Translate

viernes, 19 de marzo de 2010

Shutter Island (2010) de Martin Scorsese


Acercarse a un nuevo trabajo del maestro Martin Scorsese siempre crea ciertas expectativas en el espectador. Más aún, cuando en la última década ha tratado un tipo de historias a las que no nos tenía acostumbrados, exceptuando su oscarizado Infiltrados (The Departed, 2006), que se alzó con el reconocimiento de Hollywood como si se tratara del pago de una deuda con el gran director italoamericano. En su nuevo film, Shutter Island (2010), Scorsese nos sumerge en una trama claustrofóbica ambientada en una isla que nada tiene que envidiar a Alcatraz, en la que son recluidos peligrosos delincuentes con trastornos mentales muy severos. Teddy Daniels (Leonardo DiCaprio, nuevamente cómplice de Scorsese) es una agente judicial que es enviado a la institución mental de máxima seguridad para investigar la fuga de una de sus reclusas/pacientes. Presentado el conflicto de manera ejemplar, dominando el relato clásico del cine hollywoodiense, Scorsese hace avanzar su película ambiciosamente, planteando retos al espectador que tiene que ser capaz de desentrañar lo que está viendo para distinguir entre la realidad y la alucinación. Y es este carácter alucinatorio, fantástico, el punto fuerte del film, pues los intentos de Scorsese por reforzar la verosimilitud del relato son exitosos solo al 50%. Me explico, en algunas escenas de la película correspondientes a sueños y alucinaciones claros, alcanza su objetivo, pero en otros momentos que, mejor no comentar porque destriparía la película para quienes no la hayan visto, Scorsese duda, se pierde y solo consigue crear confusión, que si fuera intencionada, estaría bien. En ciertos momentos quiere jugar a ser David Lynch y lo logra, pero en otros, claramente fracasa en el intento. Ese halo misterioso, irreal, está presente desde el comienzo de la película con un plano en blanco, el blanco de una densa niebla que lentamente se disipa y nos deja ver un ferry navegando hacia la isla.

Contrariamente a sus anteriores trabajos, en este film, Scorsese no construye su mirada a través de espectaculares movimientos de cámara o alardes en el montaje. Shutter Island se basa en la sencillez de su puesta en escena y en la sobriedad de las interpretaciones de sus protagonistas (Mark Ruffalo, Ben Kingsley, Max Von Sydow y el papel principal de Leonardo DiCaprio). No encontramos aquí grandes movimientos de cámara, pero algunos son muy destacables como un largo travelling en una escena de fusilamiento, uno de los planos más brillantes y estremecedores que he visto últimamente. También hay que destacar la espléndida dirección artística y la dirección de fotografía de sus colaborador habitual desde Casino (1995), Robert Richardson (colaborador también de otros “pesos pesados” como Quentin Tarantino y Oliver Stone).

Sin embargo, y a pesar de sus propias declaraciones, Scorsese parece quedarse a medio camino entre sus deseos de experimentación y sus deberes comerciales con la maquinaria de Hollywood. Lástima que no hubiera ido más allá, pero en la realidad del cine actual y los grandes presupuestos, puede que el resultado final sea el máximo posible dentro del cine comercial.

7/10

Daniel Muñoz Ruiz

jueves, 11 de marzo de 2010

El corredor nocturno (2009) de Gerardo Herrero


Que Gerardo Herrero es una de las figuras más importantes del cine español actual está fuera de toda duda. Es un gran productor, responsable de grandes películas como Martín (Hache) (Adolfo Aristarain, 1997), En la ciudad (Cesc Gay, 2003) o el reciente éxito hispano-argentino, El secreto de sus ojos (Juan José Campanella, 2009), por medio de su empresa Tornasol. Pero su carrera como director deja mucho que desear. En ella, encontramos alguna película interesante como Territorio Comanche (1997) o Los aires difíciles (2006), que conviven con bastantes películas fallidas como El lugar donde estuvo el paraíso (2002) o El misterio Galíndez (2003). Ahora bien, ¿dónde colocar su última película como director? El corredor nocturno es la adaptación de una novela, casi siempre las películas de Herrero lo son. Una novela, obra del escritor Hugo Burel, que a priori parece interesante pero que traducido a un negligente guión y en las manos de Herrero, se torna una película vacía, aburrida e intranscendente. La historia del acoso psicológico sufrido por un joven ejecutivo de éxito (Leonardo Sbaraglia) por parte de un personaje misterioso que aparece en su vida de forma accidental (Miguel Ángel Solá) podría haber dado de sí mucho más, y no convertirse en una especie de thriller psicológico ambientado en las altas esferas empresariales y que tiene como moraleja la corrupción del ser humano por culpa del poder. Algo muy visto y que con la dirección de Herrero, no aporta nada sustancial.

Una pena lo de los actores, Sbaraglia y Solá, que dirigidos nefastamente por Herrero, logran estar muy por debajo de su nivel, incluso Leonardo Sbaraglia roza el ridículo en muchos momentos. Papeles como este son los que pueden acabar con una brillante carrera. Solá sale menos perjudicado. Incluso hay escenas en las que está a muy buen nivel y se come literalmente al pobre Sbaraglia. Tampoco ayuda nada el guión, obra de Nicolás Saad, que resulta bastante previsible y falto de tensión. Además el final es de los peores que he visto en mucho tiempo, con una suspensión del relato totalmente pretenciosa. Pocas cosas se pueden decir a favor de esta peli, que se va destruyendo a sí misma a medida que avanza. Una pena, pues con otros cineastas hubiera salido un film bastante interesante.

No es por meterme con Gerardo Herrero, del que ya he dicho que es un magnífico productor, pero es que su cine como director es cada vez peor, más aburrido y desechable. Incluso en muchos momentos, esta película me recordó al peor Vicente Aranda, haciendo de sus peores películas como La mirada del otro (1998) o Canciones de amor en el Lolita’s club (2007), obras más interesantes que la de la presente crítica. La verdad, el cine español no se merece esto. Que subvencionen proyectos como éste dejando en el limbo películas de jóvenes cineastas mucho más interesante, debería de estar prohibido. Menos mal que todavía se atisba una esperanza dentro del cine patrio con películas como Celda 211 de Daniel Monzón, After de Alberto Rodríguez, o Los abrazos rotos de Pedro Almodóvar, que a mí sí me gustó y creo que es el único director veterano que se mantiene en forma, porque los últimos trabajos de Garci, Trueba, Aranda, Bigas Luna y otros más jóvenes como Coixet, Medem o Amenábar, han dejado mucho que desear. Veremos qué nos depara el 2010, a priori con interesante regresos como el de Fernando León de Aranoa, Icíar Bollaín y Álex de la Iglesia.

2/10

Daniel Muñoz Ruiz

domingo, 7 de marzo de 2010

Un profeta (2009) de Jacques Audiard


“Un profeta es la historia de un hombre que llega a una posición que nunca habría alcanzado de no haber estado en prisión, lo que encierra una paradoja, que es lo que me interesa tratar. En cierto sentido, Un profeta es una película moral. Malik es un delincuente que odia a los delincuentes, no tolera excesos”. Estas palabras de Jacques Audiard sobre su propia obra, pueden servirnos para situar el discurso que pretende crear su director, articulado sobre un personaje (Malik), que si bien es un delincuente de 19 años que ha sido condenado a seis años entre rejas, que no sabe ni leer ni escribir, y que tiene todas las papeletas para convertirse en un convicto crónico, desarrolla a lo largo del film una conciencia moral que lo convierte en un personaje altamente atractivo para el espectador. Muy débil y asustado, Malik El Djebena (sensacional interpretación del debutante Tahar Rahim) cae en las garras de la mafia corsa que domina la prisión, y en especial, de su cabecilla César Luciani (gran actuación también del veterano Niels Arestrup), que lo convertirá en su arma ejecutora, en su sicario favorito. Pero la conciencia de Malik no le deja tranquilo y tendrá continuas visiones del fantasma de su primera víctima en la penitenciaría, que lo perseguirá durante todo el relato. Sin embargo, Malik es un alumno aventajado y muy inteligente, que utilizará sus permisos carcelarios para hacer sus propios negocios, tanto con la mafia árabe, a la que debería pertenecer por origen, como con los italianos rivales de los corsos, adquiriendo así un nuevo status en el universo de la delincuencia organizada.

La larga tradición francesa del “Polar” es recuperada por Audiard en una película cuya fuerza (mucha fuerza) reside en la puesta en escena. El gran guión co-escrito con Thomas Bidegain, dosifica a la perfección los elementos del género negro al que se suscribe el film. Hay ecos de grandes nombres del polar francés como Melville, Becker y Miller, pero también un tratamiento desmitificador y extremadamente realista del crimen organizado, que emparenta a Un profeta con filmes como Gomorra (Matteo Garrone, 2008) o las pelis de Guy Ritchie (Lock and Stock, Snatch, Rock’n’Rolla), este último sin su premeditada comercialidad en el tratamiento, que a grandes films de mafiosos como El padrino (1972, Francis Ford Coppola) o Godfellas (1990, Martin Scorsese). Además, Un profeta pertenece al subgénero de thriller carcelario, poco frecuente en el cine europeo y francés en particular, exceptuando la maravillosa Un condenado a muerte se ha escapado (1956, Robert Bresson), que la acerca al reciente éxito del cine español, Celda 211(2009, Daniel Monzón). En este sentido, los personajes interpretados por Tahar Rahim, en la primera y, el “Malamadre” de Luis Tosar en la segunda, son dos reversos del delincuente tipo, dos extremos psicológicos que representan el mismo mundo de la cárcel desde dos perspectivas radicalmente opuestas.


Jacques Audiard, que destacó con películas como Un héroe muy discreto (1996), Lee mis labios (2001) y De latir, mi corazón se ha parado (2005), no muy conocidas en España, consigue con Un profeta (2009), su película más madura, más redonda, un alarde de dominio de los tiempos, la narración y el lenguaje cinematográfico, así como una buena y sutil dirección de actores. No en vano, el jurado del pasado Festival de Cannes le concedió su Gran Premio, hecho a tener en cuenta, pues no es normal que una película de “género” tan definida como ésta, logre convencer a los miembros del jurado del festival de cine más prestigioso del mundo. ¡Bravo por Audiard!

9/10

Daniel Muñoz Ruiz