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domingo, 24 de julio de 2011

La noche que no acaba (2010) de Isaki Lacuesta




Documental sobre la figura de la mítica actriz Ava Gardner, La noche que no acaba, supone una nueva incursión en la vida de una de las grandes estrellas de Hollywood, que pasó mucho tiempo en España. De hecho, la película parte del primer rodaje de la actriz en nuestro país, Pandora y el holandés errante (Albert Lewin, 1951) en Tossa de Mar, situada en plena Costa Brava, y llega al último, Harem (William Hale, 1986), telefilm que supuso unos de sus últimos trabajos y su última visita a España.

Isaki Lacuesta, uno de los jóvenes directores españoles más interesantes y estimulantes en la actualidad, se desenvuelve con mucha habilidad en el terreno documental y hace evidente la influencia del gran Chris Marker. Sin embargo, el director de la estupenda La leyenda del tiempo (2006), se enfrenta aquí a un trabajo de encargo (producido por el canal temático TCM), al que no termina de imprimir su propio estilo. El guión, escrito con su colaboradora habitual, Isa Campo, resulta interesante al principio, pero su desarrollo se torna convencional, retomando el interés justo al final, cuando se acaba la película. Una pena la limitación temporal del metraje (¿decisión del director o de TCM?). La elección de dos voces narradoras (las actrices Charo López y Ariadna Gil) supone el mayor acierto del film, pues le otorga la posibilidad de creación del diálogo que pretende con las imágenes, es decir, el diálogo entre la joven Ava Gardner y la más mayor, en el ocaso de su carrera (y de su vida). Es lo más destacable, pues lo demás, las intervenciones de personas que conocieron a la actriz, son, en su mayor parte, discursos más que conocidos, redundantes, que no aportan nada nuevo sobre el mito. Supongo que el espectador que desconozca la biografía de Ava Gardner, apreciará mejor el esfuerzo de este documental que, al ser producido por TCM (especializado en cine), funciona más como una introducción a su vida en España (sus romances, su vida nocturna, sus problemas con el alcohol) que como una pieza artística dedicada a la gran actriz que fue Ava Gardner.

Por otra parte, es elogiable el mérito del director a la hora de bucear por la gran cantidad de imágenes de archivo documental y por las imágenes de la filmografía de la actriz, una tarea cuyo resultado es notablemente satisfactorio.


El gran defecto de La noche que no acaba puede ser que acaba pronto. Te deja con la miel en los labios. Como espectador, hubiera deseado más Ava en pantalla y un toque biográfico más profundo, pues, a pesar de estar basada en el libro Beberse la vida: Ava Gardner en España de Marcos Ordóñez, los temas y anécdotas tratadas son las más conocidas por todos. El lado oscuro de la actriz sólo es tratado superficialmente, mientras que a su lado más luminoso, se le da en muchos momentos un tratamiento anodino. No sabemos que hubiera hecho otro director con este encargo, pero, a priori, Lacuesta es uno de los que mejor lo haría. El resultado final no está mal, pero, en mi opinión, La noche que no acaba supone un trabajo menor dentro de la filmografía del director gerundense que, sin duda, tiene un futuro más que prometedor en esto del arte cinematográfico.


6/10


Daniel Muñoz Ruiz

lunes, 18 de julio de 2011

Inland Empire (2006) de David Lynch





Inland Empire es una zona de Los Ángeles, al igual que Mulholland Drive, título de la anterior película de David Lynch. Ambas se desarrollan en el mundo del cine, pues sus protagonistas dan vida a actores. Y, las dos carecen de estructura narrativa convencional. El director de Montana vuelve a sorprender y a convencer a su público con este enorme film. Inland Empire es una película inclasificable. Es difícil encontrar nada parecido, a no ser que pongamos como ejemplos referentes de la propia cinematografía de Lynch, como la ya mencionada Mulholland Drive (2001), Carretera Perdida (1997) o la serie Twin Peaks (1990-91).

La película narra la historia de Nikki (Laura Dern), una actriz en horas bajas que consigue un papel importante junto a la estrella del momento, Devon (Justin Theroux). Antes de comenzar el rodaje, el director (Jeremy Irons) le cuenta a los actores la verdad sobre la película en la que van a trabajar. Se trata de un remake de una película maldita, pues los actores que la hicieron fueron asesinados. Hasta ese punto, Inland Empire resulta fácil de seguir pero entonces comienza el espectáculo Lynch. Como en Mulholland o Carretera Perdida, la protagonista se desdobla, dando lugar a varias historias paralelas e inconexas. Y ahí vuelve a sacar su gran ingenio David Lynch al construir una historia desconcertante y onírica. Nunca somos conscientes de si lo que estamos viendo es la realidad representada, un sueño, o el propio rodaje de la película en la que está trabajando Nikki. El personaje que representa Nikki, Susan, pierde la cabeza por Billy y su vida se convierte en un infierno hasta el trágico desenlace de la película. Entre tanto, Lynch siembra una serie de escenas sin sentido aparente, como la familia de conejos, o las prostitutas, que producen una profunda confusión en la trama central. También, la historia del marido de Nikki, totalmente hermético que aparece como un personaje en la película que se está rodando y que resulta ser otro punto de conexión, cuando al final lo descubrimos con la chica perdida del principio de la película. Lynch se sirve de este metalenguaje, del cine dentro del cine, como en Mulholland, para estructurar su narración temporalmente ininteligible. Pero a pesar de ser tan criptica, Inland Empire supone la quintaesencia del universo Lynch: personajes desdoblados y castigados, elementos simbólicos en enormes dosis, saltos temporales constantes, ambientes misteriosos y escalofriantes, sexualidad obsesiva…, etc.

Lynch cuenta con un equipo artístico de primera, en el que destaca su musa Laura Dern, con la que ya trabajó en Terciopelo Azul (1986) o Corazón Salvaje (1990). Se entienden perfectamente. De hecho, como reconoció el propio Lynch, la película surgió sin guión, improvisando con una cámara sobre las acciones de la actriz. En el resto del reparto encontramos actores fieles a Lynch, como Justin Theroux, Harry Dean Staton o Grace Zabrieskie, así como pesos pesados, Jeremy Irons y Julia Ormond.


El hecho de rodar con video digital transmite al resultado final de la película un carácter experimental que juega a favor de la intencionalidad desconcertadora pretendida por Lynch. Además, al rodar la mayoría del film en Polonia, e incluso algunos diálogos en polaco, aporta más confusión a la trama si cabe. Genialmente metafórica resulta la aportación de esos seres con cabeza de conejo y cuerpos humanos. La música es otro elemento fundamental en cualquier película de David Lynch y en esta ocasión, a pesar de no contar con el compositor colaborador habitual, Angelo Badalamenti, el ambiente misterioso y angustiante en ciertos momentos está plenamente conseguido.

Para terminar, el final de la película es abierto. Después de casi tres horas, Lynch necesita que el espectador le dé sentido al desenlace. Inland Empire no es una obra sencilla, no es cine comercial apto para ser consumido por todos los públicos. Es, un experimento genial y sorprendente a partes iguales. Un relato desconcertante y apabullante. Un ejercicio de imaginación e improvisación tremendo. Una obra maestra dentro del universo lynchiano, que probablemente gustará a sus seguidores y aburrirá a sus detractores. Yo, con películas como esta, me sitúo en el primer grupo.




10/10

Daniel Muñoz Ruiz