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miércoles, 29 de diciembre de 2010

Film socialisme (2010) de Jean-Luc Godard



“El dinero es un bien público, como el agua”. Con esta sentencia comienza Godard su nueva película Film Socialisme. Ya desde esa frase y los primeros planos, nos damos cuenta de que estamos ante una obra que pretende decir algo, ser un vehículo para la reflexión y no un mero objeto de entretenimiento. Para quién no esté familiarizado con la obra del director franco-suizo, Film socialisme seguramente le resultará difícil de seguir, pero para quién haya visto Elogio del amor (Éloge de l’amour, 2001)o Nuestra música (Notre musique, 2004), por poner dos ejemplos de esta misma década, esta nueva película vuelve a desafiar por completo la estructura narrativa clásica y hace de la experimentación formal una de sus principales señas de identidad, de inconfundible propiedad del autor de Historie(s) du cinéma.

Godard compone su película en tres partes, no unidas por una lógica narrativa pero sí por el mismo concepto ideológico, el socialismo, pero no entendido históricamente, sino tal como lo ve Godard en la actualidad. El primer movimiento tiene lugar en un crucero que atraviesa el mediterráneo, cuna de la civilización occidental y de gran potencial simbólico dentro del film. Dentro del barco encontramos variopintos personajes como el filósofo Alain Badiou, el escritor palestino Elias Sanbar o la cantante Patti Smith, mezclados con otros personajes que simbolizan a los ciudadanos de la Europa actual. Godard otorga voz a muchos de los viajeros, que reflexionan sobre el destino del continente europeo y por ende, de la civilización occidental, siempre con el lenguaje sentencioso al que ya estamos acostumbrados en sus películas. Los formatos de imagen utilizados en esta parte van desde la alta definición al video de teléfono móvil, imágenes de baja definición, colores saturados e incluso imágenes procedentes de Internet. El director franco-suizo vuelve a experimentar no solo con la imagen sino también con el sonido, en los planos de cubierta el viento sopla tan fuerte que satura el sonido directo. Igualmente recurre a los silencios totales, dejando la imagen totalmente muda, y emplea la voz en off en multitud de ocasiones. Lo documental está muy presente durante el viaje, pues Godard muestra reuniones de gente como la misa o el baile en la discoteca que nos dan la impresión de la mecanización de los actos sociales, vacíos de contenido, puramente rutinarios. Tampoco escatima en referencias a la historia, como el oro de los republicanos españoles o el conflicto palestino-israelí, una herida que continúa abierta y por la que Godard vuelve a mostrar interés después de Nuestra música.

La segunda parte, quizás la más narrativa, nos lleva hasta una gasolinera francesa propiedad de la familia Martin, en la que somos testigos del insalvable conflicto generacional entre padres e hijos, en este caso, un pequeño de diez años y su hermana adolescente. Este tramo de Film socialisme recuerda al Godard de los años 60, sobre todo por la puesta en escena, y en ocasiones, por los diálogos. Resulta la parte más “convencional” (aunque muy lejos de lo convencional) del film y tiene momentos bastante cómicos, en los encuentros de los niños con la pareja de periodistas que llega a la gasolinera a cubrir las elecciones.

Tras preguntarse por el destino de Europa y dotar a la película de un todo entre el pesimismo y la melancolía, Godard se resarce y deja una puerta abierta a la esperanza en la última parte de su Film socialisme, compuesta por imágenes de archivo, algunas extraídas de películas. Al estilo de sus Histories…, Godard realiza un viaje por lugares significativos en el desarrollo de la civilización como Egipto, Palestina, Grecia, Nápoles, Odessa, Barcelona, paradas necesarias en el trayecto por el Mediterráneo. La película acaba con una llamada a la memoria colectiva de la humanidad, que no debe olvidar estos logros.

Políticamente densa, formalmente bella, osada y experimental, Film socialisme es el resumen perfecto del pensamiento godardiano sobre el cine y la vida. Un cine joven y radical, obra del octogenario director, que, esperemos no sea el último film que nos regale.


9/10

Daniel Muñoz Ruiz

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