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jueves, 6 de mayo de 2010

Fish Tank (2009) de Andrea Arnold


El segundo largometraje de la directora británica Andrea Arnold vuelve a tener un personaje femenino como protagonista absoluto. Si en Red Road (2006), la protagonista era una joven obsesionada con hombre, representada tal obsesión a través de la experiencia voyeurista por medio de las cámaras de vigilancia CCTV. En Fish Tank, Mia, el personaje protagonista, es una adolescente de 15 años que vive en crisis permanente con el mundo que le rodea (madre, amigas, hermana…) y sólo encontrará dos válvulas de escape: el baile y el nuevo novio de su madre. Sin embargo, su relación con Connor, el novio de su madre, es desde el principio una relación imposible, destinada a fracasar. A través de Mia, la directora nos sumerge en la vida de una adolescente de familia desestructurada del suburbio de Essex, pero que bien podría ser cualquier barrio de clase trabajadora del mundo occidental, pues los problemas de este tipo de adolescente en la actualidad conocen una globalización parecida a la que se está dando en muchos otros aspectos de la vida contemporánea. El hip-hip que escucha Mia es el mismo que escuchan millones de chicas de grandes ciudades y que supone toda una subcultura popular del adolescente contemporáneo.

La forma de utilizar la cámara de Andrea Arnold es algo peculiar y quizás por eso se alzó con el Premio del Jurado en el pasado Festival de Cannes. La cámara sigue en todo momento a Mia, casi no la deja respirar y apenas observamos el entorno del personaje, nada más que lo que ella nos permite adivinar. Su mundo interior en conflicto constante presenta los típicos altibajos y en la parte central del film se hacen un poco monótonos pues parece que va a caer en el más burdo melodrama, aunque la última media hora recupera el pulso dramático por medio de un giro de la trama, al modo del guión clásico hollywoodiense, a pesar de que Fish Tank no tenga nada de “clásico”. La resolución de la película es bastante inteligente y no cae en tentaciones melodramáticas. Además la manera de dirigir de Arnold es fresca y dinámica y la actuación de la debutante Katie Jarvis dando vida a Mia es sobresaliente. Sin embargo, ciertas situaciones forzadas del guión hacen que la película no sea del todo redonda.

Fish Tank puede emparentarse con la tradición del cine social británico que comenzó con los nuevos cines de los 60 y prosiguió con directores como Ken Loach o Mike Leigh, pero en el fondo no es cine social puro, porque lo que de verdad le interesa a la directora es contar la historia individual de Mia y no la de cierta clase social o la familia disfuncional. Simplemente es el retrato de la adolescente que se enfrenta a la vida sin los suficientes apoyos externos. Este segundo largometraje de Andrea Arnold la confirma como una de las directoras a tener en cuenta en el panorama del nuevo cine europeo independiente y nos hace pensar que sus próximas entregas serán de calidad. No hay que perderla de vista.



7/10


Daniel Muñoz Ruiz

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