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domingo, 22 de mayo de 2011

Carlos (2010) de Olivier Assayas



Ilich Ramírez Sánchez, actualmente cumpliendo cadena perpetua en una cárcel francesa, es la persona que pretende retratar este biopic en forma de miniserie televisiva de cinco horas y media de duración. Más conocido por el pseudónimo de Carlos, el terrorista formó parte de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y se hizo famoso por su capacidad para escabullirse de los servicios secretos de varios países que intentaron acabar con él. Desde el principio Olivier Assayas advierte que su trabajo es fruto de una investigación y que las relaciones de Carlos con los demás personajes pertenecen al terreno de la ficción. La miniserie está concebida en tres partes que cuentan los inicios de Carlos en la organización terrorista árabe, una segunda, centrada fundamentalmente en el asalto a la sede de la OPEP en Viena en diciembre de 1975 y la última parte que muestra el declive y la caída del terrorista convertido en mercenario, cuyas acciones se mueven por el afán de lucro más que por sus ideales políticos. El director francés maneja a la perfección el tempo narrativo de una historia que se acelera cuando tiene que hacerlo y se toma su tiempo en las cuestiones que requieren más reflexión, como son los diálogos casi siempre explicativos mediante los cuales se relacionan los personajes.

Carlos es un proyecto muy ambicioso. Representar veinte años en la vida del terrorista. Rodar en multitud de países diferentes (Alemania, Francia, Hungría, Yemen, Sudán, etc.). Hablada en varias lenguas (francés, inglés, árabe, alemán, ruso, etc.), ensamblando un casting brillante aunque poco conocido en la que luce por encima de todos el actor que da vida a Carlos, el venezolano Edgar Ramírez, que pone todo su cuerpo a disposición del personaje, consiguiendo una de esas interpretaciones de carácter por la que se recuerda siempre a un actor o actriz. Lograr el resultado que ha conseguido Assayas con un presupuesto de 15 millones de euros para toda la serie es digno de alabanza.

Lo más interesante de Carlos es el retrato que hace de su tiempo. La lucha armada de los países árabes, la Guerra Fría con sus tejemanejes, el desgaste de la ideología revolucionaria ante el empuje del capitalismo y la globalización. Incluso tenemos la presencia de ETA, representada por un terrorista preocupado por la compra de armas pero sin intención alguna de unirse a la lucha internacionalista que le plantea Carlos como la única postura válida para luchar contra el imperialismo. Assayas se acerca al personaje desde la neutralidad. Nunca pretende ensalzarlo, como hacen algunas películas con otras figuras históricas. Además del símbolo revolucionario, el director se preocupa por indagar en su personalidad, en el hombre que está detrás del personaje y que muestra sus ansias de fama y su enorme narcisismo. Carlos, con el paso del tiempo y la desaparición del bloque comunista, se convierte en mercenario desprovisto de ideales. El anacronismo de su papel en el juego político internacional está muy bien reflejado en el hecho de ser abandonado por sus aliados, en último lugar Siria, que les dan la espalda hasta ser entregado en Sudán donde finalmente es capturado por la DST (agencia de contraespionaje francesa) que lo conduce a Francia donde es juzgado y condenado por el asesinato de dos agentes de la DST y un informante (acontecimiento visto en la serie).

Con Carlos, Assayas parece querer decirnos que para cerrar las heridas hay que mirar al pasado. También puede verse como una crítica a la sin razón que supone utilizar el asesinato para luchar contra el capitalismo, poniéndose en una posición similar a la de los dictadores que echan mano de ellos para conservar el poder. La violencia nunca es legítima y las armas nunca resolverán los problemas. El film de Assayas no pretende ser moralista ni mucho menos. Su intención es ser lo más fiel posible a los hechos históricos y, en este sentido, ha creado una obra sobresaliente.


9/10

Daniel Muñoz Ruiz

2 comentarios:

  1. Me encanto Carlos, ya vi la serie dos veces, que buen actor es el venezolano, no?????, el killo de verdad se sabe un huevo de idiomas, y te das cuenta que según el rollo revolucionario fue pasando de moda Carlos fue cayendo en países cada vez mas chungos hasta que lo vendieron como un perro en Sudan????

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    1. Me encantó. Yo vi la mini-serie, que es mucho mejor, pues el montaje que hicieron para las salas comerciales se la cargaba pues recortaba partes importantes. Como muchos revolucionarios, Carlos perdió la cabeza y, de paso, la ideología.

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