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viernes, 27 de agosto de 2010

El silencio de Lorna (2008) de Jean-Pierre y Luc Dardenne


El establecimiento de la libre circulación de ciudadanos dentro de la Unión Europea supuso la gran oportunidad para los ciudadanos de países más pobres de marcharse y trabajar en los más ricos, pero eso sí, tenían que ser ciudadanos europeos de pleno derecho. Albania sigue siendo uno de los países más pobres del continente y no pertenece a la Unión. La protagonista de la última película de los hermanos Dardenne (Jean-Pierre y Luc Dardenne) es Lorna (la actriz albanesa Arta Dobroshi), una inmigrante llegada a Bélgica procedente de Albania y cuyo sueño es conseguir el dinero suficiente para montar un pequeño café y dedicarse por completo a él. En pos de esta meta, Lorna no dudará en llegar a un trato con Fabio, un criminal de la mafia, que la hará contraer matrimonio con un drogadicto, Claudy (Jérémie Reiner, el actor fetiche de los Dardenne), un objetivo fácil para poder eliminar después y hacer pasar su muerte como una sobredosis. Tras la desaparición del pobre yonqui, Lorna sufre un proceso de desequilibrio mental y culpabilidad, que unido al hecho de verse forzada a otro matrimonio de conveniencia (esta vez con un mafioso ruso que necesita urgentemente el pasaporte europeo), provocará que su mente enferma distorsione la realidad imaginándose un embarazo que no es tal, e incluso hablándole al bebé nonato que piensa que es fruto de su encuentro sexual con Claudy.


El silencio de Lorna (Le silence de Lorna, 2008) constituye una nueva incursión de los hermanos Dardenne en los problemas sociales de la Europa contemporánea. La marginalidad social ya fue tratada de forma cruda en Rosetta (1999) o El niño (L’Enfant, 2005). Pero en este caso es la inmigración y la vulnerabilidad de los inmigrantes ante las mafias el contexto en el que se desarrolla el film. Sin embargo, El silencio de Lorna es más bien un drama humano sobre los sentimientos, como ocurría con la joven Rosetta, el padre que vende a su hijo en El niño, o el padre que busca al asesino de su hijo en El hijo (Le fils, 2002). El objetivo de los cineastas belgas no es juzgar a sus personajes desde un punto de vista moral. Su distanciamiento en cuanto a ellos, pretende la reflexión del espectador ante la ficción realista de la que están siendo testigos. El estilo documental de los Dardenne continúa presente en El silencio de Lorna, pero encontramos una novedad, pues introducen algunos rasgos de estilo cercanos al thriller y al suspense (la secuencia en la que Lorna es obligada a subirse a un coche sin saber cuál es su destino).


Las películas de los Dardenne tienen algo especial. Estilísticamente no han cambiado, siguen con la cámara al hombro pegada a la piel de sus personajes, los tonos apagados en los paisajes urbanos, el minimalismo sonoro, etc. Pero viendo esta película, que fue galardonada con el premio al mejor guión en el Festival de Cannes 2008, pienso que han perdido la frescura de Rosseta o la profundidad de El hijo o la crudeza de El niño, sus tres anteriores films. El final confuso de El silencio de Lorna así lo demuestra.

7/10


Daniel Muñoz Ruiz

viernes, 20 de agosto de 2010

Two Lovers (2008) de James Gray


Que el cine americano no pasa por sus mejores momentos en cuanto a calidad y originalidad es algo que ya no nos sorprende. Excepto algunos directores de cine indie (como Jarmusch, Lynch o Solondz) o excepciones más comerciales como los Coen, David Fincher, Christopher Nolan o Paul Thomas Anderson, el cine que nos llega de Hollywood carece de la fuerza y la vitalidad de aquellos maravillosos años 70, con los Coppola, Scorsese, Cimino y otros que redefinieron el camino y unieron la comercialidad a la calidad. Dentro del panorama actual James Gray está llamado a ocupar un lugar preferente en lo que podríamos llamar directores “indies-comerciales” de Hollywood. Con su anterior largo, La noche es nuestra (We Own the Night, 2007) ya nos dejó un buen sabor de boca. Con Two Lovers se supera, aunque se trate de una película totalmente distinta al no ser tan de “género” como sus anteriores trabajos. En ésta, su última película hasta la fecha, presentada en Cannes 2008 y que a nosotros nos llega dos años después, Leonard Kraditor (Joaquin Phoenix) es un joven que padece trastorno bipolar y que atraviesa una depresión debido al abandono de su prometida. Desde el comienzo, Gray demuestra su maestría presentándonos a Leonard en un par de secuencias precisas, que nos dan toda la información necesaria. Sus padres quieren que se haga cargo de los negocios familiares y pretenden asociarse con los Cohen, y así Leonard conoce a la hija de los futuros socios, Sandra (Vinessa Shaw), que se enamora de él. Pero la llegada de una enigmática vecina (Gwyneth Paltrow) cuya vida es demasiado complicada, hará que Leonard pierda la cabeza por ella.

Two Lovers es una historia de triángulo amoroso bastante poco convencional. El romanticismo de la película no cae en excesos sentimentales para endulzar las relaciones entre los personajes. Gray se desmarca del género y construye unos roles que huyen de los estereotipos y que resultan verídicos, con especial protagonismo de Leonard, que desde el principio sabemos que nos es estable emocionalmente. Two Lovers destaca por su guión estructurado y por su puesta en escena sobria, sin alardes, que transmite realidad y que consigue llegar al espectador. Joaquin Phoenix, en esta su tercera colaboración con Gray, está impresionante, consigue un personaje extraordinario que se lucha contra su enfermedad y persigue el amor a riego de equivocarse. Gwyneth Paltrow y Vinessa Shaw son las dos mujeres que forman el triángulo amoroso y que también logran interpretaciones destacables, así como Isabella Rossellini o Elias Koteas, con papeles más cortos.

En mi humilde opinión, Two Lovers es una de las mejores películas norteamericanas de los últimos cinco años y su director, James Gray se postula como uno de los grandes dentro del grupo selecto de directores que pueden trabajar en Hollywood y ser creativos al mismo tiempo. Un gran acierto estético y narrativo, con un enorme aporte de los actores, que hacen de este film un oasis dentro del desierto que nos llega en forma de productos comerciales de usar y tirar. Todavía hay esperanza.

9/10

Daniel Muñoz Ruiz