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miércoles, 26 de octubre de 2011

Another Year (2010) de Mike Leigh


El cine del director británico Mike Leigh nunca da la espalda a las relaciones sociales de los seres humanos y en este nuevo trabajo lo vuelve a demostrar. Después de Happy, una historia sobre la felicidad (2008), que resultaba desprender más optimismo del que a simple vista podíamos percibir, Another Year podría haber contenido el subtítulo “una historia sobre la infelicidad”, pues a fin de cuentas, Leigh no escatima en mostrarnos lo cruel que es la soledad. El tono de su película es más bien pesimista, pero no podemos dejarnos imbuir por prejuicios y pensemos que estamos ante un drama al estilo Bergman. Es eso y mucho más.

Tom (Jim Broadbent) y Gerri (Ruth Sheen) son un matrimonio en torno a los sesenta años, cuya vida parece estar instalada en la más plácida rutina, que los hace felices. Viven en una casa con jardín y, durante sus ratos libres, cultivan sus propios vegetales en un huerto. Sin embargo, su idílica vida contrasta con la crisis en la que viven algunos de sus amigos y familiares, que encuentran en ellos un apoyo reconfortante. Entre ellos destaca sin duda alguna Mary (Lesley Manville), compañera de trabajo de Gerri, mujer madura que ha malgastado su vida sentimental entre un divorcio y un hombre casado que la abandonó hace mucho y a la que parece habérsele “pasado el arroz”. Su enorme soledad no se verá mitigada con una posible relación amorosa, pues el que le gusta resulta ser un amor imposible, y a ella no le gusta su único pretendiente, el otro solitario de la historia, Kent. Estructurada en cuatro actos, que se corresponden con las estaciones del año, Another Year goza de una riqueza narrativa especial, pues cada parte va introduciendo personajes nuevos que aportan nuevas dimensiones al relato. El guión del film trabaja los diálogos con gran dinamismo, haciendo uso de los dobles sentidos en muchas ocasiones. Y no solo en los diálogos, pues las miradas también dicen mucho más de lo que aparentan. En resumen, los actores están sensacionales, lo cual no es de extrañar, pues Leigh siempre ha sido un gran director de actores.

El director de Secretos y Mentiras vuelve a realizar un film que invita a la reflexión. Desde el prólogo, en el que asistimos a una cruda escena con la genial Imelda Stauton (protagonista de El secreto de Vera Drake), sobrevuela en el espectador la sensación de estar ante un film sobre seres heridos, cuyas vidas están lejos de cualquier definición que se le quiera dar al término felicidad. Mike Leigh constituye un ejemplo de autor-cineasta honesto, comprometido, sin pretenciosidad, que sabe llegar al espectador para tocar esa fibra sensible que todos tenemos pero sin ser muy descarado. Another Year desprende un halo de nostalgia por el pasado e inspira una reflexión sobre el paso del tiempo, pues, al fin y al cabo, todos envejecemos, incluso mientras escribo y ustedes leen estas líneas, el tiempo nunca se detiene. El plano final resume ese profundo sentimiento y abre la posibilidad de distintas interpretaciones sobre el discurso que la película plantea. Con cuál quedarse es ya tarea del espectador.

8/10

Daniel Muñoz Ruiz

jueves, 13 de octubre de 2011

No habrá paz para los malvados (2011) de Enrique Urbizu


Regreso a la gran pantalla del director vasco Enrique Urbizu, que cuenta de nuevo en esta ocasión con su actor fetiche, José Coronado, como ya ocurriera en sus anteriores trabajos La caja 507 (2002) y La vida mancha (2003). El presente film, que fue presentado en el pasado Festival de San Sebastián, constituye un ejemplo perfecto de lo que falta en el cine español, buenas películas de género. No habrá paz para los malvados es un thriller enérgico, oscuro, acción pura sin renunciar a la crítica y la reflexión sobre temas espinosos. Urbizu y su co-guionista habitual, Michel Gaztambide, construyen un guión de tiralíneas, calculado al milímetro para despertar la intriga en el espectador y sacudirle como un puñetazo en el estómago. El comienzo del film es impactante, de esos que se recordarán mucho tiempo. Pero después de dejar el listón tan alto, el resto del relato se desarrolla abriendo una trama ramificada sin recurrir a flashbacks u otro tipo de recursos narrativos que faciliten la tarea. El film de Urbizu es pura narración visual, con mucha maestría y mucho temple a la hora de dosificar la información. Esta cualidad puede poner nerviosos a algunos espectadores por momentos, pero es la base sobre la que la película crece.

Como en La caja 507, José Coronado interpreta a un policía corrupto, pero en este film, Santos Trinidad no es tan “malvado” como su rol de Rafael Mazas. Aquí, Coronado da vida a un fracasado, a un anti-héroe alcohólico y asesino, que sin embargo, no duda en enfrentarse él solito a una célula terrorista, que descubre sin proponérselo. Su punto de vista dirige la narración del relato, pero alterna con el punto de vista de la juez Chacón (Helena Miquel), que investiga el triple homicidio con el que se inicia el film. De ahí, la complejidad narrativa que señalábamos antes. Coronado despliega una galería de registros muy variada y convincente, bien secundado por Helena Miquel y Juan José Artero, entre otros.

Pero No habrá paz para los malvados no es un simple film de acción, con buenos y malos, tiros y explosiones. Al igual que en La caja 507, en la que la corrupción política e inmobiliaria subyacía como detonante de la trama, aquí es el terrorismo islámico, el narcotráfico y sobre todo, la incapacidad de las fuerzas de seguridad del Estado para combatirlos eficazmente. Y no por falta de medios, sino por falta de coordinación y desinterés de los mandos, situaciones que critica el film sin concesiones. Sin duda, una vez más Urbizu demuestra que es un cineasta comprometido en la denuncia del sistema corrupto y podrido en el que se han convertido algunos estamentos de la sociedad española. Y lo hace con películas altamente entretenidas y que proporcionan al espectador emociones encontradas, desafiando su sentido de la moralidad y sin nada que envidiar a maestros del género como Robert Aldrich, Don Siegel o Samuel Fuller. Que los malvados descansen en paz, mientras veamos películas como la de Urbizu.

8/10

Daniel Muñoz Ruiz