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miércoles, 19 de enero de 2011

La danza (2009) de Frederick Wiseman



Debo declarar, antes de comenzar con esta crítica, que nunca he sido un aficionado al ballet, más por desconocimiento que por no gustarme. Nunca le había prestado atención, hasta que ahora, pues tras el visionado de La danza mi opinión sobre este arte ha cambiado totalmente. El documental de Frederick Wiseman, primera obra suya que conoce un estreno comercial en España, explora hasta el más mínimo detalle de la institución que representa el Ballet de la Ópera de París, una de las compañías de ballet más prestigiosas del mundo. La cámara de Wiseman recorre los salones de ensayo, los talleres de vestuario y escenografía, las oficinas, el propio escenario y patio de butacas del Palacio Garnier, una de las sedes de la compañía. El director nos muestra no solo a los bailarines ensayando una y otra vez, sino todo los que forma parte de su institución como las costureras, los diseñadores de iluminación de los espectáculos, hasta los encargados de la limpieza y los de mantenimiento. De ahí, que tengamos la impresión de que siempre hay alguien trabajando en la Ópera de París.

El grueso del documental lo componen los ensayos de los bailarines, siempre tomados en plano general para poder ver en toda su plenitud la ejecución de los movimientos y su plasticidad. El trabajo duro día a día nos da muestras de la seriedad y disciplina de la compañía, tanto de los bailarines, como de los coreógrafos y profesores. La filosofía del Ballet de la Ópera de París la sintetiza Brigitte Lefevre, su directora artística, a la que Wiseman mira de manera especial. Su encuentro con un coreógrafo de prestigio internacional pero que no pertenece a la compañía es significativo, pues ella expresa que no conoce su forma de trabajar, pero tiene muy clara la forma de trabajar de la compañía, bastante jerarquizada. Otras dos conversaciones de Lefevre nos descubren dos problemáticas habituales en este mundo de la danza: la bailarina veterana que ya no puede soportar tanta carga de trabajo y la bailarina joven y prometedora que tendrá que asumir nuevos retos para convertirse en estrella. También Wiseman se preocupa por los problemas laborales de la profesión, pues la temprana pérdida de facultades físicas incapacita a los profesionales para su trabajo. En este sentido se nos muestran conversaciones de la dirección con los bailarines sobre las negociaciones que mantienen con el gobierno para conseguir la jubilación a partir de los 40 años.

El trabajo del director está destinado a dotar al espectador de una posición privilegiada, no equiparlo al espectador sentado en el patio de butacas, sino brindarle la oportunidad de asistir a los ensayos y conocer la evolución del duro trabajo que dará como resultado final la representación. Es más, en ningún momento se nos enseña una representación con público, pero sí algunos ensayos generales con vestuario, luz y sonido. Wiseman no recurre a la voz over narrativa, a la entrevista o a la música añadida. Nada que pueda distraer la atención sobre los movimientos de los bailarines. La danza resulta una película hermosa, fascinante y no hace falta ser un admirador del Ballet para caer rendido ante la belleza de este documental. Wiseman compone sus documentales en montaje (para éste contó con más de 130 horas de película) y la obra terminada constituye un proceso de larga reflexión en la que se advierte el profundo amor que siente el director por el Ballet. Un sentido homenaje que ha conseguido en mí inspirar emociones que jamás pensé que me aportaría el ballet. Sin duda, La danza es una de esas películas imprescindibles para quién le guste este arte (tanto el cine como el ballet).


10/10

Daniel Muñoz Ruiz

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