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martes, 7 de agosto de 2012

El mundo es nuestro (2012) de Alfonso Sánchez




Siempre he pensado que contar con un presupuesto ajustado (en este caso, muy ajustado), despierta la imaginación de los cineastas, que deben sacarle el máximo partido a los escasos recursos. En un año donde hemos visto Batman, Spiderman, Los Vengadores, etc., toparse con dos personajes como El Culebra y El Cabeza, que pretenden luchar contra la injusticia social de una manera cuanto menos peculiar, supone una brisa de aire fresco para el panorama cinematográfico actual. El mundo es nuestro, supone el debut en el largometraje del director sevillano Alfonso Sánchez, que cuenta con un amplio bagaje como actor y que alcanzó cierta popularidad con sus creaciones cómicas en internet,  perpetradas junto a su “socio” Alberto López. Ambos dan vida a esta pareja que bordea los límites de la marginalidad y que se convertirá en altavoz de las clases más desfavorecidas. Pero, para los que crean que podría tratarse de un sketch en forma de largometraje, tengo que decirles que se equivocan por completo. La película es una comedia ágil, enérgica y muy divertida. Las situaciones cómicas se suceden sin dar respiro al espectador y, aunque algunos de los gags pueden resultar demasiado localistas, la comprensión del discurso (siempre desde el buen sentido del humor) es bastante nítida y precisa.

El mundo es nuestro constituye un rara avis dentro del cine español con vocación autoral, casi siempre dispuesto a explorar introspectivamente al ser humano. Este film se expande hacia el exterior, tiene la pretensión de llegar al espectador apelando a su sentido colectivo y no individual. Y lo hace por medio de un reparto muy coral de los personajes secundarios, cada uno de los cuales representa a un colectivo o prototipo determinado, ampliando así la mirada crítica de la película sobre la actual situación de crisis económica y la injusticia social que ésta provoca. Alfonso Sánchez recoge el espíritu de Berlanga para retratar unos personajes que destilan carácter sainetesco en su gran mayoría. 

En el aspecto técnico, el film intenta voluntariosamente salvar todos los obstáculos que impone el reducido presupuesto de la producción, pero a veces, resulta imposible y prueba de ello son los numerosos desenfoque provocados seguramente por la falta de tiempo de rodaje y la inviabilidad de realizar más tomas. Igualmente, el sonido es bastante mediocre. Encontramos múltiples fallos de doblaje que lastran algunas de las situaciones más divertidas del film. La fotografía tampoco destaca por su espectacularidad. Es más bien pobre y sin emoción. Sin embargo, el montaje es muy bueno, mostrándose como una de las piezas básicas de la calidad de la película junto a los diálogos con chispa que pueblan todo lo largo y ancho del guión. Pero bueno, no todo es técnica en esto del cine y el espectador debe ser consciente de que las dificultades económicas hacen descuidar algunos aspectos de la película y, en este caso ha sido más el técnico que el artístico, cosa lógica, pues no estamos ante una gran superproducción que pretenda impresionar a la audiencia por medio de las imágenes y los efectos especiales.

Alfonso Sánchez y todo su equipo son el ejemplo perfecto de que talento, voluntad y esfuerzo pueden suplir al dinero en la tarea de confeccionar una película entretenida y muy digna. Muchos cineastas españoles deberían de aplicarse el cuento y mirarse en el espejo de este joven director sevillano.




7/10


Daniel Muñoz Ruiz

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