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miércoles, 1 de diciembre de 2010

Chloe (2009) de Atom Egoyan



Nunca he entendido la necesidad del cine comercial de realizar remakes de otras películas de cinematografías de menor repercusión mundial. ¿No sería mejor hacer llegar a los espectadores el film original? Una cosa es inspirarse en alguna película, como ha hecho Abbas Kiarostami tomando como referente Te querré siempre (Viaggio in Italia, 1953, Roberto Rossellini) para su Copia Certificada (Copie conforme, 2010) y otra bien distinta, realizar un encargo sin pasión, como ha hecho Atom Egoyan en Chloe. El film es un remake de la ya de por sí mediocre película francesa Natalie… (2003, Anne Fontaine) y narra la historia de un matrimonio de clase alta en el que la esposa está consumida por las sospechas de infidelidades de su marido. Así, por pura casualidad, conoce a una prostituta de lujo a la que contrata para que tiente a su marido para ver hasta dónde puede llegar él. Hasta aquí, no pintaba mal pero a continuación la película se vuelve bastante convencional y previsible, en la que hasta el espectador menos avispado va 5 minutos por delante de la narración. Esto es debido a un guión muy flojo, firmado por Erin Cressida Wilson, que hace aguas por los clásicos plot points, que son anunciados a kilómetros saltándose la sorpresa y la intriga que se prevé cuando nos dicen que Chloe pertenece al género de thriller erótico.


El particular universo creado por Egoyan en sus películas, aquí está totalmente difuminado. Los personajes carecen de las dimensiones psicológicas de antaño como en Speaking Parts (1989), El liquidador (1992) o El dulce porvenir (1997). Los actores, que en la versión francesa eran Fanny Ardant, Gérard Depardieu y Emmanuelle Béart, son sustituidos aquí por Julianne Moore, Liam Neeson y una casi desconocida Amanda Seyfried, que a la postre es el gran descubrimiento de Chloe, porque es su interpretación la que más destaca entre la desbordada Moore y el plano Neeson. Egoyan, vuelve a rodearse de sus colaboradores habituales detrás de la pantalla, siendo la dirección de fotografía de Paul Sarossy lo más destacable por su juego de luces frías en la casa del matrimonio y los tonos cálidos en los hoteles, los santuarios de la infidelidad. La banda sonora compuesta por Mychael Danna para la ocasión, sin embargo, resulta muy convencional, muy del gusto hollywoodiense, lejos de las atmósferas creadas para otras películas del director canadiense como Exótica (1994) o Where the Thruth Lies (2005).


Lejos de su personalidad como autor, Egoyan hace lo que puede con lo que tiene e intenta imprimir simbolismo a la película, como esa horquilla que Chole intenta regalar a Catherine en su primer encuentro en los lavabos de un restaurante y que tendrá su protagonismo el final del film, que por otro lado es altamente decepcionante.


Atom Egoyan firma su peor película hasta el momento y es una pena porque el cine del director canadiense de origen armenio se había caracterizado por ser perturbador y emocional pero en sus últimos trabajos, los de esta década, que sin ser malos, ya suponían cierto declive con respecto a sus películas de los noventa. Eso sí, Chloe es totalmente olvidable y esperemos que no suponga más que un leve tropezón en su carrera.

3/10

Daniel Muñoz Ruiz

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