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miércoles, 28 de septiembre de 2011

Le quattro volte (2010) de Michelangelo Frammartino


Nuevamente el cine actual nos muestra que las fronteras entre la ficción y la no ficción son difusas e incluso, inseparables. Le quattro volte se mueve entre ese límite de arenas movedizas que supone el documental etnográfico y la ficción de tradición neorrealista. Su director, el italiano Michelangelo Frammartino, se sirve de la cámara para dar testimonio de la vida (y la muerte) en una remota aldea de Calabria, región del sur de Italia, y una de las menos desarrolladas de la república. Frammartino comienza su relato con humo, queriendo dejar una puerta abierta a la interpretación simbólica. Las imágenes de las hogueras de los carboneros, que serán fugaces al principio y retomadas en el tramo final del film, traen a la memoria inevitablemente la película Tasio (1978) dirigida por Montxo Arméndariz. Pero, rápidamente, la cámara centra su atención en un viejo pastor de cabras, que será el conductor del film, aunque no estemos ante una verdadera narración, pues toda la película gira en torno a la mostración más que al relato. Sin embargo, cuando parece que la película ha definido un protagonista claro, el anciano pastor, apenas transcurrida media hora, éste fallece, dejando huérfano el relato, que pivotará desde entonces entre la filmación del rebaño de cabras y los tradicionales carboneros.

Una muerte que da paso a un nacimiento, pero no de un ser humano, sino de un pequeño cabritillo, que protagonizará durante un buen rato la película de Frammartino. Durante esta etapa, Le quattro volte torna hacia el documental de la naturaleza, aunque hay que decirlo, bastante alejado de los documentales de la BBC, National Geographic o Discovery Channel. El film también da cabida a la mostración de las fiestas populares de la aldea, como la celebración de la Semana Santa, o al trabajo de los carboneros, demostrando así las influencias del documental etnográfico. Otro componente importante del film lo constituye el uso de las vistas panorámicas, aunque en varias ocasiones caiga en la tentación de enseñarnos postales preciosistas de indudable valor estético pero vacías de contenido.

Otro film que me viene a la memoria y del que podemos encontrar sus huellas, es Liverpool (2008) de director argentino Lisandro Alonso. El ritmo lento, contemplativo, el uso del fuera de campo, tanto en la imagen como en el sonido, la madera de los árboles, etc…, son varios los motivos similares que podemos percibir en Le quattro volte. Frammartino y Alonso coinciden también en sacrificar a su protagonista en beneficio de la dispersión de sus relatos.

A pesar de las virtudes, que las tiene, el film de Frammartino parece divagar sin brújula por terrenos ya transitados por muchos documentales sin conseguir llegar a la contundencia de trabajos como El cielo gira (Mercedes Álvarez, 2004) o Aita (José Mª de Orbe, 2010). Por momentos recuerda igualmente al mejor Víctor Erice, pero nos deja con la sensación de que aún le queda bastante para llegar a su nivel. Le quattro volte es el segundo largometraje de Frammartino. Va por buen camino.

7/10

Daniel Muñoz Ruiz