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viernes, 14 de enero de 2011

También la lluvia (2010) de Icíar Bollaín


El cine dentro del cine para contar una historia de marcado carácter social. Esa es la propuesta de la directora Icíar Bollaín en su nueva película, También la lluvia. A priori supone un reto narrativo y esa ambición hay que aplaudirla. Sin embargo, el resultado deja bastante que desear. En mi opinión, el motivo fundamental es el guión, obra de Paul Laverty, habitual del cine de Ken Loach, y que hace de la problemática social, en este caso los hechos reales ocurridos en Bolivia en 2000, la llamada “guerra del agua”, su tema principal. Del equipo de rodaje de la película sobre Cristóbal Colón que es la ficción dentro de la ficción, los personajes con mayor importancia dramática serán el director, Sebastián, interpretado por Gael García Bernal, y el productor, Costa, al que da vida Luis Tosar. Mientras Costa se muestra egoísta y cínico, Sebastián será el comprensivo, pero a medida que avanza la película, se cambiarán las tornas, convirtiendo a Costa en un auténtico héroe, cosa que resulta poco verosímil, pues la transformación se produce demasiado deprisa. Viendo la película, tienes la sensación de presenciar una obra hecha para ganar premios, sin ninguna pretensión más.

También la lluvia es una reivindicación social de la situación de los indígenas en la Bolivia del siglo XXI. La película realiza un paralelismo con esos indígenas que se enfrentaron a los primeros colonos españoles y que fueron sometidos, tal cómo se encuentran los indígenas en la actualidad. El personaje de Daniel, un más que correcto Juan Carlos Aduviri en su debut cinematográfico, será el líder revolucionario tanto en el film histórico como en la revuelta por el derecho al agua. Daniel será la personificación de esa lucha por los derechos del pueblo indígena. El carácter social de la película pierde toda su verosimilitud y su dosis de realidad en el momento en que Costa se convierte en un héroe salvando la vida de la hija de Daniel, en medio de las revueltas, a las que es totalmente ajeno. Mientras el equipo de rodaje desiste con la idea de terminar la película en otra localización y dejan a Sebastián, el director. Solo Antón, el actor que da vida a Colón, interpretado por un excelente Karra Elejalde, se mostrará más valiente que ninguno, sacrificando sus temores en nombre de su profesionalidad, a pesar de ser un alcohólico. La humanidad de este personaje es lo mejor del film.

Bollaín no saca el partido esperado del reparto artístico, formado por algunas caras conocidas, con el que cuenta, hecho del que tiene mucha culpa el guión, plagado de clichés y demasiado blandito en cuanto a los personajes, que no tiene esa profundidad psicológica a la que nos tenía acostumbrados la directora con sus anteriores trabajos como Te doy mis ojos (2003) o Mataharis (2007). Preocupada más por la acción que por la interpretación, la película pierde bastante interés. Quizás hubiera resultado más estimulante contar la historia de los miembros del rodaje, como sucede en filmes como La noche americana (1972)de François Truffaut o El estado de las cosas (1982) de Wim Wenders. Otra posibilidad hubiera sido realizar un film verdaderamente social, no idealizado, como resulta éste. Cine histórico dentro de cine social. La mezcla no funciona. La personalidad del cine de Icíar Bollaín parece absorbida por lo peor del cine del tándem Loach-Laverty. La coherencia y honestidad de su filmografía ha quedado fracturada. Esperemos que solo sea temporal y que no se pierda por el camino como tantos directores españoles contemporáneos.


4/10

Daniel Muñoz Ruiz

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