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jueves, 19 de abril de 2012

Grupo 7 (2012) de Alberto Rodríguez


Sevilla, finales de la década de los ochenta. La ciudad se prepara para organizar la Expo’92, un gran acontecimiento que cambió radicalmente la fisonomía de la ciudad. Ángel (Mario Casas) es un policía novato que trabaja en el Grupo 7, una patrulla especial dedicada a la lucha contra el narcotráfico. Su misión: limpiar la droga del centro de la ciudad antes de la inauguración de la Exposición. Rafael (Antonio de la Torre), un policía veterano, torturado y extremadamente violento, acogerá bajo su brazo al joven Ángel, que aprenderá los controvertidos métodos empleados por el grupo. Alberto Rodríguez, director de origen sevillano, sabe muy bien lo que tiene entre manos. Su estilo narrativo nada tiene que envidiar al cine de acción americano, dominador de las taquillas de todo el mundo. Grupo 7 constituye un magnífico ejercicio de thriller policial que deja sin respiración como un puñetazo al estómago. Sin los medios propios del cine hollywoodiense, Rodríguez se las ingenia para construir un film duro, realista, poco convencional y que se recordará con el paso del tiempo. Y a ésto lo podemos llamar simple y llanamente talento, algo de lo que últimamente no anda sobrado el cine patrio.
Junto a Enrique Urbizu (La caja 507 y No habrá paz para los malvados), Alberto Rodríguez parece ser la gran esperanza española del género negro, tratado siempre desde una perspectiva muy personal, diría que casi autoral. El guión, escrito como en sus últimos trabajos, con Rafael Cobos, es sensacional pues, respetando las estructuras tradicionales, en ningún momento resulta pesado ni encorsetado y tampoco recurre a giros bruscos con la intención de sorprender al espectador. Grupo 7 plantea el dilema moral que produce el “todo vale” en la lucha policial contra la droga. El universo lumpen sevillano de finales de los 80 es retratado por el film de forma cruda pero nunca exhibicionista ni sensacionalista. Ejemplo de ello es que en toda la película no vemos a nadie consumiendo droga. A pesar de los números yonkis que pueblan el relato, Rodríguez evita la más que manida imagen del drogadicto chutándose, dato a elogiar sin duda. Igualmente, el film tiene ese aroma cañí del cine quinqui que realizaron directores como Carlos Saura y Eloy de la Iglesia en los años 80.
El elenco artístico con el que trabaja Rodríguez deja el listón bien alto. Desde Mario Casas, que logra superar su cara de niño bueno y compone el mejor personaje de su, todavía, corta carrera, hasta el genial Antonio de la Torre que, en mi opinión es el mejor actor español en la actualidad, pasando por los personajes secundarios, tanto masculinos: Julián Villagrán, José Manuel Poga y Joaquín Nuñez; como los femeninos (aunque sean más cortos): Lucía Guerrero, Estefanía de los Santos e Inma Cuesta. La fotografía de Álex Catalán, uno de los mejores del cine español, consigue transmitir la tensión que provocan las secuencias más movidas y en los momentos más íntimos se “luce” con los claroscuros.
Grupo 7 debería ser una de las películas españolas más relevantes del año. Esperemos que vaya bien en taquilla y los productores se animen a confiar en jóvenes y talentosos directores como Alberto Rodríguez, que no renuncia a su autoría ni se pliega a la complacencia comercial, como lleva demostrando con films como 7 Vírgenes (2005)o la incomprendida pero para mí muy notable After (2009). Comparando el cine español con la NBA, podemos afirmar que estamos ante “la gran esperanza blanca”.

8/10
Daniel Muñoz Ruiz

4 comentarios:

  1. Ostras... No sabía que era el mismo director de After, a mi me encantó cuando la vimos en Madrid. No las tenía todas conmigo con que te fuera a gustar Grupo 7.

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  2. Pues me ha encantado. Reconozco que el haber estado ambientada en Sevilla me ha llegado de manera especial. No sólo me gustan las pelis aburridas, ya lo sabes ;)

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  3. Genial tener este blog para leer tus opiniones Dani!! ¿Que tal te va la vida? Un abrazo! Josué

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  4. Josué, ¿has visto Alps? Es la última del director de Canino. Yo la vi en el Festival de Sevilla y me dejó impactado. Es más rara aún que Canino. Un abrazo!

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