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jueves, 15 de diciembre de 2011

Melancolía (2011) de Lars von Trier




Uno de los directores más polémicos de las últimas décadas vuelve al ruedo cinematográfico con una obra que cumple las expectativas, tanto las de sus seguidores como las de sus detractores. Lars von Trier continúa la senda de su discurso apocalíptico iniciado con Anticristo (2009), aunque esta vez de forma no tan explícita. De hecho, Melancolía puede contemplarse como la otra cara de un díptico sobre el dolor, el sufrimiento, el fin y la nada. Tras un prólogo de unos ocho minutos, con unas imágenes que suponen un ejercicio formal y estético digno de los mejores artistas plásticos, complementado con un contrapunto operístico, Von Trier estructura su obra en dos historias casi independientes, si no fuera porque intervienen las mismas protagonistas. Así, el film está dividido en dos relatos, cada uno de los cuales toma el punto de vista de una de las hermanas protagonistas.

Justine (Kristen Dunst) y Claire (Charlotte Gainsbourg) son dos hermanas en principio, muy diferentes. Justine lo tiene todo en apariencia: asombrosa belleza, éxito laboral y un novio ideal (Michael, interpretado por Alexander Skarsgard). Sin embargo, no puede ser feliz. La depresión se apodera de su ser y en el supuesto día más feliz de su vida, su boda, termina de hundirse en la más profunda tristeza. Esta primera parte, la de la boda, recuerda muy sospechosamente al film Celebración (Festen, 1998) de otro socio fundador del Dogma 95, Thomas Vinterberg. Una celebración familiar que saca a la luz los más oscuros sentimientos entre los parientes. Es la parte más interesante de la película y en la que Kristen Dunst demuestra sus grandes dotes interpretativas, que le valieron el reconocimiento en forma de Premio a la Mejor Actriz en el pasado Festival de Cannes. El director danés no explica de dónde proviene la angustia vital de Justine, pero a través del conocimiento de los personajes que forman su familia, podemos llegar a la conclusión de que la disfuncionalidad mental de Justine es una cuestión de genética. La segunda parte del film, la que gira en torno al posible choque del ficticio planeta Melancolía con La Tierra, está narrado desde el punto de vista de la otra hermana, Claire, que nos había sido presentada como una mujer equilibrada, fría y controladora, pero que, ante tal potencial cataclismo, pierde igualmente la cabeza, como su hermana Justine.

Fiel a su estilo de realización, Von Trier recurre a la cámara en mano, los continuos zooms y desenfoques, que en ocasiones resultan demasiado gratuitos y dificultan la narración. Pero hay que aceptar esta huida del academicismo como parte esencial de la estética del director danés. En otro sentido, es digno de admirar su labor en la dirección de actores, concretamente en las actrices, de las que consigue sacar lo mejor, no solo en este film, sino en todas sus películas. Mención especial merece su manera de filmar a Kristen Dunst con su vestido de novia, desprendiendo voluptuosidad y sexualidad como nunca antes la habíamos visto en la gran pantalla.

En definitiva, Melancolía es un paso más en su controvertida filmografía. Un peldaño más en su teoría pesimista sobre la vida y la condición humana, aunque algo más irregular que en anteriores trabajos. Eso sí, dejando a un lado la historia, que puede resultar algo exagerada, visualmente nos encontramos ante una obra sobresaliente.


8/10


Daniel Muñoz Ruiz

1 comentario:

  1. Con una sinceridad poética, “Melancolía” expone los rituales vacíos a los que llamamos “realidad” y nos enfrenta a las eternas cuestiones de nuestra extinción y de si estamos solos en el universo.
    Íntima, visualmente mágica y sutilmente asombrosa, esta danza de la muerte tiñe la realidad de una fantasía nítida.
    Reseña completa: http://www.aintervalos.com/2011/12/melancolia-2011.html

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