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domingo, 14 de noviembre de 2010

El extraño caso de Angélica (2010) de Manoel de Oliveira



Manoel de Oliveira es un caso único en la historia de la cinematografía. El director portugués filmó esta película con 101 años de edad y en diciembre cumplirá 102. El extraño caso de Angélica es una película que suena a despedida, como dijo Luis Miñarro (Eddie Saeta), productor español que participa en ella, cuando presentó la misma en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, donde tuve la oportunidad de verla antes de su estreno comercial en las pantallas españolas. Sin embargo, el longevo director ya está enfrascado en su próximo proyecto y, confiemos en que no sea el último.


Describir su cine, por si alguno lo desconoce (quizás muchos) es hablar de dominio del tiempo cinematográfico a través de largos y pausado planos secuencia que dotan a sus películas de una magia especial. No podía ser menos en este caso. Isaac (Ricardo Trêpa, nieto de Oliveira) es un fotógrafo judío que es contratado para retratar a una joven difunta (Pilar López de Ayala) de familia pudiente de provincias. En el momento del primer encuadre sobre el rostro de la bella joven, ésta abre los ojos y el fotógrafo se queda anonadado. Los demás no lo ven y desde entonces, Isaac no puede dejar de ver a Angélica en sus sueños y en sus fotos, en las que Angélica siempre parece sonreírle a él. Encontramos aquí una historia de amor imposible que sólo tendrá lugar espiritualmente.


El director de películas como El valle de Abraham (Vale Abraao, 1993) o Una película hablada (Um filme falado, 2003) vuelve a demostrar su maestría en la planificación de largas secuencias dialogadas que resultan tan naturales como la vida misma. Además vuelve a introducir la naturaleza en sus imágenes y recurre a planos de labradores trabajando la tierra en una secuencia musical que lo acerca al registro documental. Algunos detractores pueden achacarle al film demasiada teatralidad en las interpretaciones o incluso en los decorados interiores, pero en mi opinión, resultan positivos pues se trata de dotar de una esencia especial a la película, un rasgo de estilo del autor portugués. El vestuario de los personajes parece salido de finales del siglo XIX o principios del XX, pero la acción se sitúa en la actualidad. Esto supone un guiño en toda regla al espectador, que lo asume sin reticencias porque casa perfectamente con el tono y las intenciones del film.


La obsesión del fotógrafo por Angélica se convertirá en enfermedad, un mal de amores al haberse enamorado de alguien a quien ni siquiera podrá conocer. Este amor ya no tiene cabida en el mundo de los vivos, por lo que Isaac tendrá que olvidarse o entregarse a la desesperación. Oliveira construye una simpática metáfora con el pajarillo enjaulado, que los espectadores que vean la película identificarán con regocijo. El director portugués ha realizado una película enigmática, por momentos deliciosa, otros oscura en los que sobrevuela la muerte, pero siempre bella y serena, algo que lo sitúa entre los clásicos del cine moderno, a la altura de un Bergman o un Godard. Volveré a verla cuando la estrenen en las salas españolas.


8/10


Daniel Muñoz Ruiz

2 comentarios:

  1. Que instante bello y oscuro que es la muerte!Y como Manoel lo eleva a un tiempo infinito y fatal.
    Esta historia que no amarga ni entristece es cine en estado de gracia, como su protagonista, Angelica. Por un siglo de talento y fuerza pura.
    Saludos de Lidia Buccheri, desde Buenos Aires

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  2. Tienes toda la razón, Lidia. Me encanta tu comentario.

    Un abrazo

    Dani

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