Translate

miércoles, 2 de junio de 2010

Canino (2009) de Giorgos Lanthimos




Un amigo director de cine (que fue profesor mío de guión) me recomendó ver esta película griega de enigmático título. La verdad es que mi conocimiento sobre la cinematografía de aquel país es bastante pobre, pues se reduce a la obra de Theo Angelopoulos y poco más. Tampoco el nombre del director, Giorgos Lanthimos, me decía nada (se trata de su tercer largo, pero era un verdadero desconocido en España). Con estas premisas me fui a ver Canino y tengo que reconocer que la película me impresionó.


En una casa situada a las afueras de la gran ciudad vive una familia compuesta por padre, madre y tres hijos. Los hijos nunca han salido de la casa y han sido los padres quienes han creado su realidad a base de mentiras y alteraciones del significado de las palabras. Esto hace que, a pesar de haber superado la veintena, los hijos se comportan como niños pequeños, lo que crea situaciones de humor surrealista e hilarante. Sin embargo, resulta aterrador pensar en la situación creada por un padre psicópata que mantiene a sus vástagos al margen de la realidad, unos “niños” manipulados hasta límites que anulan al ser humano y lo acercan al animal (incluso hay momentos de imitación directa a ciertos animales). El padre es el único miembro de la familia que sale del recinto cerrado que habitan. Trabaja para mantener a su familia. Christina, guarda de seguridad en la fábrica donde trabaja el padre, es la única persona del exterior que accede a la casa, siempre vigilada por el padre y preservando el secreto. Su misión, aliviar las necesidades sexuales del hijo varón y servir de confidente y amiga de las hijas. Todo comenzará a cambiar cuando Christina incumple las “reglas” y altera la tranquilidad de la singular vida familiar que llevaban hasta ese momento.


Resulta inevitable acordarse de la historia real del austriaco Josef Fritzl, en la que no voy a entrar en detalles. Pero la historia de Canino es diferente. El estilo narrativo de Lanthimos no da tregua al espectador, pues se apoya en planos cerrados y curiosas angulaciones que dirigen la mirada y un ritmo pausado que en determinados momentos es cortado de golpe por arrebatos de violencia pura y dura. En este aspecto, nos puede recordar al cine de Michael Haneke en la forma de representar la violencia, tan alejada de la violencia como espectáculo de la que somos testigos en el cine de Hollywood.


Otro aspecto destacable en el film son las interpretaciones. El elenco artístico brilla a gran nivel, destacando los actores que interpretan los papeles del padre y de la hija mayor. Actores todos, poco o nada conocidos fuera de las fronteras griegas pero que, seguramente hubieran sido elogiados internacionalmente de tratarse de una película con más repercusión comercial. Eso sí, la carrera de la película en los festivales de cine no pasó desapercibida, obteniendo el premio de Un Certain Regard en Cannes y varios premios importantes en Montreal, Sitges, Dublín, Sarajevo y Estocolmo. En definitiva, Canino es una propuesta fresca y arriesgada del cine europeo actual. Una de esas películas que plantean desafíos al espectador y que te deja, permítaseme la expresión, un poco “tocado”.

8/10

Daniel Muñoz Ruiz