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domingo, 31 de octubre de 2010

Che, un hombre nuevo (2010) de Tristán Bauer


Nuevo documental sobre la vida del mítico Che Guevara, realizado en esta ocasión por el director argentino Tristán Bauer. La principal novedad de este documental reside en prescindir de los testimonios de aquéllos que lo conocieron y centrarse en materiales producto de una investigación a conciencia del propio director. Bauer, que ya había hecho otros documentales sobre figuras destacadas de la historia de Argentina como Eva Perón y Julio Cortázar, se acerca a Ernesto Guevara desde la intimidad del hombre, para recorrer el camino que lo llevó a convertirse en líder de la Revolución Cubana, junto a Fidel Castro, y posteriormente en todo un símbolo del movimiento revolucionario en todo el mundo. Sin embargo, el controvertido personaje que es Che Guevara se construye en el trabajo de Bauer como un semidiós al que no se le puede encontrar ningún punto negro, ni siquiera gris. Se nota que Bauer es un profundo admirador del médico y soldado Guevara, pero se echa en falta una visión crítica de su ideología, que como toda ideología puede plegarse a algún tipo de crítica. No, aquí todo es color de rosa.


Sin duda, es muy loable la actitud vital de Guevara, el abandono de una vida burguesa como médico a cambio de luchar por la libertad de los pueblos americanos, pero él no llegó a ver en lo que se ha convertido su lucha. La Cuba actual no sería del agrado del Comandante, ni China, ni Corea del Norte, ni ninguna dictadura que amparándose en el comunismo no da cabida a la libertad, esa libertan en la que tanto creía y por la que tanto luchaba el Che. No es una cuestión de buenos y malos, como puede parecer debido al reduccionismo del documental de situar a los Estados Unidos y a sus presidentes Nixon (bueno, este sí que tenía su lado oscuro y bien oscuro) y Kennedy como los demonios del mundo y al capitalismo como el gran mal del planeta. Personalmente, no soy capitalista ni comunista. Pienso que ambos sistemas tienen sus cosas buenas y sus cosas malas. En lo que sí creo en el derecho del ser humano a decidir y, el régimen Cubano actual, poco tiene que ver con la idea del guerrillero de justicia.


Formalmente nos encontramos ante un documental tradicional, con la excepción de la exclusión de las entrevistas. El material documental es amplio y de bastante interés, algo que hay que agradecer a Bauer y a su tesón por la investigación, como demuestra el descubrimiento de los efectos personales que portaba el Che cuando fue asesinado en Bolivia en 1967. El momento más interesante del film es la visita del propio Bauer a los archivos del ejército boliviano y cómo se las arregla para hacerse con los documentos inéditos hasta ese instante. También resulta emocionante escuchar la cinta que Ernesto Guevara grabó para su esposa antes de partir a Bolivia, en la que la voz del Che parece presagiar lo que le sucederá. Sin duda, el momento más emotivo e íntimo de la película.


Che, un hombre nuevo, no defraudara a los fans del guerrillero, pues es un documental que Bauer ha hecho con el corazón, pero creo que la monótona voz en off y el excesivo metraje del mismo, le restan eficacia a los profanos en la materia como yo.

6/10

Daniel Muñoz Ruiz

lunes, 25 de octubre de 2010

Pan negro (2010) de Agustí Villaronga


El séptimo largometraje del director mallorquín Agustí Villaronga adapta la novela homónima del escritor catalán Emili Teixidor, Pan negro (Pa negre), historia ambientada en la Cataluña rural de postguerra civil. Andreu, un niño del pueblo, encuentra a un amigo suyo exhalando su último suspiro antes de fallecer por las graves heridas provocadas por el “accidente” sufrido junto a su padre. Su última palabra es Pitorliua. El significado de tan enigmática palabra y el sentido que conlleva para los distintos personajes del film irá marcando el ritmo del mismo. En un principio, Andreu marcha a casa de su abuela, pues su padre ha huido a Francia por su condición de rojo acosado por los falangistas y su madre no puede hacerse cargo de él sola. Allí, en la casa que guarda la abuela y su familia, Andreu conocerá a su prima Nuria, que le abrirá su mundo a otras experiencias, incluso a cierto despertar sexual. En esos momentos, Pan negro, parece que va a tratar de Andreu y su vida, pero sin embargo, Villaronga introduce varias historias a la vez sin dejar clara ninguna, lo que crea cierto batiburrillo narrativo.


El director de películas como la extraña Tras el cristal (1987) o la contundente Aro Tolbukhin, en la mente del asesino (2003), nos presenta una obra que abraza los cánones más académicos del cine español, aunque con la diferencia de no sucumbir al servilismo institucional de propagar el catalanismo radical. Uno de los grandes méritos de Pan negro es la fiel ambientación de los espacios (casas, bosques, caminos) de esa Cataluña rural tras la profunda herida causada por el triunfo de los nacionales. También los actores consiguen meternos en la historia, sobre todo los niños, los debutantes Francesc Colomer y Marina Comas, que bordan sus papeles respectivos y ofrecen un amplio abanico de registros que va desde la inocencia a la crueldad, pasando por la inhibición sexual. Unas interpretaciones naturalistas que contrastan con la de los actores, sobre todo los rostros más conocidos como Sergi López, que recuerda a su personaje de El laberinto del fauno (Guillermo del Toro, 2006), o Laia Marull, que resulta un pelín sobreactuada, al igual que los padres del niño, Roger Casamajor y Nora Navas, esta última premiada en San Sebastián, que componen personajes al filo de sobrepasar la fina línea en la que la tragedia se convierte en ridículo. Aún así, estos momentos son puntuales y no echan a perder la película en su conjunto. Quizás el defecto más importante de Pan negro es querer abarcar mucho en una historia que se hubiera adaptado mejor a la sencillez narrativa y a una belleza reflexiva. Pero visto de otro modo, algunos dirán que el aspecto de thriller que adquiere el último tercio del film, con la resolución de la historia de Pitorliua, es atractiva, pero para mí supone una ruptura de tono que pone en peligro la solidez de la obra completa.


Villaronga ha compuesto un trabajo digno en el que enfrenta a los niños con las mentiras de los adultos. Esas mentiras y engaños tienen consecuencias devastadoras en el protagonista, que terminará renegando de su clase para abrazar las promesas de la burguesía.


7/10

Daniel Muñoz Ruiz

martes, 19 de octubre de 2010

La red social (2010) de David Fincher


Confieso que a priori no me interesaba mucho el tema ni la trama de esta película, pero viendo el nombre del director, me intrigó que podía haber hecho David Fincher con él. La historia de La red social está inspirada en un libro de Ben Mezrich, The Accidental Billionaires, que narra el nacimiento de la red social por internet más importante a nivel mundial, Facebook. El invento creado por un par de imberbes estudiantes de Harvard, superdotados indudablemente, se convirtió en tiempo record en un monstruo indómito alimentado por el voraz capitalismo financiero que domina a las llamadas empresas “puntocom”. Más que el proceso en sí mismo, la película se interesa por las personas implicadas en ello, es decir, los amigos Mark Zuckeberg y Eduardo Saverin, cuya profunda relación se ve enturbiada, mejor, masacrada por la ambición económica desmedida. Como siempre se ha dicho, no hay que mezclar amigos y negocios, o por lo menos, no negocios tan importantes. Los nuevos ricos ya no son empresarios, banqueros, brokers o grandes industriales. Son jóvenes informáticos, manipulables por grandes intereses económicos, en medio de los cuales es difícil conservar su personalidad.


El tándem formado por Fincher y Aaron Sorkin (recordemos, creador de la serie El ala oeste de la Casa Blanca) resulta acoplado a la perfección. El guión es magnífico en su estructura y bastante solvente en sus tramas, aunque, como toda película basada en hechos reales, pierde fuerza por resultar previsible. Ante este hándicap, Fincher opta por centrarse en los personajes y aquí entramos en el gran trabajo interpretativo llevado a cabo por el joven y apenas conocido casting, del que hay que destacar por encima de todos a Jesse Eisenberg, al que vimos recientemente en dos películas terminadas en “land”: Advetureland (2009, Greg Mottola) y Bienvenidos a Zombieland (Zombieland, 2009, Ruben Fleischer). Otro dato interesante es que la película no toma partido entre las distintas moralidades de los personajes, incluso con el creador de Napster, Sean Parker (al que da vida el cantante Justin Timberlake), al que hubiera sido muy fácil crucificar por su vida llena de excesos y su carácter de tiburón sin escrúpulos en los negocios.

La película comienza con un ritmo vertiginoso, lleno de diálogos rapidísimos e ingeniosos, que si bien hacen un poco complicado seguirlos para los no angloparlantes, resultan valiosos para ir conociendo el carácter del protagonista. El ritmo del resto mantiene la línea inicial, que no nos da mucho respiro para reflexionar sobre la historia, cosa que, sin duda, ocurrirá tras abandonar la sala. En esto Fincher es un maestro, pues ya lo consiguió con películas como Seven (1995), El club de la lucha (1999) o Zodiac (2007), películas, por otro lado, muy diferentes las unas de las otras. Parece como si Fincher no quisiera ponerse etiquetas, eliminar cualquier redundancia autoral, pero manteniendo un compromiso con su propio estilo visual y narrativo que le lleva a experimentar y moverse entre las fronteras del cine comercial y el cine independiente americano. En la actualidad, junto con Christopher Nolan y, a otro nivel, Quentin Tarantino, forman un conjunto de cineastas comerciales pero revestidos de cierta independencia, que gozan del beneplácito de crítica y público, en contraposición a modelos más minoritarios como pueden ser los casos de David Lynch, Jim Jarmusch o Gus Van Sant. Mainstream de calidad y como reza el slogan publicitario: “No haces 500 millones de amigos sin ganarte algunos enemigos”, dicho que se podía aplicar al cine de David Fincher.

8/10

Daniel Muñoz Ruiz