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miércoles, 16 de febrero de 2011

Valor de ley (2010) de Joel y Ethan Coen


Adaptación de la novela escrita por Charles Portis True Grit, editada en 1968, llevada al cine por primera vez por Henry Hathaway y protagonizada por el icono del género, John Wayne, traducida en España como Valor de ley, la nueva película de los hermanos Coen es un western que se mueve entre los límites del western clásico y el posmoderno. La historia de una adolescente, Mattie Ross (Hailee Steinfeld) cuyo objetivo es perseguir y dar caza al asesino de su padre, el malvado y cobarde Tom Chaney (Josh Brolin). Para ello contrata al alguacil más implacable de la región, Rooster Cogburn (Jeff Bridges), que resulta ser más bien un justiciero trasnochado y alcohólico que, si bien, al principio no acepta llevar con él a la niña, termina aceptándolo y encariñándose de ella. En la búsqueda del asesino, contarán con la ayuda del ranger tejano LeBoeuf (Matt Damon), cuyo carácter será la antítesis del de Rooster. Juntos se enfrentarán a otros forajidos de la ley hasta dar con el cobarde Chaney.

Valor de ley resulta ser un ejemplo de relato clásico como los de antes, donde el carácter de los personajes está muy definido. No hay medias tintas, el malo es muy malo y el bueno, aunque se le puedan recriminar defectos morales, es un héroe, como demuestra Rooster Cogburn al final de la película. Los guiños al clasicismo también son patentes en otros apartados, como esos fundidos encadenados típicos del Hollywood clásico. El guión, con una estructura sencilla y sin estridencias, eficaz en cuanto a enganchar al espectador, peca en ocasiones, por otra parte, de ingenuidad, algo impropio de los Coen, que nos han dado tantos y tan buenos guiones en varios películas muy heterogéneas. La persecución del asesino se resuelve con pasmosa facilidad y deja una leve sensación de vacío en el espectador, ansiado de más conflicto dramático.

Sin embargo, los hermanos de Minnesota introducen elementos propios del western crepuscular y fantasmagórico, que tanto puede recordar a Dead Man (1995, Jim Jarmusch) como a El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (2003, Andrew Dominik), pero siempre más cerca de los western de Ford o Hawks que de los de Leone, Peckinpah o Hellman. Joel y Ethan no renuncian a su conocido humor negro en Valor de ley pero no resulta tan ácido y corrosivo como en otras de sus obras. Puede que esta sea la más clásica de cuantas han realizado. El carácter de fábula de la venganza (o justicia, dirán algunos) dota a este film de interés. La novela ya lo hacía, pero, en mi opinión, enfrentar a una adolescente al duro mundo de los adultos del salvaje oeste es lo que despierta mi mayor interés. Mención especial merece la fotografía creada por Roger Deakins, cuyo abanico de texturas abarca de lo más cálido (la luz del fuego) hasta lo más frío (el gélido ambiente invernal de toda la película).

El epílogo de la narradora, Mattie, nos devuelve a una realidad distinta a la que hemos vivido en pantalla, dónde los héroes y villanos han pasado al olvido, sólo recordados por quienes les han conocido. La sombra del mito de John Wayne es muy alargada en este notable film.

8/10

Daniel Muñoz Ruiz

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