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lunes, 25 de octubre de 2010

Pan negro (2010) de Agustí Villaronga


El séptimo largometraje del director mallorquín Agustí Villaronga adapta la novela homónima del escritor catalán Emili Teixidor, Pan negro (Pa negre), historia ambientada en la Cataluña rural de postguerra civil. Andreu, un niño del pueblo, encuentra a un amigo suyo exhalando su último suspiro antes de fallecer por las graves heridas provocadas por el “accidente” sufrido junto a su padre. Su última palabra es Pitorliua. El significado de tan enigmática palabra y el sentido que conlleva para los distintos personajes del film irá marcando el ritmo del mismo. En un principio, Andreu marcha a casa de su abuela, pues su padre ha huido a Francia por su condición de rojo acosado por los falangistas y su madre no puede hacerse cargo de él sola. Allí, en la casa que guarda la abuela y su familia, Andreu conocerá a su prima Nuria, que le abrirá su mundo a otras experiencias, incluso a cierto despertar sexual. En esos momentos, Pan negro, parece que va a tratar de Andreu y su vida, pero sin embargo, Villaronga introduce varias historias a la vez sin dejar clara ninguna, lo que crea cierto batiburrillo narrativo.


El director de películas como la extraña Tras el cristal (1987) o la contundente Aro Tolbukhin, en la mente del asesino (2003), nos presenta una obra que abraza los cánones más académicos del cine español, aunque con la diferencia de no sucumbir al servilismo institucional de propagar el catalanismo radical. Uno de los grandes méritos de Pan negro es la fiel ambientación de los espacios (casas, bosques, caminos) de esa Cataluña rural tras la profunda herida causada por el triunfo de los nacionales. También los actores consiguen meternos en la historia, sobre todo los niños, los debutantes Francesc Colomer y Marina Comas, que bordan sus papeles respectivos y ofrecen un amplio abanico de registros que va desde la inocencia a la crueldad, pasando por la inhibición sexual. Unas interpretaciones naturalistas que contrastan con la de los actores, sobre todo los rostros más conocidos como Sergi López, que recuerda a su personaje de El laberinto del fauno (Guillermo del Toro, 2006), o Laia Marull, que resulta un pelín sobreactuada, al igual que los padres del niño, Roger Casamajor y Nora Navas, esta última premiada en San Sebastián, que componen personajes al filo de sobrepasar la fina línea en la que la tragedia se convierte en ridículo. Aún así, estos momentos son puntuales y no echan a perder la película en su conjunto. Quizás el defecto más importante de Pan negro es querer abarcar mucho en una historia que se hubiera adaptado mejor a la sencillez narrativa y a una belleza reflexiva. Pero visto de otro modo, algunos dirán que el aspecto de thriller que adquiere el último tercio del film, con la resolución de la historia de Pitorliua, es atractiva, pero para mí supone una ruptura de tono que pone en peligro la solidez de la obra completa.


Villaronga ha compuesto un trabajo digno en el que enfrenta a los niños con las mentiras de los adultos. Esas mentiras y engaños tienen consecuencias devastadoras en el protagonista, que terminará renegando de su clase para abrazar las promesas de la burguesía.


7/10

Daniel Muñoz Ruiz

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