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jueves, 29 de julio de 2010

Madres & hijas (2009) de Rodrigo García


Madres & Hijas (Mother & Child) supone el quinto largometraje dirigido por el colombiano Rodrigo García, hijo del famoso escritor Gabriel García Márquez. La película trata el tema de la adopción desde tres puntos de vista que suponen otras tantas historias. Karen (Annette Bening) es una cincuentona traumatizada porque dio en adopción a una niña que tuvo a los 14 años. Elisabeth (Naomi Watts) es esa niña a la que Karen abandonó hace más de 35 años y ahora es una profesional de éxito que valora su independencia sobre todas las cosas. La tercera historia tiene como protagonistas a un joven matrimonio de raza negra que intenta adoptar, presentándosele toda clase de problemas. Rodrigo García vuelve a construir unos personajes femeninos bien definidos psicológicamente pero la grandilocuencia de su forma de narrar estropea el resultado. El autor de Nueve vidas (Nine Lives, 2005) se empeña en construir un relato poderoso dramáticamente y salta de una historia a otra en los clímax, provocando más confusión que claridad. Además, la historia del matrimonio negro parece más un relleno que otra cosa y contiene momentos absurdos como son las exigencias de la chica que va a dar su bebé en adopción.

García pretende ser tan profundo con el tema que trata, que termina pasándose de rosca y convirtiendo Madres & Hijas en un producto digno de sobremesa televisiva para visionar con una caja de kleenex al lado. Todo en su película va en esa dirección, pero resulta bastante sensiblero y hasta ridículo, sobre todo el personaje de Karen, al que nunca te crees a pesar de los esfuerzos de Annette Bening. La historia de Elisabeth es la única que tiene algo de interés pues el personaje y la interpretación de Naomi Watts son bastante buenos. En este sentido, Madres & Hijas recuerda a las películas de Alejandro González Iñárritu. No obstante, el mexicano aparece en los créditos como productor ejecutivo. Pero, a diferencia de Amores perros (2000) o 21 gramos (2003), en el film de García todo parece medido, encorsetado, sin pizca de espontaneidad. Además, el guión flojea cuando recurre a trucos para conectar las diferentes historias y parece querer imitar la escritura de Guillermo Arriaga, pero bastante menos fluidez y gracia.

Lo más atractivo de esta película es el reparto artístico. Además de los ya mencionados, hay que destacar en papeles secundario a Samuel L. Jackson y a Jimmy Smits (al que hacía tiempo que no veía en la gran pantalla). Estos personajes masculinos sirven de apoyo a los femeninos protagonistas, la madre y la hija, que es lo que de verdad le interesa a Rodrigo García. Pero bueno, pienso que habría que ser más exigente con él y que no vale con contarnos unas historias tristes con buena fotografía. Creo que hay que pedirle algo más de sinceridad y menos impostura en su próxima película.

4/10


Daniel Muñoz Ruiz

martes, 27 de julio de 2010

London River (2009) de Rachid Bouchareb


El 7 de julio de 2005 una serie de bombas estallaron en el metro y en algún autobús de Londres. Era el tercer gran atentado cometido por el nuevo terrorismo extremista islámico tras el atentado del World Trade Center de Nueva York y las bombas de los trenes de Madrid. En este punto da comienzo el film del director francés de origen argelino Rachid Bouchareb. Elisabeth Sommers (Brenda Blethyn), una granjera viuda y de mediana edad, que vive en la isla de Guernsey, comienza a preocuparse cuando su hija Jane, una joven estudiante que reside en Londres, no contesta a sus múltiples llamadas. Con el temor en el cuerpo, decide ir a Londres y cuando llega a su casa le comentan que está desaparecida y comienza una desesperada búsqueda, siempre con el miedo de que su hija haya muerto en los terribles atentados. En entonces cuando conocerá datos de la vida de su hija que desconocía completamente y que la dejarán totalmente sorprendida. El destino hará que conozca a Ousmane (Sotigui Kouyaté), un musulmán de origen africano, que vive en Francia y que acude a buscar a su hijo, al que no ve desde hace 15 años y del que nada sabe de su actual vida. Juntos descubrirán poco a poco lo que ha sido de sus respectivos hijos y, tras un primer distanciamiento debido al choque cultural, terminarán unidos ante la adversidad.


London River no es un film sobre el atentado de Londres. Más bien, es una historia sobre las consecuencias del mismo, sobre cómo afrontar la pérdida de seres queridos y, sobre todo, una historia muy humana sobre dos personajes tan diferentes como Elisabeth y Ousmane. La forma de narrar de Bouchareb nos conduce a introducirnos en esta íntima historia sobre dos almas rotas por el dolor, que se encuentran por casualidad y que, en la medida de lo posible, comparte ese dolor. La cruda fotografía y las imágenes de archivo utilizadas para ilustrar el atentado no hacen más que reforzar la inmediatez del film, huyendo de todo esteticismo embellecedor. Pero también London River trata el tema del choque cultural, al enfrentar a una mujer típicamente inglesa con un hombre africano y musulmán, siendo el resultado la aceptación de tales diferencias. En ese aspecto, la película quiere ser moralmente aleccionadora y se pierde un poco, cayendo además en dosis melodramáticas excesivas. Las interpretaciones de los dos protagonistas son el punto fuerte del film. Tanto Brenda Blethyn como Sotigui Kouyaté consiguen un trabajo brillante. La actriz de Secretos y mentiras (Secrets and Lies, Mike Leigh, 1996) desarrolla sus matices dramáticos a lo largo de la historia, contrastando con la sobriedad de la interpretación de Kouyaté, que fue galardonado en el Festival de Berlín por este trabajo.

En definitiva, dejando a un lado los aspectos morales que subyacen a las diferencias culturales, London River resulta un drama muy humano e íntimo, una película pequeña con intención de emocionar al espectador, algo que sin duda consigue.

7/10

Daniel Muñoz Ruiz

viernes, 9 de julio de 2010

Villa Amalia (2009) de Benoit Jacquot


Adaptación de la novela homónima del famoso escritor francés Pascal Quignard (ganador del Premio Goncourt), Villa Amalia comienza con un trayecto en coche en una noche lluviosa. Ann (Isabelle Huppert) ha seguido a su novio Thomas (Xavier Beauvois), con el que lleva más de 15 años, hasta una casa de un barrio de chalets, donde Thomas se encuentra con su amante. Ann presencia cómo Thomas besa a la mujer y acto seguido es sorprendida por Georges (Jean-Hugues Anglade), un amigo de la infancia al que no veía desde hace tiempo. Con estas premisas comienza la película de Benoit Jacquot, que tratará de contarnos la historia del cambio radical que va ha experimentar Ann desde ese momento. Y digo, tratará, pues en el desarrollo narrativo del film quedarán muchas cosas en el tintero. De todas formas, pienso que al director francés no le importaba tanto un guión sincronizado como mostrar el cambio de Ann desde el interior. Y es que Ann rompe con todo: su trabajo como concertista de piano, su novio, su apartamento, su vida completa, y huye a un lugar remoto, Villa Amalia, situada en una isla de Italia, donde pretende convertirse en otra persona. En su nueva condición vital, Ann contará con la complicidad de Georges, aunque un acontecimiento inesperado le hará regresar a Francia y reencontrarse con su padre, que les abandonó siendo ella una niña.


Jacquot se vale de una sobria y directa puesta en escena en la que destacan los silencios y la mostración antes que la narración clásica. Además, el estilo interpretativo de Huppert, capaz de expresarse desde el interior y no desde el exterior como la mayoría de los actores hace, proporciona al personaje de Ann una dimensión compleja y enigmática. Pero a pesar de todo esto, Villa Amalia resulta por momentos absurda, confusa y hasta infantil. La culpa de ello la tiene algunos diálogos y situaciones que no vienen a cuento, como por ejemplo el hecho de que de repente Ann cambia de orientación sexual, cosa que no hay quien se la trague, por mucho que se intente justificar recurriendo a la complejidad del universo femenino que retrata la película. Por tanto, en general, la historia de Ann resulta difícil de creer. Un cambio demasiado radical en busca de uno mismo, que ni en el guión ni en las imágenes está justificado o ni siquiera motivado, es puro azar, y eso es pedirnos demasiado como espectadores. Quizás, si Villa Amalia hubiera tenido una orientación hacia lo fantástico, me lo hubiera creído.


En fin, que la película de Jacquot tiene cosas buenas (puesta en escena, fotografía, Isabelle Huppert) y otras malas (guión, música reiterativa hasta la saciedad, ritmo narrativo), por lo que el resultado para mí no pasa del aceptable. Tampoco pude soportar el documental turístico en el que se convierte la película cuando Ann se instala en Villa Amalia. Son imágenes de gran belleza estética, pero si quisiera ver eso, mejor un documental del canal Viajar o del Discovery Channel.

5/10

Daniel Muñoz Ruiz

domingo, 4 de julio de 2010

Vincere (2009) de Marco Bellocchio



El último film hasta la fecha del veterano director italiano Marco Bellocchio responde a las expectativas que genera su cine. Vincere es un drama biográfico que narra la relación de Benito Mussolini con Ida Dalser, su amante con la que tuvo un hijo ilegítimo. Como en muchas de sus películas, el acercamiento de Bellocchio al relato cinematográfico viene marcado por cuestiones políticas y filosóficas a las que el autor siempre otorga gran importancia. En este caso, nos encontramos con el alzamiento del Fascismo Italiano. La película comienza con un joven e idealista Mussolini que perteneciendo al partido socialista, se enfrenta al mismo y será expulsado. Es cuando conoce a Ida, que deslumbrada por el carácter y la fuerte personalidad del futuro Duce, se enamora perdidamente de él. El hecho de concebir un hijo suyo, hará que Ida pierda la cabeza por el rechazo de Mussolini y a partir de entonces será recluida en varios manicomios. Por tanto, la estructura de la película está bien diferenciada en esos dos bloques narrativos, el primero en el que tiene más peso histórico y el segundo que se centra en la figura de Ida Dalser, desposeída de su hijo y de su libertad, convirtiendo al film en un melodrama abocado al peor de los desenlaces.


El gran valor de Vincere reside en la dirección, el montaje y las interpretaciones. Éstas son sus cartas ganadoras. Vamos una a una. En lo que se refiere a la dirección, Bellocchio, como ya demostró en Buenos días, noche (Boungiorno, notte, 2003), su estilo no busca la representación realista sino que introduce movimientos de cámara, encuadres y hasta títulos, que convierte el film en algo parecido a una ópera de imágenes y sonidos, donde la música tiene un papel más que relevante. No obstante, su ardua labor de puesta en escena fue premiada en su país con el premio David di Donatello. El montaje (la montadora Francesca Calvelli, también fue premiada), no hace otra cosa sino reforzar y cohesionar la apuesta de Bellocchio y encaja muy bien las imágenes documentales en el conjunto de la ficción, así como también se encarga de dotar de ritmo a una película que podía haber cometido el error de mostrarse lenta y contemplativa. Y, finalmente, las interpretaciones de Giovanna Mezzogiorno como Ida Dalser y el doble papel de Filippo Timi como Benito Mussolini y el hijo, Benito Albino Mussolini, resultan la perfecta materialización del gran drama, de las pasiones exaltadas, dos interpretaciones que se enfrentan en una lucha de iguales en la que los dos salen victoriosos.

Para finalizar, reconozco que tenía algún prejuicio ante Vincere porque no me suelen gustar las películas demasiado políticas o demasiado melodramáticas, pero considero que el film de Bellocchio no debería ser incluido en ninguna de las dos categorías. Es una película notable, que narra un capítulo oscuro de la vida de Mussolini y que lo hace sin concesiones, sin atacar gratuitamente al fascismo, cosa que hubiera resultado demasiado fácil para cualquiera. La verdad, de los estrenos que llevamos este año, que está siendo más bien flojito (¿Crisis?), Vincere es de las que merecen la pena.

8/10


Daniel Muñoz Ruiz