea acertada confrontar a una gran actriz profesional con un actor principiante, pero sus razones habrá tenido el director iraní.

Sin duda, Copia certificada es una de las películas más estimulantes del año. La secuencia final es extraordinaria, de un gusto inimitable. Kiarostami sigue fiel a su estilo pero con este film ha dado un paso más en su cine reflexivo, elegante y sutil. Seguro que a sus detractores no les convencerá, pero puede que con este trabajo pueda ganar algún adepto más. Yo, desde mi humilde posición, recomiendo este film imprescindible para el que busca en el cine algo más que simple entretenimiento.

9/10

Daniel Muñoz Ruiz

domingo, 31 de octubre de 2010

Che, un hombre nuevo (2010) de Tristán Bauer


Nuevo documental sobre la vida del mítico Che Guevara, realizado en esta ocasión por el director argentino Tristán Bauer. La principal novedad de este documental reside en prescindir de los testimonios de aquéllos que lo conocieron y centrarse en materiales producto de una investigación a conciencia del propio director. Bauer, que ya había hecho otros documentales sobre figuras destacadas de la historia de Argentina como Eva Perón y Julio Cortázar, se acerca a Ernesto Guevara desde la intimidad del hombre, para recorrer el camino que lo llevó a convertirse en líder de la Revolución Cubana, junto a Fidel Castro, y posteriormente en todo un símbolo del movimiento revolucionario en todo el mundo. Sin embargo, el controvertido personaje que es Che Guevara se construye en el trabajo de Bauer como un semidiós al que no se le puede encontrar ningún punto negro, ni siquiera gris. Se nota que Bauer es un profundo admirador del médico y soldado Guevara, pero se echa en falta una visión crítica de su ideología, que como toda ideología puede plegarse a algún tipo de crítica. No, aquí todo es color de rosa.


Sin duda, es muy loable la actitud vital de Guevara, el abandono de una vida burguesa como médico a cambio de luchar por la libertad de los pueblos americanos, pero él no llegó a ver en lo que se ha convertido su lucha. La Cuba actual no sería del agrado del Comandante, ni China, ni Corea del Norte, ni ninguna dictadura que amparándose en el comunismo no da cabida a la libertad, esa libertan en la que tanto creía y por la que tanto luchaba el Che. No es una cuestión de buenos y malos, como puede parecer debido al reduccionismo del documental de situar a los Estados Unidos y a sus presidentes Nixon (bueno, este sí que tenía su lado oscuro y bien oscuro) y Kennedy como los demonios del mundo y al capitalismo como el gran mal del planeta. Personalmente, no soy capitalista ni comunista. Pienso que ambos sistemas tienen sus cosas buenas y sus cosas malas. En lo que sí creo en el derecho del ser humano a decidir y, el régimen Cubano actual, poco tiene que ver con la idea del guerrillero de justicia.


Formalmente nos encontramos ante un documental tradicional, con la excepción de la exclusión de las entrevistas. El material documental es amplio y de bastante interés, algo que hay que agradecer a Bauer y a su tesón por la investigación, como demuestra el descubrimiento de los efectos personales que portaba el Che cuando fue asesinado en Bolivia en 1967. El momento más interesante del film es la visita del propio Bauer a los archivos del ejército boliviano y cómo se las arregla para hacerse con los documentos inéditos hasta ese instante. También resulta emocionante escuchar la cinta que Ernesto Guevara grabó para su esposa antes de partir a Bolivia, en la que la voz del Che parece presagiar lo que le sucederá. Sin duda, el momento más emotivo e íntimo de la película.


Che, un hombre nuevo, no defraudara a los fans del guerrillero, pues es un documental que Bauer ha hecho con el corazón, pero creo que la monótona voz en off y el excesivo metraje del mismo, le restan eficacia a los profanos en la materia como yo.

6/10

Daniel Muñoz Ruiz

lunes, 25 de octubre de 2010

Pan negro (2010) de Agustí Villaronga


El séptimo largometraje del director mallorquín Agustí Villaronga adapta la novela homónima del escritor catalán Emili Teixidor, Pan negro (Pa negre), historia ambientada en la Cataluña rural de postguerra civil. Andreu, un niño del pueblo, encuentra a un amigo suyo exhalando su último suspiro antes de fallecer por las graves heridas provocadas por el “accidente” sufrido junto a su padre. Su última palabra es Pitorliua. El significado de tan enigmática palabra y el sentido que conlleva para los distintos personajes del film irá marcando el ritmo del mismo. En un principio, Andreu marcha a casa de su abuela, pues su padre ha huido a Francia por su condición de rojo acosado por los falangistas y su madre no puede hacerse cargo de él sola. Allí, en la casa que guarda la abuela y su familia, Andreu conocerá a su prima Nuria, que le abrirá su mundo a otras experiencias, incluso a cierto despertar sexual. En esos momentos, Pan negro, parece que va a tratar de Andreu y su vida, pero sin embargo, Villaronga introduce varias historias a la vez sin dejar clara ninguna, lo que crea cierto batiburrillo narrativo.


El director de películas como la extraña Tras el cristal (1987) o la contundente Aro Tolbukhin, en la mente del asesino (2003), nos presenta una obra que abraza los cánones más académicos del cine español, aunque con la diferencia de no sucumbir al servilismo institucional de propagar el catalanismo radical. Uno de los grandes méritos de Pan negro es la fiel ambientación de los espacios (casas, bosques, caminos) de esa Cataluña rural tras la profunda herida causada por el triunfo de los nacionales. También los actores consiguen meternos en la historia, sobre todo los niños, los debutantes Francesc Colomer y Marina Comas, que bordan sus papeles respectivos y ofrecen un amplio abanico de registros que va desde la inocencia a la crueldad, pasando por la inhibición sexual. Unas interpretaciones naturalistas que contrastan con la de los actores, sobre todo los rostros más conocidos como Sergi López, que recuerda a su personaje de El laberinto del fauno (Guillermo del Toro, 2006), o Laia Marull, que resulta un pelín sobreactuada, al igual que los padres del niño, Roger Casamajor y Nora Navas, esta última premiada en San Sebastián, que componen personajes al filo de sobrepasar la fina línea en la que la tragedia se convierte en ridículo. Aún así, estos momentos son puntuales y no echan a perder la película en su conjunto. Quizás el defecto más importante de Pan negro es querer abarcar mucho en una historia que se hubiera adaptado mejor a la sencillez narrativa y a una belleza reflexiva. Pero visto de otro modo, algunos dirán que el aspecto de thriller que adquiere el último tercio del film, con la resolución de la historia de Pitorliua, es atractiva, pero para mí supone una ruptura de tono que pone en peligro la solidez de la obra completa.


Villaronga ha compuesto un trabajo digno en el que enfrenta a los niños con las mentiras de los adultos. Esas mentiras y engaños tienen consecuencias devastadoras en el protagonista, que terminará renegando de su clase para abrazar las promesas de la burguesía.


7/10

Daniel Muñoz Ruiz

martes, 19 de octubre de 2010

La red social (2010) de David Fincher


Confieso que a priori no me interesaba mucho el tema ni la trama de esta película, pero viendo el nombre del director, me intrigó que podía haber hecho David Fincher con él. La historia de La red social está inspirada en un libro de Ben Mezrich, The Accidental Billionaires, que narra el nacimiento de la red social por internet más importante a nivel mundial, Facebook. El invento creado por un par de imberbes estudiantes de Harvard, superdotados indudablemente, se convirtió en tiempo record en un monstruo indómito alimentado por el voraz capitalismo financiero que domina a las llamadas empresas “puntocom”. Más que el proceso en sí mismo, la película se interesa por las personas implicadas en ello, es decir, los amigos Mark Zuckeberg y Eduardo Saverin, cuya profunda relación se ve enturbiada, mejor, masacrada por la ambición económica desmedida. Como siempre se ha dicho, no hay que mezclar amigos y negocios, o por lo menos, no negocios tan importantes. Los nuevos ricos ya no son empresarios, banqueros, brokers o grandes industriales. Son jóvenes informáticos, manipulables por grandes intereses económicos, en medio de los cuales es difícil conservar su personalidad.


El tándem formado por Fincher y Aaron Sorkin (recordemos, creador de la serie El ala oeste de la Casa Blanca) resulta acoplado a la perfección. El guión es magnífico en su estructura y bastante solvente en sus tramas, aunque, como toda película basada en hechos reales, pierde fuerza por resultar previsible. Ante este hándicap, Fincher opta por centrarse en los personajes y aquí entramos en el gran trabajo interpretativo llevado a cabo por el joven y apenas conocido casting, del que hay que destacar por encima de todos a Jesse Eisenberg, al que vimos recientemente en dos películas terminadas en “land”: Advetureland (2009, Greg Mottola) y Bienvenidos a Zombieland (Zombieland, 2009, Ruben Fleischer). Otro dato interesante es que la película no toma partido entre las distintas moralidades de los personajes, incluso con el creador de Napster, Sean Parker (al que da vida el cantante Justin Timberlake), al que hubiera sido muy fácil crucificar por su vida llena de excesos y su carácter de tiburón sin escrúpulos en los negocios.

La película comienza con un ritmo vertiginoso, lleno de diálogos rapidísimos e ingeniosos, que si bien hacen un poco complicado seguirlos para los no angloparlantes, resultan valiosos para ir conociendo el carácter del protagonista. El ritmo del resto mantiene la línea inicial, que no nos da mucho respiro para reflexionar sobre la historia, cosa que, sin duda, ocurrirá tras abandonar la sala. En esto Fincher es un maestro, pues ya lo consiguió con películas como Seven (1995), El club de la lucha (1999) o Zodiac (2007), películas, por otro lado, muy diferentes las unas de las otras. Parece como si Fincher no quisiera ponerse etiquetas, eliminar cualquier redundancia autoral, pero manteniendo un compromiso con su propio estilo visual y narrativo que le lleva a experimentar y moverse entre las fronteras del cine comercial y el cine independiente americano. En la actualidad, junto con Christopher Nolan y, a otro nivel, Quentin Tarantino, forman un conjunto de cineastas comerciales pero revestidos de cierta independencia, que gozan del beneplácito de crítica y público, en contraposición a modelos más minoritarios como pueden ser los casos de David Lynch, Jim Jarmusch o Gus Van Sant. Mainstream de calidad y como reza el slogan publicitario: “No haces 500 millones de amigos sin ganarte algunos enemigos”, dicho que se podía aplicar al cine de David Fincher.

8/10

Daniel Muñoz Ruiz

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Origen (2010) de Christopher Nolan


Las ideas son más destructivas que cualquier arma. Esa es una conclusión que se puede sacar tras ver la última película del director británico Christopher Nolan. Esas ideas que el protagonista de Origen (Inception), Cobb y su equipo pretenden “robar” de las mentes de las incautas víctimas. En un supuesto futuro en el que determinados seres humanos son capaces de introducirse en los sueños de otros para manipular sus mentes a su antojo, Cobb (Leonardo DiCaprio) fracasa en una de las extracciones de ideas y deberá arriesgarse en una complicada misión para la que es contratado a cambio de poder regresar a EE.UU. al lado de sus hijos. Sin embargo, esta vez no se trata de introducirse en los sueños de alguien para sustraer ideas, sino para introducirlas, algo mucho más peligroso que la extracción. En esos momentos nos enteramos del oscuro pasado de Cobb y los motivos que le hacen ser emocionalmente inestable, lo que puede conducir al fracaso de tan importante empresa.

Nolan vuelve a un argumento similar al de su celebrada película Memento (2000), cambiando la memoria por los sueños para crear un mundo en el que realidad y ficción se confunden. El guión está bien trabajado aunque muestra algunos clichés propios de su concepción del cine y sobre todo, se excede en las secuencias de acción (particularmente en el último tercio del film), en un claro intento de buscar adeptos entre el publico más joven, algo que le resta interés a la trama principal. Las grandes dosis de acción ya dieron muy buenos resultados en su film anterior, El caballero oscuro (The Dark Knight, 2010), que reventó taquillas en todo el mundo. Pero si por algo destaca Origen es por su deslumbrante despliegue de efectos especiales que hacen que una gran avenida pueda desdoblarse a sí misma o que una mente privilegiada (en este caso la joven Ellen Page) pueda construir a su antojo todo lo que pueda imaginarse, eso sí, no en el mundo real, solo en el mundo de los sueños. La verdad, viendo esta película pienso en la cantidad de pasta que se habrán gastado en tantos efectos visuales y especiales, algo que confirman la cantidad de personas que trabajaron en los departamentos correspondientes, como en la postproducción, en la que pude leer más de cincuenta nombres. Bueno, dejando al margen estos datos cuantitativos, hay que decir que el tratamiento del espacio cinematográfico (aunque éste sea virtual) es bastante sorprendente y original.

En cuanto al reparto artístico destaca sobre todo Leonardo DiCaprio. Este actor (del que, lo admito, tenía prejuicios) está demostrando a sus casi 36 años que, película tras película, ha adquirido la madurez suficiente para interpretar grandes roles en la gran pantalla. Ya me sorprendió en Revolutionary Road (Sam Mendes, 2008) haciendo de marido desilusionado con su vida y su matrimonio y lo confirmó en Shutter Island (Martin Scorsese) con un personaje traumatizado por sus pasado. En Origen, DiCaprio es el motor de la trama pues todo lo que le ocurre al personaje marca el devenir de los acontecimientos.

Por tanto, y para finalizar podemos decir que Nolan ha conseguido una película notable, un híbrido entre autoría y mainstream, que puede gustar a (casi) todo el mundo.


8/10

Daniel Muñoz Ruiz

viernes, 24 de septiembre de 2010

Contracorriente (2009) de Javier Fuentes-León


Rara vez llegan a España películas procedentes de Perú. De hecho, el éxito, el año pasado, de La teta asustada (2009, Claudia Llosa) ha propiciado que lleguen films peruanos, como en este caso, Contracorriente, la ópera prima del director Javier Fuentes-León y que ha sido seleccionado recientemente para competir por el Oscar representando al país andino.

Contracorriente es la historia de amor secreta entre dos hombres: Miguel, casado y futuro padre, respetado por la pequeña comunidad en la que vive; y Santiago, un pintor bohemio que solía pasar sus vacaciones en la localidad costera. Ambos viven en una situación complicada. Miguel porque no puede revelar su verdadera orientación sexual ante sus amigos y familiares, en los que gobiernan las tradiciones católicas que excluyen cualquier tipo de relaciones que no sean entre un hombre y una mujer. Santiago sufre el desprecio de todo el pueblo que, conscientes de su homosexualidad, no dudan en señalarlo y ridiculizarlo. El mundo en el que viven ambos personajes es bastante cerrado, muy tradicional. Un pueblo costero de Perú en el que todos sus habitantes se conocen y por lo cual, son marginados aquéllos que no comulgan con el modelo católico o los que son diferentes por cuestiones sexuales, como es el caso.

Pero Contracorriente no es sólo un melodrama homosexual. La película peruana contiene un componente fantástico que ya hemos visto en muchas ocasiones a lo largo de la historia del cine y es la aparición de fantasmas. En la película que nos ocupa, la liberación del alma es el hecho imprescindible para dejar definitivamente el mundo de los vivos y penetrar en la otra vida en la que creen casi todas las religiones del mundo. Tras la muerte de Santiago, tendrá que ser Miguel, el encargado de encontrar su cadáver para darle un final liberador y así abandonar el mundo de los vivos en el que se encuentra atrapado. Y es Miguel principalmente el que tiene que llevar a cabo la tarea porque es el único que puede ver a Santiago. Algunos dirían que es el amor que los une el que hace que Miguel sea su ancla en este mundo, pero esto no está del todo reflejado en el film.

Tras un comienzo bastante interesante la película va decayendo y haciéndose muy previsible y sensiblera. Podía haber optado Fuentes-León por ahondar en las relaciones entre la pareja homosexual y la comunidad pero sólo se queda en un esbozo, y lo que más le interesa es el amor entre ellos y la espiritualidad, terreno en el que la película se enfría bastante. Por otra parte, en el apartado artístico, las interpretaciones de los tres actores principales, Manolo Cardona, Cristian Mercado y Tatiana Astengo, aportan gran valor a la película y en el caso de los intérpretes masculinos resultan arriesgadas y atrevidas. También la fotografía le da al film un carácter naturalista que casa bien con la temática del mismo.

Para ser un debutante, Fuentes-León ha construido una historia que, si bien cae en algunos tópicos, es por momentos bella y conmovedora. Parece que el cine peruano también tiene algo que decir.

6/10
Daniel Muñoz Ruiz

viernes, 27 de agosto de 2010

El silencio de Lorna (2008) de Jean-Pierre y Luc Dardenne


El establecimiento de la libre circulación de ciudadanos dentro de la Unión Europea supuso la gran oportunidad para los ciudadanos de países más pobres de marcharse y trabajar en los más ricos, pero eso sí, tenían que ser ciudadanos europeos de pleno derecho. Albania sigue siendo uno de los países más pobres del continente y no pertenece a la Unión. La protagonista de la última película de los hermanos Dardenne (Jean-Pierre y Luc Dardenne) es Lorna (la actriz albanesa Arta Dobroshi), una inmigrante llegada a Bélgica procedente de Albania y cuyo sueño es conseguir el dinero suficiente para montar un pequeño café y dedicarse por completo a él. En pos de esta meta, Lorna no dudará en llegar a un trato con Fabio, un criminal de la mafia, que la hará contraer matrimonio con un drogadicto, Claudy (Jérémie Reiner, el actor fetiche de los Dardenne), un objetivo fácil para poder eliminar después y hacer pasar su muerte como una sobredosis. Tras la desaparición del pobre yonqui, Lorna sufre un proceso de desequilibrio mental y culpabilidad, que unido al hecho de verse forzada a otro matrimonio de conveniencia (esta vez con un mafioso ruso que necesita urgentemente el pasaporte europeo), provocará que su mente enferma distorsione la realidad imaginándose un embarazo que no es tal, e incluso hablándole al bebé nonato que piensa que es fruto de su encuentro sexual con Claudy.


El silencio de Lorna (Le silence de Lorna, 2008) constituye una nueva incursión de los hermanos Dardenne en los problemas sociales de la Europa contemporánea. La marginalidad social ya fue tratada de forma cruda en Rosetta (1999) o El niño (L’Enfant, 2005). Pero en este caso es la inmigración y la vulnerabilidad de los inmigrantes ante las mafias el contexto en el que se desarrolla el film. Sin embargo, El silencio de Lorna es más bien un drama humano sobre los sentimientos, como ocurría con la joven Rosetta, el padre que vende a su hijo en El niño, o el padre que busca al asesino de su hijo en El hijo (Le fils, 2002). El objetivo de los cineastas belgas no es juzgar a sus personajes desde un punto de vista moral. Su distanciamiento en cuanto a ellos, pretende la reflexión del espectador ante la ficción realista de la que están siendo testigos. El estilo documental de los Dardenne continúa presente en El silencio de Lorna, pero encontramos una novedad, pues introducen algunos rasgos de estilo cercanos al thriller y al suspense (la secuencia en la que Lorna es obligada a subirse a un coche sin saber cuál es su destino).


Las películas de los Dardenne tienen algo especial. Estilísticamente no han cambiado, siguen con la cámara al hombro pegada a la piel de sus personajes, los tonos apagados en los paisajes urbanos, el minimalismo sonoro, etc. Pero viendo esta película, que fue galardonada con el premio al mejor guión en el Festival de Cannes 2008, pienso que han perdido la frescura de Rosseta o la profundidad de El hijo o la crudeza de El niño, sus tres anteriores films. El final confuso de El silencio de Lorna así lo demuestra.

7/10


Daniel Muñoz Ruiz

viernes, 20 de agosto de 2010

Two Lovers (2008) de James Gray


Que el cine americano no pasa por sus mejores momentos en cuanto a calidad y originalidad es algo que ya no nos sorprende. Excepto algunos directores de cine indie (como Jarmusch, Lynch o Solondz) o excepciones más comerciales como los Coen, David Fincher, Christopher Nolan o Paul Thomas Anderson, el cine que nos llega de Hollywood carece de la fuerza y la vitalidad de aquellos maravillosos años 70, con los Coppola, Scorsese, Cimino y otros que redefinieron el camino y unieron la comercialidad a la calidad. Dentro del panorama actual James Gray está llamado a ocupar un lugar preferente en lo que podríamos llamar directores “indies-comerciales” de Hollywood. Con su anterior largo, La noche es nuestra (We Own the Night, 2007) ya nos dejó un buen sabor de boca. Con Two Lovers se supera, aunque se trate de una película totalmente distinta al no ser tan de “género” como sus anteriores trabajos. En ésta, su última película hasta la fecha, presentada en Cannes 2008 y que a nosotros nos llega dos años después, Leonard Kraditor (Joaquin Phoenix) es un joven que padece trastorno bipolar y que atraviesa una depresión debido al abandono de su prometida. Desde el comienzo, Gray demuestra su maestría presentándonos a Leonard en un par de secuencias precisas, que nos dan toda la información necesaria. Sus padres quieren que se haga cargo de los negocios familiares y pretenden asociarse con los Cohen, y así Leonard conoce a la hija de los futuros socios, Sandra (Vinessa Shaw), que se enamora de él. Pero la llegada de una enigmática vecina (Gwyneth Paltrow) cuya vida es demasiado complicada, hará que Leonard pierda la cabeza por ella.

Two Lovers es una historia de triángulo amoroso bastante poco convencional. El romanticismo de la película no cae en excesos sentimentales para endulzar las relaciones entre los personajes. Gray se desmarca del género y construye unos roles que huyen de los estereotipos y que resultan verídicos, con especial protagonismo de Leonard, que desde el principio sabemos que nos es estable emocionalmente. Two Lovers destaca por su guión estructurado y por su puesta en escena sobria, sin alardes, que transmite realidad y que consigue llegar al espectador. Joaquin Phoenix, en esta su tercera colaboración con Gray, está impresionante, consigue un personaje extraordinario que se lucha contra su enfermedad y persigue el amor a riego de equivocarse. Gwyneth Paltrow y Vinessa Shaw son las dos mujeres que forman el triángulo amoroso y que también logran interpretaciones destacables, así como Isabella Rossellini o Elias Koteas, con papeles más cortos.

En mi humilde opinión, Two Lovers es una de las mejores películas norteamericanas de los últimos cinco años y su director, James Gray se postula como uno de los grandes dentro del grupo selecto de directores que pueden trabajar en Hollywood y ser creativos al mismo tiempo. Un gran acierto estético y narrativo, con un enorme aporte de los actores, que hacen de este film un oasis dentro del desierto que nos llega en forma de productos comerciales de usar y tirar. Todavía hay esperanza.

9/10

Daniel Muñoz Ruiz

jueves, 29 de julio de 2010

Madres & hijas (2009) de Rodrigo García


Madres & Hijas (Mother & Child) supone el quinto largometraje dirigido por el colombiano Rodrigo García, hijo del famoso escritor Gabriel García Márquez. La película trata el tema de la adopción desde tres puntos de vista que suponen otras tantas historias. Karen (Annette Bening) es una cincuentona traumatizada porque dio en adopción a una niña que tuvo a los 14 años. Elisabeth (Naomi Watts) es esa niña a la que Karen abandonó hace más de 35 años y ahora es una profesional de éxito que valora su independencia sobre todas las cosas. La tercera historia tiene como protagonistas a un joven matrimonio de raza negra que intenta adoptar, presentándosele toda clase de problemas. Rodrigo García vuelve a construir unos personajes femeninos bien definidos psicológicamente pero la grandilocuencia de su forma de narrar estropea el resultado. El autor de Nueve vidas (Nine Lives, 2005) se empeña en construir un relato poderoso dramáticamente y salta de una historia a otra en los clímax, provocando más confusión que claridad. Además, la historia del matrimonio negro parece más un relleno que otra cosa y contiene momentos absurdos como son las exigencias de la chica que va a dar su bebé en adopción.

García pretende ser tan profundo con el tema que trata, que termina pasándose de rosca y convirtiendo Madres & Hijas en un producto digno de sobremesa televisiva para visionar con una caja de kleenex al lado. Todo en su película va en esa dirección, pero resulta bastante sensiblero y hasta ridículo, sobre todo el personaje de Karen, al que nunca te crees a pesar de los esfuerzos de Annette Bening. La historia de Elisabeth es la única que tiene algo de interés pues el personaje y la interpretación de Naomi Watts son bastante buenos. En este sentido, Madres & Hijas recuerda a las películas de Alejandro González Iñárritu. No obstante, el mexicano aparece en los créditos como productor ejecutivo. Pero, a diferencia de Amores perros (2000) o 21 gramos (2003), en el film de García todo parece medido, encorsetado, sin pizca de espontaneidad. Además, el guión flojea cuando recurre a trucos para conectar las diferentes historias y parece querer imitar la escritura de Guillermo Arriaga, pero bastante menos fluidez y gracia.

Lo más atractivo de esta película es el reparto artístico. Además de los ya mencionados, hay que destacar en papeles secundario a Samuel L. Jackson y a Jimmy Smits (al que hacía tiempo que no veía en la gran pantalla). Estos personajes masculinos sirven de apoyo a los femeninos protagonistas, la madre y la hija, que es lo que de verdad le interesa a Rodrigo García. Pero bueno, pienso que habría que ser más exigente con él y que no vale con contarnos unas historias tristes con buena fotografía. Creo que hay que pedirle algo más de sinceridad y menos impostura en su próxima película.

4/10


Daniel Muñoz Ruiz

martes, 27 de julio de 2010

London River (2009) de Rachid Bouchareb


El 7 de julio de 2005 una serie de bombas estallaron en el metro y en algún autobús de Londres. Era el tercer gran atentado cometido por el nuevo terrorismo extremista islámico tras el atentado del World Trade Center de Nueva York y las bombas de los trenes de Madrid. En este punto da comienzo el film del director francés de origen argelino Rachid Bouchareb. Elisabeth Sommers (Brenda Blethyn), una granjera viuda y de mediana edad, que vive en la isla de Guernsey, comienza a preocuparse cuando su hija Jane, una joven estudiante que reside en Londres, no contesta a sus múltiples llamadas. Con el temor en el cuerpo, decide ir a Londres y cuando llega a su casa le comentan que está desaparecida y comienza una desesperada búsqueda, siempre con el miedo de que su hija haya muerto en los terribles atentados. En entonces cuando conocerá datos de la vida de su hija que desconocía completamente y que la dejarán totalmente sorprendida. El destino hará que conozca a Ousmane (Sotigui Kouyaté), un musulmán de origen africano, que vive en Francia y que acude a buscar a su hijo, al que no ve desde hace 15 años y del que nada sabe de su actual vida. Juntos descubrirán poco a poco lo que ha sido de sus respectivos hijos y, tras un primer distanciamiento debido al choque cultural, terminarán unidos ante la adversidad.


London River no es un film sobre el atentado de Londres. Más bien, es una historia sobre las consecuencias del mismo, sobre cómo afrontar la pérdida de seres queridos y, sobre todo, una historia muy humana sobre dos personajes tan diferentes como Elisabeth y Ousmane. La forma de narrar de Bouchareb nos conduce a introducirnos en esta íntima historia sobre dos almas rotas por el dolor, que se encuentran por casualidad y que, en la medida de lo posible, comparte ese dolor. La cruda fotografía y las imágenes de archivo utilizadas para ilustrar el atentado no hacen más que reforzar la inmediatez del film, huyendo de todo esteticismo embellecedor. Pero también London River trata el tema del choque cultural, al enfrentar a una mujer típicamente inglesa con un hombre africano y musulmán, siendo el resultado la aceptación de tales diferencias. En ese aspecto, la película quiere ser moralmente aleccionadora y se pierde un poco, cayendo además en dosis melodramáticas excesivas. Las interpretaciones de los dos protagonistas son el punto fuerte del film. Tanto Brenda Blethyn como Sotigui Kouyaté consiguen un trabajo brillante. La actriz de Secretos y mentiras (Secrets and Lies, Mike Leigh, 1996) desarrolla sus matices dramáticos a lo largo de la historia, contrastando con la sobriedad de la interpretación de Kouyaté, que fue galardonado en el Festival de Berlín por este trabajo.

En definitiva, dejando a un lado los aspectos morales que subyacen a las diferencias culturales, London River resulta un drama muy humano e íntimo, una película pequeña con intención de emocionar al espectador, algo que sin duda consigue.

7/10

Daniel Muñoz Ruiz

viernes, 9 de julio de 2010

Villa Amalia (2009) de Benoit Jacquot


Adaptación de la novela homónima del famoso escritor francés Pascal Quignard (ganador del Premio Goncourt), Villa Amalia comienza con un trayecto en coche en una noche lluviosa. Ann (Isabelle Huppert) ha seguido a su novio Thomas (Xavier Beauvois), con el que lleva más de 15 años, hasta una casa de un barrio de chalets, donde Thomas se encuentra con su amante. Ann presencia cómo Thomas besa a la mujer y acto seguido es sorprendida por Georges (Jean-Hugues Anglade), un amigo de la infancia al que no veía desde hace tiempo. Con estas premisas comienza la película de Benoit Jacquot, que tratará de contarnos la historia del cambio radical que va ha experimentar Ann desde ese momento. Y digo, tratará, pues en el desarrollo narrativo del film quedarán muchas cosas en el tintero. De todas formas, pienso que al director francés no le importaba tanto un guión sincronizado como mostrar el cambio de Ann desde el interior. Y es que Ann rompe con todo: su trabajo como concertista de piano, su novio, su apartamento, su vida completa, y huye a un lugar remoto, Villa Amalia, situada en una isla de Italia, donde pretende convertirse en otra persona. En su nueva condición vital, Ann contará con la complicidad de Georges, aunque un acontecimiento inesperado le hará regresar a Francia y reencontrarse con su padre, que les abandonó siendo ella una niña.


Jacquot se vale de una sobria y directa puesta en escena en la que destacan los silencios y la mostración antes que la narración clásica. Además, el estilo interpretativo de Huppert, capaz de expresarse desde el interior y no desde el exterior como la mayoría de los actores hace, proporciona al personaje de Ann una dimensión compleja y enigmática. Pero a pesar de todo esto, Villa Amalia resulta por momentos absurda, confusa y hasta infantil. La culpa de ello la tiene algunos diálogos y situaciones que no vienen a cuento, como por ejemplo el hecho de que de repente Ann cambia de orientación sexual, cosa que no hay quien se la trague, por mucho que se intente justificar recurriendo a la complejidad del universo femenino que retrata la película. Por tanto, en general, la historia de Ann resulta difícil de creer. Un cambio demasiado radical en busca de uno mismo, que ni en el guión ni en las imágenes está justificado o ni siquiera motivado, es puro azar, y eso es pedirnos demasiado como espectadores. Quizás, si Villa Amalia hubiera tenido una orientación hacia lo fantástico, me lo hubiera creído.


En fin, que la película de Jacquot tiene cosas buenas (puesta en escena, fotografía, Isabelle Huppert) y otras malas (guión, música reiterativa hasta la saciedad, ritmo narrativo), por lo que el resultado para mí no pasa del aceptable. Tampoco pude soportar el documental turístico en el que se convierte la película cuando Ann se instala en Villa Amalia. Son imágenes de gran belleza estética, pero si quisiera ver eso, mejor un documental del canal Viajar o del Discovery Channel.

5/10

Daniel Muñoz Ruiz

domingo, 4 de julio de 2010

Vincere (2009) de Marco Bellocchio



El último film hasta la fecha del veterano director italiano Marco Bellocchio responde a las expectativas que genera su cine. Vincere es un drama biográfico que narra la relación de Benito Mussolini con Ida Dalser, su amante con la que tuvo un hijo ilegítimo. Como en muchas de sus películas, el acercamiento de Bellocchio al relato cinematográfico viene marcado por cuestiones políticas y filosóficas a las que el autor siempre otorga gran importancia. En este caso, nos encontramos con el alzamiento del Fascismo Italiano. La película comienza con un joven e idealista Mussolini que perteneciendo al partido socialista, se enfrenta al mismo y será expulsado. Es cuando conoce a Ida, que deslumbrada por el carácter y la fuerte personalidad del futuro Duce, se enamora perdidamente de él. El hecho de concebir un hijo suyo, hará que Ida pierda la cabeza por el rechazo de Mussolini y a partir de entonces será recluida en varios manicomios. Por tanto, la estructura de la película está bien diferenciada en esos dos bloques narrativos, el primero en el que tiene más peso histórico y el segundo que se centra en la figura de Ida Dalser, desposeída de su hijo y de su libertad, convirtiendo al film en un melodrama abocado al peor de los desenlaces.


El gran valor de Vincere reside en la dirección, el montaje y las interpretaciones. Éstas son sus cartas ganadoras. Vamos una a una. En lo que se refiere a la dirección, Bellocchio, como ya demostró en Buenos días, noche (Boungiorno, notte, 2003), su estilo no busca la representación realista sino que introduce movimientos de cámara, encuadres y hasta títulos, que convierte el film en algo parecido a una ópera de imágenes y sonidos, donde la música tiene un papel más que relevante. No obstante, su ardua labor de puesta en escena fue premiada en su país con el premio David di Donatello. El montaje (la montadora Francesca Calvelli, también fue premiada), no hace otra cosa sino reforzar y cohesionar la apuesta de Bellocchio y encaja muy bien las imágenes documentales en el conjunto de la ficción, así como también se encarga de dotar de ritmo a una película que podía haber cometido el error de mostrarse lenta y contemplativa. Y, finalmente, las interpretaciones de Giovanna Mezzogiorno como Ida Dalser y el doble papel de Filippo Timi como Benito Mussolini y el hijo, Benito Albino Mussolini, resultan la perfecta materialización del gran drama, de las pasiones exaltadas, dos interpretaciones que se enfrentan en una lucha de iguales en la que los dos salen victoriosos.

Para finalizar, reconozco que tenía algún prejuicio ante Vincere porque no me suelen gustar las películas demasiado políticas o demasiado melodramáticas, pero considero que el film de Bellocchio no debería ser incluido en ninguna de las dos categorías. Es una película notable, que narra un capítulo oscuro de la vida de Mussolini y que lo hace sin concesiones, sin atacar gratuitamente al fascismo, cosa que hubiera resultado demasiado fácil para cualquiera. La verdad, de los estrenos que llevamos este año, que está siendo más bien flojito (¿Crisis?), Vincere es de las que merecen la pena.

8/10


Daniel Muñoz Ruiz

miércoles, 2 de junio de 2010

Canino (2009) de Giorgos Lanthimos




Un amigo director de cine (que fue profesor mío de guión) me recomendó ver esta película griega de enigmático título. La verdad es que mi conocimiento sobre la cinematografía de aquel país es bastante pobre, pues se reduce a la obra de Theo Angelopoulos y poco más. Tampoco el nombre del director, Giorgos Lanthimos, me decía nada (se trata de su tercer largo, pero era un verdadero desconocido en España). Con estas premisas me fui a ver Canino y tengo que reconocer que la película me impresionó.


En una casa situada a las afueras de la gran ciudad vive una familia compuesta por padre, madre y tres hijos. Los hijos nunca han salido de la casa y han sido los padres quienes han creado su realidad a base de mentiras y alteraciones del significado de las palabras. Esto hace que, a pesar de haber superado la veintena, los hijos se comportan como niños pequeños, lo que crea situaciones de humor surrealista e hilarante. Sin embargo, resulta aterrador pensar en la situación creada por un padre psicópata que mantiene a sus vástagos al margen de la realidad, unos “niños” manipulados hasta límites que anulan al ser humano y lo acercan al animal (incluso hay momentos de imitación directa a ciertos animales). El padre es el único miembro de la familia que sale del recinto cerrado que habitan. Trabaja para mantener a su familia. Christina, guarda de seguridad en la fábrica donde trabaja el padre, es la única persona del exterior que accede a la casa, siempre vigilada por el padre y preservando el secreto. Su misión, aliviar las necesidades sexuales del hijo varón y servir de confidente y amiga de las hijas. Todo comenzará a cambiar cuando Christina incumple las “reglas” y altera la tranquilidad de la singular vida familiar que llevaban hasta ese momento.


Resulta inevitable acordarse de la historia real del austriaco Josef Fritzl, en la que no voy a entrar en detalles. Pero la historia de Canino es diferente. El estilo narrativo de Lanthimos no da tregua al espectador, pues se apoya en planos cerrados y curiosas angulaciones que dirigen la mirada y un ritmo pausado que en determinados momentos es cortado de golpe por arrebatos de violencia pura y dura. En este aspecto, nos puede recordar al cine de Michael Haneke en la forma de representar la violencia, tan alejada de la violencia como espectáculo de la que somos testigos en el cine de Hollywood.


Otro aspecto destacable en el film son las interpretaciones. El elenco artístico brilla a gran nivel, destacando los actores que interpretan los papeles del padre y de la hija mayor. Actores todos, poco o nada conocidos fuera de las fronteras griegas pero que, seguramente hubieran sido elogiados internacionalmente de tratarse de una película con más repercusión comercial. Eso sí, la carrera de la película en los festivales de cine no pasó desapercibida, obteniendo el premio de Un Certain Regard en Cannes y varios premios importantes en Montreal, Sitges, Dublín, Sarajevo y Estocolmo. En definitiva, Canino es una propuesta fresca y arriesgada del cine europeo actual. Una de esas películas que plantean desafíos al espectador y que te deja, permítaseme la expresión, un poco “tocado”.

8/10

Daniel Muñoz Ruiz

jueves, 13 de mayo de 2010

El escritor (2010) de Roman Polanski


El escritor es la traducción que ha recibido en España el último film de Roman Polanski, titulado The Ghost Writer. Ese concepto de “escritor fantasma” es lo que conocemos popularmente por el concepto de “negro” cuando nos referimos a alguien que escribe en nombre de otro. Y eso es precisamente a lo que se dedica el protagonista de la película, el “negro” o el “escritor fantasma” (interpretado por Ewan McGregor), como ustedes quieran, a través del cual vamos a ser testigos de un thriller interesante que poco tiene de político, aunque a todos se nos viene a la cabeza la figura de Tony Blair al ver la película.


La película comienza con un cadáver tirado en una playa en pleno temporal. Poco después sabremos que se trataba del “negro” que escribía las memorias de Adam Lang (Pierce Brosnan), ex-Primer Ministro británico. Para sustituirle, contratan al joven escritor al que se refiere el título del film, que se dedicará a investigar las oscuras circunstancias de la muerte de su predecesor y el misterioso pasado de Adam Lang. Desde estas premisas, Roman Polanski construye una solvente película de intriga al estilo de Alfred Hitchcock, donde nada es lo que parece. De hecho, el personaje de Ewan McGregor se puede identificar con el Kaplan de Con la muerte en los talones (1959), aquel que hiciera Cary Grant. El director franco-polaco saca buen partido de la historia por medio de una puesta en escena calculada para meterse en el bolsillo al espectador. La ambientación, en esa isla que carece de una climatología benévola, por decirlo suavemente, así como los planos carentes de profundidad de campo en la casa de los Lang. El escritor es una película oscura en cuanto a iluminación (no vemos lucir el sol en ningún momento), pero no en cuanto a derroche de golpes de efecto (en el sentido positivo del término). El director de Chinatown (1974) no pretende realizar un film político, no le interesa la política, que ocupa un segundo plano en la historia. Lo que de verdad preocupa a Polanski es la intensidad de la intriga, del misterio que pretende desvelar el escritor.


Sin embargo, a mi modo de ver, el guión flaquea un poco. El best seller de Richard Harris (El poder en la sombra) es adaptado a la pantalla por él mismo y Polanski, hecho que a priori resulta alentador, pero que visto el resultado final, no alcanza los resultados que prometía. Me explico, la película parece que va a ser de una forma y termina de otra. El final es simplón, algo previsible y, a pesar de la maestría que demuestra Polanski en la última secuencia, deja la sensación que la urgencia por concluir la historia le ha hecho tomar el camino más sencillo. Esto no quiere decir que sea una mala película, ni mucho menos. El escritor es un gran thriller con rasgos clásicos y envoltura moderna, que se aleja de los desvaríos psicologistas y va al grano en lo narrativo, consiguiendo mantener la atención del espectador, pero sin llegar a ser un film memorable como El pianista (2002) o Chinatown (1974).


7/10

Daniel Muñoz Ruiz

jueves, 6 de mayo de 2010

Fish Tank (2009) de Andrea Arnold


El segundo largometraje de la directora británica Andrea Arnold vuelve a tener un personaje femenino como protagonista absoluto. Si en Red Road (2006), la protagonista era una joven obsesionada con hombre, representada tal obsesión a través de la experiencia voyeurista por medio de las cámaras de vigilancia CCTV. En Fish Tank, Mia, el personaje protagonista, es una adolescente de 15 años que vive en crisis permanente con el mundo que le rodea (madre, amigas, hermana…) y sólo encontrará dos válvulas de escape: el baile y el nuevo novio de su madre. Sin embargo, su relación con Connor, el novio de su madre, es desde el principio una relación imposible, destinada a fracasar. A través de Mia, la directora nos sumerge en la vida de una adolescente de familia desestructurada del suburbio de Essex, pero que bien podría ser cualquier barrio de clase trabajadora del mundo occidental, pues los problemas de este tipo de adolescente en la actualidad conocen una globalización parecida a la que se está dando en muchos otros aspectos de la vida contemporánea. El hip-hip que escucha Mia es el mismo que escuchan millones de chicas de grandes ciudades y que supone toda una subcultura popular del adolescente contemporáneo.

La forma de utilizar la cámara de Andrea Arnold es algo peculiar y quizás por eso se alzó con el Premio del Jurado en el pasado Festival de Cannes. La cámara sigue en todo momento a Mia, casi no la deja respirar y apenas observamos el entorno del personaje, nada más que lo que ella nos permite adivinar. Su mundo interior en conflicto constante presenta los típicos altibajos y en la parte central del film se hacen un poco monótonos pues parece que va a caer en el más burdo melodrama, aunque la última media hora recupera el pulso dramático por medio de un giro de la trama, al modo del guión clásico hollywoodiense, a pesar de que Fish Tank no tenga nada de “clásico”. La resolución de la película es bastante inteligente y no cae en tentaciones melodramáticas. Además la manera de dirigir de Arnold es fresca y dinámica y la actuación de la debutante Katie Jarvis dando vida a Mia es sobresaliente. Sin embargo, ciertas situaciones forzadas del guión hacen que la película no sea del todo redonda.

Fish Tank puede emparentarse con la tradición del cine social británico que comenzó con los nuevos cines de los 60 y prosiguió con directores como Ken Loach o Mike Leigh, pero en el fondo no es cine social puro, porque lo que de verdad le interesa a la directora es contar la historia individual de Mia y no la de cierta clase social o la familia disfuncional. Simplemente es el retrato de la adolescente que se enfrenta a la vida sin los suficientes apoyos externos. Este segundo largometraje de Andrea Arnold la confirma como una de las directoras a tener en cuenta en el panorama del nuevo cine europeo independiente y nos hace pensar que sus próximas entregas serán de calidad. No hay que perderla de vista.



7/10


Daniel Muñoz Ruiz

lunes, 19 de abril de 2010

Soul Kitchen (2009) de Fatih Akin



El director alemán de origen turco, Fatih Akin, se adentra en la comedia con su nueva película. Aunque ya en Im July (2000) podíamos encontrar elementos de comedia, fue el guión que firmó con otros colaboradores para la película Kebab Connection (2004, Anno Saul). Este film, que fue estrenado en España en 2006 y pasó sin pena ni gloria, resultaba ser una interpretación libre del Romeo y Julieta de William Shakespeare, que tenía dos restaurantes (uno turco y otro griego) como espacios de la trama, en el mismo Hamburgo en el que vuelve a situarse Akin. Soul Kitchen es el nombre del restaurante de Zinos (Adam Bousdoukos, que también firma con Akin el guión), situado a las afueras y que sirve lo que podíamos llamar comida “basura”. Los contratiempos se van acumulando en su vida: su novia se marcha a trabajar a China, su hermano sale de la cárcel y acude a él para gorronearle, el cocinero que ha contratado es un genio muy problemático y un antiguo compañero del colegio, ahora promotor inmobiliario, le presiona para que venda el local. A partir de ahí, Akin construye un relato clásico en el que el protagonista irá pasando por momentos buenos, malos y muy malos, para terminar en el happy ending de tradición hollywoodiense. No es que critique que la película termine bien, pues los finales de los dramas de Akin como Contra la pared (2004) o Al otro lado (2007) concluían con un tono esperanzado. Simplemente me cuesta creer que el director haya sucumbido a la comercialidad autocomplaciente en detrimento de la historia.


Esto no quiere decir que nos encontremos ante una mala película. Ni mucho menos. Soul Kitchen da lo que promete: entretenimiento y buena música. Los personajes resultan atractivos y el elenco artístico está bien dirigido, pues son colaboradores habituales del director turco-alemán: Moritz Bleibtreu, Birol Ünel, Catrin Striebeck y el ya mencionado Adam Bousdoukos, ya aparecieron en sus films anteriores. La música también representa un papel principal en la película. Encontramos en Soul Kitchen música de todo tipo, jazz, funk, soul, baladas, punk-rock y hasta música tradicional griega y turca. Y es que Akin es un melómano reconocido como ya demostró con su documental Cruzando el puente: Los sonidos de Estambul (2005). De nuevo, como en todos sus films, la mezcla cultural es otro de sus temas. En esta ocasión no trata a los turcos en Alemania sino a los griegos, pero es lo mismo, es la misma cara de una Europa multicultural.


Aunque haya algunos rasgos de estilo que no me gusten, como el abuso del gran angular, visualmente el film resulta muy depurado gracias a la fotografía de otro habitual en el cine de Akin, Rainer Klausmann y el montaje de su colaborador de siempre, Andrew Bird, es bastante loable. En general, Soul Kitchen es una película que se deja ver, que entretiene sin más pretensiones, pero que está lejos de ese punto de inflexión que supuso Contra la pared en la filmografía de Fatih Akin. Eso sí, el film se alzó con el Premio Especial del Jurado en la Mostra de Venecia 2009, certificando el idilio que mantiene el director con los grandes festivales de cine, pues ya había cosechado premios en Berlin y Cannes con trabajos anteriores. Soul Kitchen no es un paso atrás en su cine. Es más bien un paso en otra dirección.




7/10


Daniel Muñoz Ruiz

miércoles, 14 de abril de 2010

La isla interior (2009) de Dunia Ayaso y Félix Sabroso



La primera reacción que provoca esta película es la sorpresa. Sorprendente resulta cómo va cambiando el tono de la película y que detrás de ella estén Dunia Ayaso y Félix Sabroso, que siempre habían destacado en la comedia, como Descongélate (2003). En La isla interior los personajes viven bajo la tiranía de la enfermedad mental, de la esquizofrenia que padece el padre (Celso Bugallo), que ha marcado sus vidas y dirige sus destinos en el momento presente. Tres hermanos, un profesor de instituto enamorado de una alumna, una actriz de segunda y una limpiadora que se ha enrollado con el marido del matrimonio para el que trabaja. El intento de suicidio del padre los vuelve a juntar en la casa familiar, en la que la madre (Geraldine Chaplin) intenta sin conseguirlo que todos se lleven bien. Pero es que esta familia esconde más de lo que muestra, cómo dice la cita del principio de la película, que bien podría ser su sinopsis.



Mediante un prolongado flash-back que ocupa casi todo el metraje, Ayaso y Sabroso nos proponen adentrarnos en una familia totalmente disfuncional, siempre bajo la sospecha de la posible locura hereditaria. Uno por uno, son presentados los personajes con brocha gorda, tomando la distancia necesaria para no compadecerse de ellos. A estas alturas, después de algunos momentos que te sacan una carcajada, el film adquiere un tono severo y cortante. Las grandes interpretaciones de los tres hermanos, Coral, Victoria y Martín (Candela Peña, Cristina Marcos y sobre todo un Alberto San Juan en, quizás, su mejor papel hasta ahora) logran convertir a la isla interior en un relato desgarrado sobre el aislamiento humano, el dolor interior al que probablemente se refiera el título, esa isla interior de los personajes y en la que se recluyen voluntariamente para hacerse daño a sí mismos. Los diálogos escritos por Ayaso y Sabroso también están a la altura de los personajes sin ser pretenciosos, resultan sinceros y directos, como en la escena en la que Coral y Martín hablan en la playa y él le cuenta cómo se siente, dice algo así como que todo el tiempo piensa que está a punto de perder el control y su hermana le contesta que la mitad del mundo se siente así y la otra mitad ya ha perdido el control. Este diálogo, aunque un tanto tremendista, refleja lo agridulce de la película, en la que el personaje de Coral parece el más “normal”.



Aire fresco para el cine español, que puede presumir de esta película en lugar de los últimos éxitos de taquilla, que hay que reconocer, no le hacen ningún favor a nuestra cinematografía. Quizás esta película no hará un taquillazo, pero deja el listón del cine español bien alto. Dentro de su todavía corta filmografía, La isla interior es, sin duda, la mejor película del tándem Ayaso-Sabroso, que promete seguir dando buenas películas a nuestro cine.

8/10

Daniel Muñoz Ruiz

viernes, 19 de marzo de 2010

Shutter Island (2010) de Martin Scorsese


Acercarse a un nuevo trabajo del maestro Martin Scorsese siempre crea ciertas expectativas en el espectador. Más aún, cuando en la última década ha tratado un tipo de historias a las que no nos tenía acostumbrados, exceptuando su oscarizado Infiltrados (The Departed, 2006), que se alzó con el reconocimiento de Hollywood como si se tratara del pago de una deuda con el gran director italoamericano. En su nuevo film, Shutter Island (2010), Scorsese nos sumerge en una trama claustrofóbica ambientada en una isla que nada tiene que envidiar a Alcatraz, en la que son recluidos peligrosos delincuentes con trastornos mentales muy severos. Teddy Daniels (Leonardo DiCaprio, nuevamente cómplice de Scorsese) es una agente judicial que es enviado a la institución mental de máxima seguridad para investigar la fuga de una de sus reclusas/pacientes. Presentado el conflicto de manera ejemplar, dominando el relato clásico del cine hollywoodiense, Scorsese hace avanzar su película ambiciosamente, planteando retos al espectador que tiene que ser capaz de desentrañar lo que está viendo para distinguir entre la realidad y la alucinación. Y es este carácter alucinatorio, fantástico, el punto fuerte del film, pues los intentos de Scorsese por reforzar la verosimilitud del relato son exitosos solo al 50%. Me explico, en algunas escenas de la película correspondientes a sueños y alucinaciones claros, alcanza su objetivo, pero en otros momentos que, mejor no comentar porque destriparía la película para quienes no la hayan visto, Scorsese duda, se pierde y solo consigue crear confusión, que si fuera intencionada, estaría bien. En ciertos momentos quiere jugar a ser David Lynch y lo logra, pero en otros, claramente fracasa en el intento. Ese halo misterioso, irreal, está presente desde el comienzo de la película con un plano en blanco, el blanco de una densa niebla que lentamente se disipa y nos deja ver un ferry navegando hacia la isla.

Contrariamente a sus anteriores trabajos, en este film, Scorsese no construye su mirada a través de espectaculares movimientos de cámara o alardes en el montaje. Shutter Island se basa en la sencillez de su puesta en escena y en la sobriedad de las interpretaciones de sus protagonistas (Mark Ruffalo, Ben Kingsley, Max Von Sydow y el papel principal de Leonardo DiCaprio). No encontramos aquí grandes movimientos de cámara, pero algunos son muy destacables como un largo travelling en una escena de fusilamiento, uno de los planos más brillantes y estremecedores que he visto últimamente. También hay que destacar la espléndida dirección artística y la dirección de fotografía de sus colaborador habitual desde Casino (1995), Robert Richardson (colaborador también de otros “pesos pesados” como Quentin Tarantino y Oliver Stone).

Sin embargo, y a pesar de sus propias declaraciones, Scorsese parece quedarse a medio camino entre sus deseos de experimentación y sus deberes comerciales con la maquinaria de Hollywood. Lástima que no hubiera ido más allá, pero en la realidad del cine actual y los grandes presupuestos, puede que el resultado final sea el máximo posible dentro del cine comercial.

7/10

Daniel Muñoz Ruiz

jueves, 11 de marzo de 2010

El corredor nocturno (2009) de Gerardo Herrero


Que Gerardo Herrero es una de las figuras más importantes del cine español actual está fuera de toda duda. Es un gran productor, responsable de grandes películas como Martín (Hache) (Adolfo Aristarain, 1997), En la ciudad (Cesc Gay, 2003) o el reciente éxito hispano-argentino, El secreto de sus ojos (Juan José Campanella, 2009), por medio de su empresa Tornasol. Pero su carrera como director deja mucho que desear. En ella, encontramos alguna película interesante como Territorio Comanche (1997) o Los aires difíciles (2006), que conviven con bastantes películas fallidas como El lugar donde estuvo el paraíso (2002) o El misterio Galíndez (2003). Ahora bien, ¿dónde colocar su última película como director? El corredor nocturno es la adaptación de una novela, casi siempre las películas de Herrero lo son. Una novela, obra del escritor Hugo Burel, que a priori parece interesante pero que traducido a un negligente guión y en las manos de Herrero, se torna una película vacía, aburrida e intranscendente. La historia del acoso psicológico sufrido por un joven ejecutivo de éxito (Leonardo Sbaraglia) por parte de un personaje misterioso que aparece en su vida de forma accidental (Miguel Ángel Solá) podría haber dado de sí mucho más, y no convertirse en una especie de thriller psicológico ambientado en las altas esferas empresariales y que tiene como moraleja la corrupción del ser humano por culpa del poder. Algo muy visto y que con la dirección de Herrero, no aporta nada sustancial.

Una pena lo de los actores, Sbaraglia y Solá, que dirigidos nefastamente por Herrero, logran estar muy por debajo de su nivel, incluso Leonardo Sbaraglia roza el ridículo en muchos momentos. Papeles como este son los que pueden acabar con una brillante carrera. Solá sale menos perjudicado. Incluso hay escenas en las que está a muy buen nivel y se come literalmente al pobre Sbaraglia. Tampoco ayuda nada el guión, obra de Nicolás Saad, que resulta bastante previsible y falto de tensión. Además el final es de los peores que he visto en mucho tiempo, con una suspensión del relato totalmente pretenciosa. Pocas cosas se pueden decir a favor de esta peli, que se va destruyendo a sí misma a medida que avanza. Una pena, pues con otros cineastas hubiera salido un film bastante interesante.

No es por meterme con Gerardo Herrero, del que ya he dicho que es un magnífico productor, pero es que su cine como director es cada vez peor, más aburrido y desechable. Incluso en muchos momentos, esta película me recordó al peor Vicente Aranda, haciendo de sus peores películas como La mirada del otro (1998) o Canciones de amor en el Lolita’s club (2007), obras más interesantes que la de la presente crítica. La verdad, el cine español no se merece esto. Que subvencionen proyectos como éste dejando en el limbo películas de jóvenes cineastas mucho más interesante, debería de estar prohibido. Menos mal que todavía se atisba una esperanza dentro del cine patrio con películas como Celda 211 de Daniel Monzón, After de Alberto Rodríguez, o Los abrazos rotos de Pedro Almodóvar, que a mí sí me gustó y creo que es el único director veterano que se mantiene en forma, porque los últimos trabajos de Garci, Trueba, Aranda, Bigas Luna y otros más jóvenes como Coixet, Medem o Amenábar, han dejado mucho que desear. Veremos qué nos depara el 2010, a priori con interesante regresos como el de Fernando León de Aranoa, Icíar Bollaín y Álex de la Iglesia.

2/10

Daniel Muñoz Ruiz

domingo, 7 de marzo de 2010

Un profeta (2009) de Jacques Audiard


“Un profeta es la historia de un hombre que llega a una posición que nunca habría alcanzado de no haber estado en prisión, lo que encierra una paradoja, que es lo que me interesa tratar. En cierto sentido, Un profeta es una película moral. Malik es un delincuente que odia a los delincuentes, no tolera excesos”. Estas palabras de Jacques Audiard sobre su propia obra, pueden servirnos para situar el discurso que pretende crear su director, articulado sobre un personaje (Malik), que si bien es un delincuente de 19 años que ha sido condenado a seis años entre rejas, que no sabe ni leer ni escribir, y que tiene todas las papeletas para convertirse en un convicto crónico, desarrolla a lo largo del film una conciencia moral que lo convierte en un personaje altamente atractivo para el espectador. Muy débil y asustado, Malik El Djebena (sensacional interpretación del debutante Tahar Rahim) cae en las garras de la mafia corsa que domina la prisión, y en especial, de su cabecilla César Luciani (gran actuación también del veterano Niels Arestrup), que lo convertirá en su arma ejecutora, en su sicario favorito. Pero la conciencia de Malik no le deja tranquilo y tendrá continuas visiones del fantasma de su primera víctima en la penitenciaría, que lo perseguirá durante todo el relato. Sin embargo, Malik es un alumno aventajado y muy inteligente, que utilizará sus permisos carcelarios para hacer sus propios negocios, tanto con la mafia árabe, a la que debería pertenecer por origen, como con los italianos rivales de los corsos, adquiriendo así un nuevo status en el universo de la delincuencia organizada.

La larga tradición francesa del “Polar” es recuperada por Audiard en una película cuya fuerza (mucha fuerza) reside en la puesta en escena. El gran guión co-escrito con Thomas Bidegain, dosifica a la perfección los elementos del género negro al que se suscribe el film. Hay ecos de grandes nombres del polar francés como Melville, Becker y Miller, pero también un tratamiento desmitificador y extremadamente realista del crimen organizado, que emparenta a Un profeta con filmes como Gomorra (Matteo Garrone, 2008) o las pelis de Guy Ritchie (Lock and Stock, Snatch, Rock’n’Rolla), este último sin su premeditada comercialidad en el tratamiento, que a grandes films de mafiosos como El padrino (1972, Francis Ford Coppola) o Godfellas (1990, Martin Scorsese). Además, Un profeta pertenece al subgénero de thriller carcelario, poco frecuente en el cine europeo y francés en particular, exceptuando la maravillosa Un condenado a muerte se ha escapado (1956, Robert Bresson), que la acerca al reciente éxito del cine español, Celda 211(2009, Daniel Monzón). En este sentido, los personajes interpretados por Tahar Rahim, en la primera y, el “Malamadre” de Luis Tosar en la segunda, son dos reversos del delincuente tipo, dos extremos psicológicos que representan el mismo mundo de la cárcel desde dos perspectivas radicalmente opuestas.


Jacques Audiard, que destacó con películas como Un héroe muy discreto (1996), Lee mis labios (2001) y De latir, mi corazón se ha parado (2005), no muy conocidas en España, consigue con Un profeta (2009), su película más madura, más redonda, un alarde de dominio de los tiempos, la narración y el lenguaje cinematográfico, así como una buena y sutil dirección de actores. No en vano, el jurado del pasado Festival de Cannes le concedió su Gran Premio, hecho a tener en cuenta, pues no es normal que una película de “género” tan definida como ésta, logre convencer a los miembros del jurado del festival de cine más prestigioso del mundo. ¡Bravo por Audiard!

9/10

Daniel Muñoz Ruiz