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domingo, 7 de marzo de 2010

Un profeta (2009) de Jacques Audiard


“Un profeta es la historia de un hombre que llega a una posición que nunca habría alcanzado de no haber estado en prisión, lo que encierra una paradoja, que es lo que me interesa tratar. En cierto sentido, Un profeta es una película moral. Malik es un delincuente que odia a los delincuentes, no tolera excesos”. Estas palabras de Jacques Audiard sobre su propia obra, pueden servirnos para situar el discurso que pretende crear su director, articulado sobre un personaje (Malik), que si bien es un delincuente de 19 años que ha sido condenado a seis años entre rejas, que no sabe ni leer ni escribir, y que tiene todas las papeletas para convertirse en un convicto crónico, desarrolla a lo largo del film una conciencia moral que lo convierte en un personaje altamente atractivo para el espectador. Muy débil y asustado, Malik El Djebena (sensacional interpretación del debutante Tahar Rahim) cae en las garras de la mafia corsa que domina la prisión, y en especial, de su cabecilla César Luciani (gran actuación también del veterano Niels Arestrup), que lo convertirá en su arma ejecutora, en su sicario favorito. Pero la conciencia de Malik no le deja tranquilo y tendrá continuas visiones del fantasma de su primera víctima en la penitenciaría, que lo perseguirá durante todo el relato. Sin embargo, Malik es un alumno aventajado y muy inteligente, que utilizará sus permisos carcelarios para hacer sus propios negocios, tanto con la mafia árabe, a la que debería pertenecer por origen, como con los italianos rivales de los corsos, adquiriendo así un nuevo status en el universo de la delincuencia organizada.

La larga tradición francesa del “Polar” es recuperada por Audiard en una película cuya fuerza (mucha fuerza) reside en la puesta en escena. El gran guión co-escrito con Thomas Bidegain, dosifica a la perfección los elementos del género negro al que se suscribe el film. Hay ecos de grandes nombres del polar francés como Melville, Becker y Miller, pero también un tratamiento desmitificador y extremadamente realista del crimen organizado, que emparenta a Un profeta con filmes como Gomorra (Matteo Garrone, 2008) o las pelis de Guy Ritchie (Lock and Stock, Snatch, Rock’n’Rolla), este último sin su premeditada comercialidad en el tratamiento, que a grandes films de mafiosos como El padrino (1972, Francis Ford Coppola) o Godfellas (1990, Martin Scorsese). Además, Un profeta pertenece al subgénero de thriller carcelario, poco frecuente en el cine europeo y francés en particular, exceptuando la maravillosa Un condenado a muerte se ha escapado (1956, Robert Bresson), que la acerca al reciente éxito del cine español, Celda 211(2009, Daniel Monzón). En este sentido, los personajes interpretados por Tahar Rahim, en la primera y, el “Malamadre” de Luis Tosar en la segunda, son dos reversos del delincuente tipo, dos extremos psicológicos que representan el mismo mundo de la cárcel desde dos perspectivas radicalmente opuestas.


Jacques Audiard, que destacó con películas como Un héroe muy discreto (1996), Lee mis labios (2001) y De latir, mi corazón se ha parado (2005), no muy conocidas en España, consigue con Un profeta (2009), su película más madura, más redonda, un alarde de dominio de los tiempos, la narración y el lenguaje cinematográfico, así como una buena y sutil dirección de actores. No en vano, el jurado del pasado Festival de Cannes le concedió su Gran Premio, hecho a tener en cuenta, pues no es normal que una película de “género” tan definida como ésta, logre convencer a los miembros del jurado del festival de cine más prestigioso del mundo. ¡Bravo por Audiard!

9/10

Daniel Muñoz Ruiz

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