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domingo, 29 de mayo de 2011

Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos (2009) de Zhang Yimou



El máximo representante de la denominada Quinta Generación del cine chino, Zhang Yimou, parece que no pasa por su mejor momento creativo. No lo digo porque esta película sea un remake de la ópera prima de los hermanos Coen, Sangre Fácil (Blood Simple, 1984), pues difiere enormemente de aquella, aunque su argumento sea muy parecido. La principal diferencia entre el presente film y el de los hermanos de Minnesota reside en el tono y el género al que se acercan. Mientras Sángre Fácil tiraba hacia el cine negro, Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos prefiere la comedia para contar la historia. La profundidad y el impacto del debut de los Coen no se observa, ni siquiera esbozado, en la película de Zhang. El planteamiento del director chino convierte a su film en una comedia liviana, a ratos entretenida y poco más. Ni rastro del Zhang Yimou que deslumbró con Sorgo Rojo (1987), La linterna roja (1991), la moderna Keep Cool (1997) o la poética El camino a casa (1999). Tampoco encontramos el estilo de Hero (2002) que se fue diluyendo hasta la flojísima La maldición de la flor dorada (2006). Esa estética de los movimientos, esas coreografías sólo están presentes al principio del film, y menos mal pues si no, hubieran convertido a la película en un trabajo plano y frívolo, preocupado más en la forma (insustancial) que en el contenido.

El humor en Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos termina resultando pueril, basándose en unos pintorescos personajes que si se hubieran acercado directamente a la slapstick, seguramente hubieran obtenido sonoras carcajadas. Por el contrario, la constante repetición de las “gracias” hace que precisamente pierdan su “gracia”. Los arrebatos del marido celosos y la patosidad de los personajes secundarios pierden fuerza cómica a medida que avanza la película. Las peripecias del “investigador privado” (entrecomillado porque no es verdaderamente lo que entendemos por un detective) son las únicas que se salvan de la quema y nos otorgan las situaciones más brillantes y divertidas del film. El histriónico personaje de la esposa de Wang (interpretado por la actriz Yan Ni) salva también los muebles a su manera y sobre todo en el tramo final de la película.

Zhang Yimou recupera el pulso de su trabajo en el tercer acto del film, en el cual prescinde de los diálogos y construye las secuencias de modo que crean una especial tensión en el espectador. Esa demostración de poderío visual, muy propio del estilo de sus últimas películas, hace que Una mujer, una pistola y una tienda de fideos chinos no se convierta en un despropósito mayor. De hecho, ese último tramo final contrasta con el desarrollo del film, que desde un primer momento lastra la posible calidad, la trasgresión de la norma y de las formas que habían convertido a Zhang Yimou en un director especial. Con esta película que podríamos catalogar de transición, de búsqueda de un nuevo estilo, el director chino parece intentar rebelarse ante su anclaje en el cine oficial chino, del que es su máximo representante en la actualidad, pero fracasa. Tendrá que esforzarse más en conseguir que sus películas vuelvan a emocionar en lugar de ser productos de consumo y entretenimiento muy fácil de olvidar.


5/10

Daniel Muñoz Ruiz

domingo, 22 de mayo de 2011

Carlos (2010) de Olivier Assayas



Ilich Ramírez Sánchez, actualmente cumpliendo cadena perpetua en una cárcel francesa, es la persona que pretende retratar este biopic en forma de miniserie televisiva de cinco horas y media de duración. Más conocido por el pseudónimo de Carlos, el terrorista formó parte de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y se hizo famoso por su capacidad para escabullirse de los servicios secretos de varios países que intentaron acabar con él. Desde el principio Olivier Assayas advierte que su trabajo es fruto de una investigación y que las relaciones de Carlos con los demás personajes pertenecen al terreno de la ficción. La miniserie está concebida en tres partes que cuentan los inicios de Carlos en la organización terrorista árabe, una segunda, centrada fundamentalmente en el asalto a la sede de la OPEP en Viena en diciembre de 1975 y la última parte que muestra el declive y la caída del terrorista convertido en mercenario, cuyas acciones se mueven por el afán de lucro más que por sus ideales políticos. El director francés maneja a la perfección el tempo narrativo de una historia que se acelera cuando tiene que hacerlo y se toma su tiempo en las cuestiones que requieren más reflexión, como son los diálogos casi siempre explicativos mediante los cuales se relacionan los personajes.

Carlos es un proyecto muy ambicioso. Representar veinte años en la vida del terrorista. Rodar en multitud de países diferentes (Alemania, Francia, Hungría, Yemen, Sudán, etc.). Hablada en varias lenguas (francés, inglés, árabe, alemán, ruso, etc.), ensamblando un casting brillante aunque poco conocido en la que luce por encima de todos el actor que da vida a Carlos, el venezolano Edgar Ramírez, que pone todo su cuerpo a disposición del personaje, consiguiendo una de esas interpretaciones de carácter por la que se recuerda siempre a un actor o actriz. Lograr el resultado que ha conseguido Assayas con un presupuesto de 15 millones de euros para toda la serie es digno de alabanza.

Lo más interesante de Carlos es el retrato que hace de su tiempo. La lucha armada de los países árabes, la Guerra Fría con sus tejemanejes, el desgaste de la ideología revolucionaria ante el empuje del capitalismo y la globalización. Incluso tenemos la presencia de ETA, representada por un terrorista preocupado por la compra de armas pero sin intención alguna de unirse a la lucha internacionalista que le plantea Carlos como la única postura válida para luchar contra el imperialismo. Assayas se acerca al personaje desde la neutralidad. Nunca pretende ensalzarlo, como hacen algunas películas con otras figuras históricas. Además del símbolo revolucionario, el director se preocupa por indagar en su personalidad, en el hombre que está detrás del personaje y que muestra sus ansias de fama y su enorme narcisismo. Carlos, con el paso del tiempo y la desaparición del bloque comunista, se convierte en mercenario desprovisto de ideales. El anacronismo de su papel en el juego político internacional está muy bien reflejado en el hecho de ser abandonado por sus aliados, en último lugar Siria, que les dan la espalda hasta ser entregado en Sudán donde finalmente es capturado por la DST (agencia de contraespionaje francesa) que lo conduce a Francia donde es juzgado y condenado por el asesinato de dos agentes de la DST y un informante (acontecimiento visto en la serie).

Con Carlos, Assayas parece querer decirnos que para cerrar las heridas hay que mirar al pasado. También puede verse como una crítica a la sin razón que supone utilizar el asesinato para luchar contra el capitalismo, poniéndose en una posición similar a la de los dictadores que echan mano de ellos para conservar el poder. La violencia nunca es legítima y las armas nunca resolverán los problemas. El film de Assayas no pretende ser moralista ni mucho menos. Su intención es ser lo más fiel posible a los hechos históricos y, en este sentido, ha creado una obra sobresaliente.


9/10

Daniel Muñoz Ruiz

miércoles, 4 de mayo de 2011

No tengas miedo (2011) de Montxo Armendáriz



Después de seis años de silencio, los transcurridos desde que filmó su anterior película Obaba (2005), vuelve a ponerse tras la cámara el director navarro Montxo Armendáriz con el que, quizás, sea su trabajo más arriesgado hasta la fecha. Y digo esto no sólo por el espinoso tema que trata su film No tengas miedo, sino por la apuesta estilística de la obra cinematográfica. Exceptuando a Pedro Almodóvar con La mala educación (2004) en la que trata los abusos sexuales a niños en el ámbito de la Iglesia Católica, no recuerdo a ningún otro director español de renombre que se haya atrevido a narrar una historia sobre abusos sexuales a menores tal y como lo ha hecho Armendáriz. El director ha sido muy valiente al enfrentarse a la realidad de una niña, luego adolescente y más tarde joven que sufre abusos sexuales de la persona más cercana, su propio padre.

No tengas miedo es la historia de Silvia (Michelle Jenner), una joven triste e introvertida que lleva casi toda su vida siendo forzada sexualmente por su padre (Lluís Homar), ante la pasividad de su madre (Belén Rueda) que prefiere mirar hacia otro lado. A Silvia su padre le ha destrozado la vida, pero ese dolor, ese sufrimiento, esa angustia, no la comparte con nadie. Calla como muchas víctimas reales porque el sentimiento de culpabilidad ahoga cualquier intención de relatar lo que están ocultando. La cámara manejada por el director de fotografía y operador Álex Catalán no se separa en ningún momento de la protagonista, acompañándola en su itinerario físico y psicológico por la ciudad gris y lluviosa. La película está articulada en planos-secuencia, casi todos con cámara al hombro, algo que recuerda al cine de los hermanos Dardenne. Los fuera de campo hacen que en ningún momento los abusos sean explícitos, restando el dramatismo que hubiera convertido la película en sensacionalista. Los interludios a modo de documental, con algunos testimonios ficcionados y otros reales aportan profundidad al tema y permiten la reflexión por parte del espectador.

El estilo y el tono de No tengas miedo son acertados en general. Sin embargo, la película se centra tanto en el personaje que, en ocasiones, cae en la redundancia. Se hecha en falta algún matiz en los personajes secundarios, como los de Lluís Homar y Belén Rueda, pero Armendáriz se mantiene fiel a su postura de focalizar toda la historia en Silvia, el personaje interpretado espléndidamente por Michelle Jenner cuya mirada transmite el profundo dolor de las víctimas de abusos sexuales y a la vez, la fortaleza para enfrentarse día a día con ese sufrimiento interior.

Montxo Armendáriz abre una ventana al debate sobre los abusos sexuales y otorga voz a las numerosas víctimas cuyas vidas han sido destrozadas. Lo hace con una película poética y serena, que sin embargo, transmite al espectador el sentimiento de angustia de la protagonista. Por mi parte, me hubiera gustado conocer el punto de vista del abusador, como ocurría en una de las historias de Happiness (Todd Solondz, 1998), pero aun así, No tengas miedo constituye una propuesta bastante interesante, comprometida y reflexiva dentro del panorama del cine español actual.


7/10

Daniel Muñoz Ruiz