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sábado, 12 de mayo de 2012

Las nieves del Kilimanjaro (2011) de Robert Guédiguian




El cine del director francés Robert Guédiguian siempre ha fijado su preocupación por los temas sociales y políticos que son el motor de sus historias. En Las nieves del Kilimanjaro (nada que ver con la obra de Ernest Heminway), Michel (Jean-Pierre Darrousin) es un líder sindical que, ante la necesidad de despedir a veinte trabajadores por sorteo, decide incluirse a sí mismo en ese juego de azar que depara su salida de la empresa de astilleros de Marsella, ciudad donde Guédiguian vuelve a situar su relato, como en la mayoría de sus películas. El aguerrido sindicalista y honrado obrero se resigna ante su prejubilación, eso sí, con la beneficiosa indemnización que trae consigo. Pero otros no tienen la misma “suerte”. Son los jóvenes que llevaban poco tiempo trabajando los que sufren las consecuencias de la política de despidos que les arrastra hacia un futuro incierto, pero seguramente adverso. Un futuro, el que estamos viviendo en estos momentos en Europa y especialmente en España, donde el paro laboral entre la población juvenil causa estragos en los estratos sociales más pobres. Y es en ese mundo proletario donde Guédiguian pretende introducir al espectador desde una óptica nada maniquea. Marie-Claire (Ariane Ascaride), la esposa de Michel, apoyará su decisión, alabando su honestidad e integridad para con sus ideas, que ha mantenido durante muchos años de su vida. Su cuñado y a la vez compañero de trabajo, Raoul (Gérard Meylan) no estará de acuerdo e intentará en vano que cambie de opinión. Pero la decisión está tomada y Michel se muestra feliz en su nueva vida, máxime cuando recibe el cariño de sus ex-compañeros, amigos y familia, que en su aniversario de bodas le preparan una gran fiesta y le regalan un viaje a África para ir con Marie-Claire.

Hasta ahora todo parece idílico a pesar del drama que supone el despido. Sin embargo, un hecho traumático, un violento asalto que sufren en su vivienda, hará cambiar las ideas del matrimonio. La seguridad y el bienestar serán puestos en duda. Unos proletarios que se han convertido en lo que siempre han combatido: pequeños burgueses. Michel y Marie-Claire comenzarán a replantearse el camino elegido y, al descubrir el porqué del asalto sufrido, abrirán sus corazones hacia la solidaridad con el prójimo, algo que no entenderán sus hijos, que pertenecen a una generación más acomodada que la de sus padres. Ese es el reto que plantea Guédiguian, que el espectador reflexione sobre los problemas sociales que provocan las desigualdades. Por el tratamiento social, el tema del paro, el film recuerda mucho a la notable película española Los lunes al sol (Fernando León de Aranoa, 2002), pero con un tono bastante menos dramático.

En definitiva, el último trabajo de Guédiguian continúa con la estela del cine social, militante, pero en esta ocasión desde un punto de vista más emocional pero igualmente efectivo en su misión de agitar conciencias. Sus actores de siempre dan vida a unos personajes que destacan por su humanidad y solidaridad. Un film sobrio en su puesta en escena, que sin embargo, constituye una interesante y entretenida narración, llegando a emocionar al espectador, aunque como en toda película, con toda seguridad habrá quienes no se sientan identificados con ella.


8/10


Daniel Muñoz Ruiz  

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