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jueves, 31 de mayo de 2012

Sombras tenebrosas (2012) de Tim Burton



No cabe duda de que Tim Burton ha sido uno de los directores importantes en el cine hollywoodiense de finales del siglo XX. Su poderoso estilo visual y la originalidad de sus narraciones lo convirtieron en un director idolatrado por medio mundo. Sin embargo, parece que desde aquella obra maestra titulada Big Fish (2003), el director californiano no da pie con bola. Su filmografía parece una montaña rusa donde coexisten grandes trabajos con enormes fiascos. En esta última categoría podemos encuadrar su más reciente film, Sombras tenebrosas (Dark Shadows), que demuestra una vez más el colapso creativo que sufre.

Adaptación de una serie televisiva norteamericana de los años 70, Sombras tenebrosas es la historia de Barnabas Collins (Johnny Depp), un vampiro aristócrata que despierta en 1972 tras casi dos siglos de forzado letargo. Sus lejanos descendientes, capitaneados por Elisabeth Collins (Michelle Pfeiffer) ayudarán al excéntrico vampiro a recuperar el otrora próspero negocio familiar y de paso vengarse de la malvada Angelique Bouchard (Eva Green), causante del confinamiento de Barnabas al sentirse profundamente despechada por el chupasangre. El conflicto está servido y resultará tremendamente aburrido, pues Burton demuestra un total desprecio por la narración coherente y parece que sólo quiere hacer lucir a su amigo Depp, que por otro lado, está bastante irregular, soso, desganado, en una palabra, intranscendente. El actor fetiche de Burton está muy lejos de sus mejores interpretaciones, de las que en sus últimos films destacaría únicamente su rol en Sweedy Todd, el barbero diabólico de la calle Fleet (2007). Los demás miembros del elenco artístico (Pfeiffer, Green, Bonham Carter, Lee Miller, etc.) son meras comparsas sin ningún peso específico en una trama que no se dirige a ninguna parte. Y resulta una pena contar con tan buenos actores para desaprovecharlos de esa manera.

Sombras tenebrosas no es una comedia, aunque intente hacer reír con las situaciones disparatadas que vive el vampiro protagonista. Tampoco es una película de terror, a pesar de la sangre y el ambiente gótico que tanto le gusta a Burton. Del mismo modo, tampoco podemos considerarlo un drama pues no emociona en ningún momento. Sería una decente película infantil si Burton hubiera tenido la intención de entretener, pero ni siquiera eso sucede con este film. Quizás, lo único destacable es el aspecto técnico. La dirección artística es bastante meritoria, así como la fotografía y los efectos especiales, pero a una peli con tan elevado presupuesto y pretensiones artísticas, hay que pedirle mucho más que un deslumbrante trabajo de postproducción. La música, firmada por su colaborador habitual, Danny Elfman, no aporta mucho al mediocre conjunto. Finalmente, flaco favor le hace a la narración la excesiva duración del metraje, unas dos horas, que en la sala de cine parecen el doble. Otra licencia que se toma Burton y que condena al film sumergiéndolo en un abismo de aburrimiento.

En fin, espero que Burton recapacite y logre dirigir su carrera hacia otro rumbo, o por lo menos hacia algún rumbo, porque Sombras tenebrosas demuestra que su cine se encuentra perdido, sin dirección, fruto de una fórmula agotada.



3/10


Daniel Muñoz Ruiz

sábado, 12 de mayo de 2012

Las nieves del Kilimanjaro (2011) de Robert Guédiguian




El cine del director francés Robert Guédiguian siempre ha fijado su preocupación por los temas sociales y políticos que son el motor de sus historias. En Las nieves del Kilimanjaro (nada que ver con la obra de Ernest Heminway), Michel (Jean-Pierre Darrousin) es un líder sindical que, ante la necesidad de despedir a veinte trabajadores por sorteo, decide incluirse a sí mismo en ese juego de azar que depara su salida de la empresa de astilleros de Marsella, ciudad donde Guédiguian vuelve a situar su relato, como en la mayoría de sus películas. El aguerrido sindicalista y honrado obrero se resigna ante su prejubilación, eso sí, con la beneficiosa indemnización que trae consigo. Pero otros no tienen la misma “suerte”. Son los jóvenes que llevaban poco tiempo trabajando los que sufren las consecuencias de la política de despidos que les arrastra hacia un futuro incierto, pero seguramente adverso. Un futuro, el que estamos viviendo en estos momentos en Europa y especialmente en España, donde el paro laboral entre la población juvenil causa estragos en los estratos sociales más pobres. Y es en ese mundo proletario donde Guédiguian pretende introducir al espectador desde una óptica nada maniquea. Marie-Claire (Ariane Ascaride), la esposa de Michel, apoyará su decisión, alabando su honestidad e integridad para con sus ideas, que ha mantenido durante muchos años de su vida. Su cuñado y a la vez compañero de trabajo, Raoul (Gérard Meylan) no estará de acuerdo e intentará en vano que cambie de opinión. Pero la decisión está tomada y Michel se muestra feliz en su nueva vida, máxime cuando recibe el cariño de sus ex-compañeros, amigos y familia, que en su aniversario de bodas le preparan una gran fiesta y le regalan un viaje a África para ir con Marie-Claire.

Hasta ahora todo parece idílico a pesar del drama que supone el despido. Sin embargo, un hecho traumático, un violento asalto que sufren en su vivienda, hará cambiar las ideas del matrimonio. La seguridad y el bienestar serán puestos en duda. Unos proletarios que se han convertido en lo que siempre han combatido: pequeños burgueses. Michel y Marie-Claire comenzarán a replantearse el camino elegido y, al descubrir el porqué del asalto sufrido, abrirán sus corazones hacia la solidaridad con el prójimo, algo que no entenderán sus hijos, que pertenecen a una generación más acomodada que la de sus padres. Ese es el reto que plantea Guédiguian, que el espectador reflexione sobre los problemas sociales que provocan las desigualdades. Por el tratamiento social, el tema del paro, el film recuerda mucho a la notable película española Los lunes al sol (Fernando León de Aranoa, 2002), pero con un tono bastante menos dramático.

En definitiva, el último trabajo de Guédiguian continúa con la estela del cine social, militante, pero en esta ocasión desde un punto de vista más emocional pero igualmente efectivo en su misión de agitar conciencias. Sus actores de siempre dan vida a unos personajes que destacan por su humanidad y solidaridad. Un film sobrio en su puesta en escena, que sin embargo, constituye una interesante y entretenida narración, llegando a emocionar al espectador, aunque como en toda película, con toda seguridad habrá quienes no se sientan identificados con ella.


8/10


Daniel Muñoz Ruiz