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sábado, 30 de junio de 2012

Las malas hierbas (2009) de Alain Resnais




El maestro del cine francés Alain Resnais cumplió 90 años el pasado 3 de junio. Tenía algunos años menos cuando realizó Las malas hierbas y sin duda, para el aficionado al cine, no necesitará presentación. Coetáneo de la Nouvelle Vague pero poseedor de un estilo muy personal y una forma de narrar más compleja, Resnais es responsable de títulos fundamentales para entender la modernidad cinematográfica tales como Hiroshima mon amour (1959) o El año pasado en Marienbad (1961). Éste es su último trabajo estrenado hasta la fecha en España, que nos llega muy tarde, como casi siempre, pero no por ello pierde un ápice de frescura. El director francés recupera la esencia de sus ficciones, una historia de amour fou con elementos surrealistas y personajes que bordean la frontera de la locura. Marguerite Muir (Sabine Azéma, actriz habitual en los últimos films de Resnais) es una dentista cuarentona, fantasiosa y un poco taciturna, que tras sufrir el robo de su cartera, con toda su documentación, conoce a Georges Palet (André Dussolier, otro habitual), hombre de mediana edad, casado, parado y con tendencia al comportamiento obsesivo. Tal disfunción será la que le llevará hasta el límite del acoso con tal de conocer a Marguerite y que ésta le agradezca el hallazgo y posterior devolución de su cartera. A partir de aquí, los sentimientos de la pareja protagonista transitarán entre el amor pasional, el rechazo, la locura y la obsesión, sin que podamos atribuirlo a una causa determinada. Además, el film cuenta con secundarios de lujo como Mathieu Almaric, Emmanuelle Devos y Anne Consigny que aportan excelentes réplicas humorísticas a los protagonistas, elevando el tono interpretativo general que es uno de los puntos fuertes de la película.

Toda obra cinematográfica requiere por parte del espectador un esfuerzo para completar su significación. Cierto es que en la mayoría de las películas comerciales, este esfuerzo es mínimo dada la profunda convención narrativa alcanzada por el modelo mainstream. Resnais siempre ha necesitado la complicidad del espectador. Sus films requieren de una mirada liberada, prescindiendo de la lógica. Mirar más bien con el corazón que con el cerebro. Y es así como se puede descubrir la belleza esencial de Las malas hierbas, cuyo objetivo nos es ser consumida desde el punto de vista de la razón sino ser sentida, vivida como la locura amorosa de la que son presa el dúo protagonista. Si el espectador se posiciona inamoviblemente en la razón, el film le resultará incomprensible y absurdo. El director de Noche y niebla (1955) vuelve a recurrir a su pericia en el arte del montaje, junto al cotizado montador Hervé de Luze, para construir un relato complejo, que rezuma poesía en cada una de las imágenes. Parte de la culpa la tiene el director de fotografía Eric Gautier, que ya trabajó con él de forma más expresionista si cabe en Asuntos privados en lugares públicos (2006), film al que Las malas hierbas le debe algo. La enigmática música de Mark Snow (presente también en Asuntos…) contribuye a dar al conjunto el componente fantástico tan particular de la obra.

Nuevamente, Alain Resnais firma una obra muy personal estilísticamente, que hará las delicias de los seguidores del cine menos convencional, pero que desatará la ira y la incomprensión entre los espectadores más conservadores, que con toda seguridad, no le verán la gracia.



8/10


Daniel Muñoz Ruiz

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