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miércoles, 8 de junio de 2011

Le père de mes enfants (2009) de Mia Hansen-Love




Segundo largometraje de la joven directora francesa Mia Hansen-Love, que como en su primer trabajo Tout est pardonné (2007), vuelve a situar la acción dramática en el contexto de la familia y en la particularidad que supone la ausencia de la figura paternal. Si en su ópera prima esa ausencia quedaba finiquitada con el regreso del padre después de once años si ver a su hija, en Le père de mes enfants nos enfrentamos a una situación sin solución de continuidad provocada por la muerte del padre. Grégorie Canvel (Louis-Do de Lencquesaing) es un productor cinematográfico persuasivo y seductor que vive felizmente junto a su esposa y sus tres hijas. Sin embargo, su idílica vida no es lo que parece, pues su empresa productora está al borde de la bancarrota acuciada por las millonarias deudas. Grégorie no soporta la situación y opta por escapar de la vida mediante el suicido dejando tras él una sensación de vacío entre sus seres queridos que cada uno intentará ocupar de distinta forma. Su mujer Sylvia (Chiara Caselli) se ocupará de la productora sumida en plena crisis para lograr terminar los proyectos que su marido había emprendido. Su hija mayor Clémence (Alice de Lencquesaing) se refugiará en el visionado de las películas de su padre para mantener así viva su memoria. Y su mejor amigo y socio, Serge (Eric Elmosnino) ayudará a Sylvia en su propósito de liquidar la productora de la manera menos traumática posible.

Mia Hansen-Love construye su historia inspirándose en el productor francés Humbert Balsan, que produjo películas de Claire Dennis, Youssef Chahine, Béla Tarr o Lars Von Trier, y que terminó con su vida en 2005, justo antes de comenzar a trabajar en el que sería el debut de Hansen-Love. El suicidio de Balsan resultó ser un duro golpe para la joven directora que con esta película pretende reflejar en parte el carácter arriesgado y dinámico del productor pero sin decantarse por la fiel biografía. La primera parte del film adquiere un ritmo vertiginoso en sintonía con la vitalidad y el ímpetu de Grégorie fruto de un montaje acelerado que hace que los acontecimientos se desarrollen muy deprisa. Y, de repente, chocamos con un punto de inflexión (el suicidio de Grégorie), que provoca un cambio radical en el punto de vista, que pasa ahora a la familia del malogrado productor. Esta cesura en el relato es síntoma del deseo de la directora de dar más importancia a la ausencia del padre que a las motivaciones del suicidio. La película se centra en las devastadoras consecuencias de la tragedia que supone un suicidio, pero no se regodea en el dolor, al contrario, la actitud vital de la familia de Grégorie ante su ausencia resulta fortalecida y no le reprochan el hecho de haberlos abandonado, de haberse dado por vencido, sino que pretenden conservar de él los mejores recuerdos posibles. Debido a esto, el ritmo del film aminora su velocidad y nos introduce entonces en un relato íntimo e introspectivo que dominará la película hasta su conclusión.

Le père de mes enfants es un ejemplo de cine sencillo y sin pretensiones que toca la fibra sensible del espectador de manera no forzada. Mia Hansen-Love consigue impregnar su historia de esperanza a pesar de lo trágico de los hechos que se relatan. La medida puesta en escena, muy de tradición francesa, que nos remite al cine de Assayas o Desplechin, hace el resto en un film que augura interesantes presagios para la carrera de la joven directora.

8/10


Daniel Muñoz Ruiz

miércoles, 1 de junio de 2011

Tournée (2010) de Mathieu Almaric



El gran actor francés Mathieu Almaric, aclamado por sus interpretaciones en films como La cuestión humana (Nicholas Klotz, 2007), La escafandra y la mariposa (Julian Schnabel, 2008) o Un cuento de navidad (Arnaud Desplechin, 2008), vuelve a ponerse detrás de la cámara (aunque en este caso, también delante) en su tercer largometraje cinematográfico, Tournée. La película es la historia de Joachim Zand (el propio Almaric), un ex productor de televisión que en su día tuvo mucho éxito pero que en la actualidad sobrevive como manager de una compañía especial de variedades, lo que se conoce como el “nuevo burlesque”. De hecho las actrices se interpretan a sí mismas, son strippers del burlesque que interpretan sus propios números en la pantalla. Vamos conociendo a Zand poco a poco, por medio de pinceladas e informaciones confusas: primero dice que no tiene hijos, después nos enteramos que tiene dos; se intuye su ambigüedad sexual, pero más adelante se niega; parece que tiene contratados shows en ciudades importantes, pero como reconocerá él mismo, no puede aparecer por París porque le debe dinero a muchas personas.

La historia de Tournée es la de los sueños rotos, la dura realidad de darte cuenta que la vida no es como la habías pensado. Esto le ocurre a las bailarinas que, cansadas de las pocas oportunidades en Estados Unidos, se aventuran a embarcarse en una gira por Francia, con París en la mente de todas. Sin embargo, la realidad las enfrenta con actuaciones en ciudades de provincias. La película se convierte así en un viaje por lo menos “turístico” de Francia, si exceptuamos La Rochelle, escena en la que una de las chicas comenta que por fin ven algo del país, pues hasta entonces no han hecho más que viajar en trenes y dormir en hoteles de segunda clase. La troupe de artistas (en la que también encontramos un stripper masculino) se convierte progresivamente en la “familia” de Zand, quién además vivirá una aventura amorosa con Mimi (Miranda Colclasure), una de las chicas, que provocará en él una especie de catarsis al final del film, que lo libera del angustioso peso que le suponen las circunstancias de su vida.

Almaric recibió por Tournée el premio al mejor director en el Festival de Cannes de 2010. Supongo que el jurado valoró su estilo, en el que se nota la influencia de Cassavetes, aunque no tanto como en otros imitadores del director norteamericano. Almaric filma los números musicales desde bambalinas, pocas veces desde el punto de vista del espectador sentado en el patio de butacas. Además se preocupa de los ensayos y le otorga mucha importancia a una afirmación repetida por las bailarinas al productor: “es nuestro espectáculo, no el tuyo”. Sin embargo, el esfuerzo en la dirección no se ve acompañado de un guión a su medida. Parece que falte algo. Se echa de menos una mirada más íntima al productor e incluso a Mimi, cuyo tratamiento del personaje no logra la profundidad que sugiere la película. Gran parte del interés se pierde entonces en la superficialidad de las relaciones humanas. Aunque dicho esto, el film de Almaric es muy digno y presagia grandes obras como director, si su carrera como actor le permite prodigarse más detrás de la cámara. Eso sí, que no deje la interpretación, porque como actor es de los más brillantes y talentosos de su generación.


7/10


Daniel Muñoz Ruiz