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lunes, 19 de abril de 2010

Soul Kitchen (2009) de Fatih Akin



El director alemán de origen turco, Fatih Akin, se adentra en la comedia con su nueva película. Aunque ya en Im July (2000) podíamos encontrar elementos de comedia, fue el guión que firmó con otros colaboradores para la película Kebab Connection (2004, Anno Saul). Este film, que fue estrenado en España en 2006 y pasó sin pena ni gloria, resultaba ser una interpretación libre del Romeo y Julieta de William Shakespeare, que tenía dos restaurantes (uno turco y otro griego) como espacios de la trama, en el mismo Hamburgo en el que vuelve a situarse Akin. Soul Kitchen es el nombre del restaurante de Zinos (Adam Bousdoukos, que también firma con Akin el guión), situado a las afueras y que sirve lo que podíamos llamar comida “basura”. Los contratiempos se van acumulando en su vida: su novia se marcha a trabajar a China, su hermano sale de la cárcel y acude a él para gorronearle, el cocinero que ha contratado es un genio muy problemático y un antiguo compañero del colegio, ahora promotor inmobiliario, le presiona para que venda el local. A partir de ahí, Akin construye un relato clásico en el que el protagonista irá pasando por momentos buenos, malos y muy malos, para terminar en el happy ending de tradición hollywoodiense. No es que critique que la película termine bien, pues los finales de los dramas de Akin como Contra la pared (2004) o Al otro lado (2007) concluían con un tono esperanzado. Simplemente me cuesta creer que el director haya sucumbido a la comercialidad autocomplaciente en detrimento de la historia.


Esto no quiere decir que nos encontremos ante una mala película. Ni mucho menos. Soul Kitchen da lo que promete: entretenimiento y buena música. Los personajes resultan atractivos y el elenco artístico está bien dirigido, pues son colaboradores habituales del director turco-alemán: Moritz Bleibtreu, Birol Ünel, Catrin Striebeck y el ya mencionado Adam Bousdoukos, ya aparecieron en sus films anteriores. La música también representa un papel principal en la película. Encontramos en Soul Kitchen música de todo tipo, jazz, funk, soul, baladas, punk-rock y hasta música tradicional griega y turca. Y es que Akin es un melómano reconocido como ya demostró con su documental Cruzando el puente: Los sonidos de Estambul (2005). De nuevo, como en todos sus films, la mezcla cultural es otro de sus temas. En esta ocasión no trata a los turcos en Alemania sino a los griegos, pero es lo mismo, es la misma cara de una Europa multicultural.


Aunque haya algunos rasgos de estilo que no me gusten, como el abuso del gran angular, visualmente el film resulta muy depurado gracias a la fotografía de otro habitual en el cine de Akin, Rainer Klausmann y el montaje de su colaborador de siempre, Andrew Bird, es bastante loable. En general, Soul Kitchen es una película que se deja ver, que entretiene sin más pretensiones, pero que está lejos de ese punto de inflexión que supuso Contra la pared en la filmografía de Fatih Akin. Eso sí, el film se alzó con el Premio Especial del Jurado en la Mostra de Venecia 2009, certificando el idilio que mantiene el director con los grandes festivales de cine, pues ya había cosechado premios en Berlin y Cannes con trabajos anteriores. Soul Kitchen no es un paso atrás en su cine. Es más bien un paso en otra dirección.




7/10


Daniel Muñoz Ruiz

miércoles, 14 de abril de 2010

La isla interior (2009) de Dunia Ayaso y Félix Sabroso



La primera reacción que provoca esta película es la sorpresa. Sorprendente resulta cómo va cambiando el tono de la película y que detrás de ella estén Dunia Ayaso y Félix Sabroso, que siempre habían destacado en la comedia, como Descongélate (2003). En La isla interior los personajes viven bajo la tiranía de la enfermedad mental, de la esquizofrenia que padece el padre (Celso Bugallo), que ha marcado sus vidas y dirige sus destinos en el momento presente. Tres hermanos, un profesor de instituto enamorado de una alumna, una actriz de segunda y una limpiadora que se ha enrollado con el marido del matrimonio para el que trabaja. El intento de suicidio del padre los vuelve a juntar en la casa familiar, en la que la madre (Geraldine Chaplin) intenta sin conseguirlo que todos se lleven bien. Pero es que esta familia esconde más de lo que muestra, cómo dice la cita del principio de la película, que bien podría ser su sinopsis.



Mediante un prolongado flash-back que ocupa casi todo el metraje, Ayaso y Sabroso nos proponen adentrarnos en una familia totalmente disfuncional, siempre bajo la sospecha de la posible locura hereditaria. Uno por uno, son presentados los personajes con brocha gorda, tomando la distancia necesaria para no compadecerse de ellos. A estas alturas, después de algunos momentos que te sacan una carcajada, el film adquiere un tono severo y cortante. Las grandes interpretaciones de los tres hermanos, Coral, Victoria y Martín (Candela Peña, Cristina Marcos y sobre todo un Alberto San Juan en, quizás, su mejor papel hasta ahora) logran convertir a la isla interior en un relato desgarrado sobre el aislamiento humano, el dolor interior al que probablemente se refiera el título, esa isla interior de los personajes y en la que se recluyen voluntariamente para hacerse daño a sí mismos. Los diálogos escritos por Ayaso y Sabroso también están a la altura de los personajes sin ser pretenciosos, resultan sinceros y directos, como en la escena en la que Coral y Martín hablan en la playa y él le cuenta cómo se siente, dice algo así como que todo el tiempo piensa que está a punto de perder el control y su hermana le contesta que la mitad del mundo se siente así y la otra mitad ya ha perdido el control. Este diálogo, aunque un tanto tremendista, refleja lo agridulce de la película, en la que el personaje de Coral parece el más “normal”.



Aire fresco para el cine español, que puede presumir de esta película en lugar de los últimos éxitos de taquilla, que hay que reconocer, no le hacen ningún favor a nuestra cinematografía. Quizás esta película no hará un taquillazo, pero deja el listón del cine español bien alto. Dentro de su todavía corta filmografía, La isla interior es, sin duda, la mejor película del tándem Ayaso-Sabroso, que promete seguir dando buenas películas a nuestro cine.

8/10

Daniel Muñoz Ruiz