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viernes, 9 de julio de 2010

Villa Amalia (2009) de Benoit Jacquot


Adaptación de la novela homónima del famoso escritor francés Pascal Quignard (ganador del Premio Goncourt), Villa Amalia comienza con un trayecto en coche en una noche lluviosa. Ann (Isabelle Huppert) ha seguido a su novio Thomas (Xavier Beauvois), con el que lleva más de 15 años, hasta una casa de un barrio de chalets, donde Thomas se encuentra con su amante. Ann presencia cómo Thomas besa a la mujer y acto seguido es sorprendida por Georges (Jean-Hugues Anglade), un amigo de la infancia al que no veía desde hace tiempo. Con estas premisas comienza la película de Benoit Jacquot, que tratará de contarnos la historia del cambio radical que va ha experimentar Ann desde ese momento. Y digo, tratará, pues en el desarrollo narrativo del film quedarán muchas cosas en el tintero. De todas formas, pienso que al director francés no le importaba tanto un guión sincronizado como mostrar el cambio de Ann desde el interior. Y es que Ann rompe con todo: su trabajo como concertista de piano, su novio, su apartamento, su vida completa, y huye a un lugar remoto, Villa Amalia, situada en una isla de Italia, donde pretende convertirse en otra persona. En su nueva condición vital, Ann contará con la complicidad de Georges, aunque un acontecimiento inesperado le hará regresar a Francia y reencontrarse con su padre, que les abandonó siendo ella una niña.


Jacquot se vale de una sobria y directa puesta en escena en la que destacan los silencios y la mostración antes que la narración clásica. Además, el estilo interpretativo de Huppert, capaz de expresarse desde el interior y no desde el exterior como la mayoría de los actores hace, proporciona al personaje de Ann una dimensión compleja y enigmática. Pero a pesar de todo esto, Villa Amalia resulta por momentos absurda, confusa y hasta infantil. La culpa de ello la tiene algunos diálogos y situaciones que no vienen a cuento, como por ejemplo el hecho de que de repente Ann cambia de orientación sexual, cosa que no hay quien se la trague, por mucho que se intente justificar recurriendo a la complejidad del universo femenino que retrata la película. Por tanto, en general, la historia de Ann resulta difícil de creer. Un cambio demasiado radical en busca de uno mismo, que ni en el guión ni en las imágenes está justificado o ni siquiera motivado, es puro azar, y eso es pedirnos demasiado como espectadores. Quizás, si Villa Amalia hubiera tenido una orientación hacia lo fantástico, me lo hubiera creído.


En fin, que la película de Jacquot tiene cosas buenas (puesta en escena, fotografía, Isabelle Huppert) y otras malas (guión, música reiterativa hasta la saciedad, ritmo narrativo), por lo que el resultado para mí no pasa del aceptable. Tampoco pude soportar el documental turístico en el que se convierte la película cuando Ann se instala en Villa Amalia. Son imágenes de gran belleza estética, pero si quisiera ver eso, mejor un documental del canal Viajar o del Discovery Channel.

5/10

Daniel Muñoz Ruiz

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