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lunes, 12 de diciembre de 2011

Habemus Papam (2011) de Nanni Moretti


Otra vuelta de tuerca del director italiano en el discurso crítico-político sobre el que gira su cine. Aunque, más bien, en este caso yo diría que sólo media vuelta de tuerca, pues Habemus Papam se queda a medio camino de lo que podemos considerar un film político. A medio camino, pues si bien es verdad que podemos apreciar la sutileza satírica del Moretti más inspirado, la segunda parte del film diluye su intención a favor de la comedia facilona y su lucimiento personal. A pesar de esto, el film de Nanni Moretti resulta entretenido y, por momentos, hasta brillante.

El Cardenal Melville (sensacional Michel Piccoli) ha sido elegido Papa aunque nunca estuvo en las quinielas. El cónclave representado por Moretti resulta bastante gracioso, pues los cardenales actúan como si ser elegido Papa sea un gran “marrón”, y ninguno de ellos lo desea, por lo que eligen al anónimo Melville. Sin embargo, el tiro les sale por la culata y el recién elegido Sumo Pontífice cae en una profunda depresión al no soportar la responsabilidad que se le viene encima. Para intentar arreglar el desavío, los responsables del Vaticano echan mano de un reputado psicoanalista que, como no iba a ser de otro modo, interpreta el propio Moretti, profesión que también desarrolló en Caro Diario (1993) y La habitación del hijo (2001). Uno de los momentos más cómicos y conseguidos del film es la llegada del doctor a la sede vaticana y sus infructuosos intentos por tratar al paciente como es debido. En este tramo inicial del film, los diálogos son ingeniosos y las situaciones que provocan se vuelven desternillantes. La secuencia del saludo del nuevo Papa a su Guardia Suiza en el jardín, sin diálogos, da muestra de la capacidad del director italiano para hacernos reír con lo más mínimo.

Moretti no pretende ser irreverente en ningún momento, pero, a veces, banaliza en demasía algunos aspectos protocolarios con la intención de criticarlos, aunque no lo consigue. Pasado el ecuador del film, la historia se convierte en un drama sobre la crisis de identidad del ser humano, a la que no escapa nadie, ni siquiera el representante de Dios en La Tierra. Así, Moretti quiere humanizar a los máximos dirigentes de la Iglesia Católica, aunque sea denunciando el “teatro” que supone la institución vaticana, analogía que introduce con la representación de una obra teatral de Chéjov a la que asiste el nuevo Papa de incógnito. También, una surrealista competición de voleibol entre los cardenales y orquestada por el psicoanalista Moretti, servirá para humanizarlos, aunque, en mi opinión, bordea los límites de lo sainetesco. Prefiero quedarme con la melancolía del Papa Melville, que como ser humano antes que divino, no puede con la responsabilidad que le ha sido asignada.

Habemus Papam puede leerse como una película que desprende cierto cariño por la Iglesia Católica, pues los personajes creados por Moretti son entrañables. Sin embargo, subyace una floreciente crítica que apenas ha sido explorada. El film, a pesar de su calidad, deja la sensación de ser muy conservador. Pero, como todo autor, debemos considerarlo como El Vaticano según Moretti, y su visión no está nada mal.


7/10

Daniel Muñoz Ruiz

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