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viernes, 2 de marzo de 2012

Shame (2011) de Steve McQueen


Las adicciones que pueden padecer los seres humanos siempre causan dependencias físicas y psíquicas en mayor o menor grado, convirtiendo la vida del adicto en una verdadera esclavitud. Brandon Sullivan (Michael Fassbender) es un ejecutivo residente en New York cuya vida está supeditada al sexo. Necesita sexo a todas horas. Es un adicto. Y como todo adicto, sea a la heroína, al alcohol, al juego, etc., el efecto placentero se desvanece rápidamente una vez consumido y siempre se necesita más. Shame, el segundo largometraje del director británico Steve McQueen explora sin cortapisas y con una crudeza devastadora el problema de la adicción sexual. Brandon vive su condena con sufrimiento. A pesar de su gran atractivo, que hace que ligue con facilidad, su adicción es tan feroz que no duda en masturbarse compulsivamente o en acudir a prostitutas para satisfacer sus deseos. La visita de su hermana Sissy (Carey Mulligan) no hará más que complicar las cosas para Brandon, pues tendrá que lidiar con otra enfermedad, la depresión, a la que Sissy parece haber convertido en su infatigable compañera durante toda su vida. Sólo la posibilidad de mantener una relación medio amorosa con su secretaria (Nicole Beharie) hará divisar a Brandon un pequeño resquicio de salida a su problema pero, sin embargo, únicamente conseguirá hacer patente su impotencia para manejar la situación.

McQueen, que ya logró estremecernos con la brutal y descarnada Hunger (2008), vuelve a valerse de un actor en estado de gracia como Michael Fassbender para construir un personaje a través del que mostrarnos las interioridades del ser humano inclinado hacia lo oscuro de la vida. El trabajo de Fassbender es sensacional pues consigue transmitirnos todo ese dolor del adicto que vive su infierno día tras día. También el personaje de su hermana Sissy y la historia que porta a sus espaldas, reforzará ese sentimiento de pérdida y desesperación que transmite constantemente Shame.

Digno de destacar es el estilo visual que imprime McQueen a su puesta en escena. El espacio, tanto interior como los exteriores de la ciudad de Nueva York, son trabajados con gran maestría, sobre todo, y cualquiera que vea la película se dará cuenta inmediatamente, los espejos y el mobiliario son filmados de tal forma que adquieren mucho significado en el conjunto de la historia. La fotografía también es un componente a tener muy en cuenta pues realza las emociones con sus tonos fuertemente contrastados. Igualmente, los movimientos de cámara usados por el director británico, especialmente los largos travellings, resultan ser marcas fundamentales en su concepto artístico autoral.

Seguramente los detractores de Shame argüirán que el film contiene muchos desnudos gratuitos y que se da una imagen de la mujer muy sexista y, como he leído por ahí, hasta se justifica como esclava sexual. Primero, el sexo en Shame es la base del relato y por tanto sería descabellado autocensurarse y no mostrar genitales en pantalla. Segundo, la imagen de la mujer que se da corresponde a la imagen que tiene de ellas Brandon, el protagonista adicto. Por tanto, si algún espectador extrapola eso del film, es que no lo ha entendido bien. Finalmente y por comentar algún aspecto que no me haya gustado tanto, mencionaría el guión, que en ocasiones se permite alguna licencia poco creíble, como el recurso a la homosexualidad. Pero esto no hace mucho mal a este sobresaliente drama sobre la adicción al sexo.


9/10


Daniel Muñoz Ruiz

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