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miércoles, 9 de febrero de 2011

De dioses y hombres (2010) de Xavier Beauvois



Basada en los hechos reales que acontecieron en Argelia en 1996, el último largometraje del director y actor francés Xavier Beauvois retrata los últimos días de unos monjes franceses antes de su secuestro y asesinato a manos de integristas islámicos, aunque últimas revelaciones apuntan a que pudo deberse a un error del propio ejército oficial argelino. De dioses y hombres es una historia sobre el amor. Amor al prójimo y amor entre los miembros de la comunidad religiosa de la que forman parte los monjes. Y es ese fuerte amor el que les insufla la fuerza suficiente para continuar con la misión encomendada por Dios, sin dar su brazo a torcer ni ante las autoridades argelinas (que les invitan a abandonar el país por no poderles asegurar protección) ni ante los propios terroristas. La película muestra a los monjes en sus tareas cotidianas y, sobre todo, su plena integración en la pequeña comunidad islámica que representa la aldea próxima en plenas montañas del Atlas. Es cierto que la religión está muy presente en el film (oraciones, eucaristía, cánticos, etc.), pero De dioses y hombres, no puede ser considerada una película estrictamente religiosa. Es, más bien, una película sobre la tolerancia y el respeto a las creencias y una alabanza a la posibilidad de convivencia entre distintas posturas religiosas. Sin embargo, en la historia real, no fue así, pero el film no condena radicalmente a los terroristas (se echa en falta su punto de vista en determinados momentos), dejando una puerta abierta al perdón y excluyendo de culpa a la mayoría del Islam.

Beauvois demuestra ser un gran planificador en las secuencias que integran a varios actores (que son la mayoría), y resultan especialmente significativas las secuencias en las que aparecen todos los monjes, como las reuniones para tomar la decisión de quedarse o marcharse y la secuencia de la “última” cena (la más emotiva del film), con música de El lago de los cisnes de Tchaikovsky, sin palabras, sólo con las expresiones de los rostros de los monjes en un montaje que va cerrando la escala de los planos hasta llegar a los ojos. Sin duda, el aspecto que sobresale por encima de todos es la interpretación del conjunto de monjes. Aquí se nota que Beauvois es también actor, pero que, sobre todo, es un gran director de actores. El abad Christian (Lambert Wilson) y el hermano-doctor Luc (un sublime Michael Lonsdale) son los encargados de llevar adelanta la narración de un guión con estructura clásica y muy sólido, que hace que el espectador mantenga el interés a pesar de saber de antemano el trágico destino de los monjes, siempre parece que exista una mínima posibilidad de salvación.

De dioses y hombres es una nueva muestra de la vitalidad del cine francés actual que concilia comercialidad y autoría, como los casos de Jacques Audiard (Un profeta, 2009), Nicolas Klotz (La cuestión humana, 2007), Laurent Cantet (La clase, 2008), Olivier Assayas (Las horas del verano, 2008) o Arnaud Desplechin (Un cuento de Navidad, 2008). Xavier Beauvois compone una película muy humana, aleccionadora sin ser demagógica y emotiva sin llegar al melodrama, gracias a unos actores que están geniales y a una puesta en escena eficaz sin llegar a ser pretenciosa. Una película muy recomendable, aunque seas un poco ateo, como el que firma la presente.

8/10

Daniel Muñoz Ruiz

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