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martes, 19 de junio de 2012

Control (2007) de Anton Corbijn



Ian Curtis fue el líder del mítico grupo británico post-punk Joy Division. Se suicidó en mayo de 1980 con tan sólo 23 años. Ahí comenzó la leyenda. Control es el primer largometraje del director de videoclips musicales holandés Anton Corbijn, responsable de crear la imagen de grupos como U2 o Depeche Mode. Y nadie como él para firmar un biopic sobre Ian Curtis, pues lo conoció y fue un gran admirador suyo en sus últimos momentos.

La primera parte del film es bastante expositiva. Retrata a Curtis como un joven introspectivo y callado. Un tímido con ganas de ser diferente como desea serlo cuando se mira al espejo, imagen que recuerda al adolescente de C.R.A.Z.Y. (Jean-Marc Vallée, 2005), que quiere ser David Bowie. Pasada esa etapa, con el grupo Joy Division ya formado, la película se focaliza completamente en Ian, en sus ataques esquizofrénicos y en sus problemas sentimentales. Control nos describe a un ser hipersensible, al que casi todo le provoca daño emocional, que refleja en sus letras de canciones. Un ser que vive apartado de todos, como bien reflejan las secuencias en las que evita el contacto con su mujer en el domicilio conyugal. Es la historia de destrucción de una joven vida, una flor que se marchita empujada por el déficit emocional que padece.

Es de suponer que debido a que Control es la adaptación de la biografía escrita por la viuda de Curtis (que también ejerce de productora), no muestra con más fondo cómo era su vida en las giras y la relación extramarital con Annika Honoré, que podría haber contribuido a darle cuerpo a la trama de la ficción biográfica. Sin embargo, las actuaciones en directo son bastante meritorias y hay que destacar al actor que da vida a Curtis, Sam Riley, verdadero descubrimiento del film. Riley imita a la perfección al cantante británico en sus compulsivos movimientos sobre el escenario. También debido a la procedencia de la adaptación, el personaje de su mujer está bastante dimensionado, algo que es de agradecer porque Samantha Morton dota al personaje de Deborah Curtis de intensos matices dramáticos en una interpretación redonda. La necesaria y elegante fotografía en blanco y negro es igualmente un hecho a destacar así como la pausada puesta en escena (obviando las actuaciones musicales).

Sin embargo, Control no deja de ser un biopic al uso sobre una figura mitificada. Nada que ver con lecturas más arriesgadas como Last Days (Gus Van Sant, 2005) sobre los últimos días de Kurt Cobain, otro mártir del rock. Corbijn no es tan innovador ni quiere en ningún momento transgredir las fronteras del narrador. Se conforma con intentar crear un fiel retrato del que (pudo) ser Ian Curtis. Sin duda es una película muy atractiva para los admiradores de Curtis y Joy Division (entre los que me incluyo), sobre todo en las actuaciones en directo, pero dudo mucho que alguien que no los conociese pueda concebir esta película más allá del drama de un oscuro ser humano superado por la presión de la fama y su desastrosa vida sentimental. A pesar de eso, es una opción bastante recomendable.



8/10

Daniel Muñoz Ruiz

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