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jueves, 16 de agosto de 2012

Moonrise Kingdom (2012) de Wes Anderson




Cualquier espectador familiarizado con el cine de Wes Anderson, reconocerá su mano desde la primera secuencia de Moonrise Kingdon (ya característico movimiento de cámara para describir y situar el espacio de la acción), pues ésta, su última película hasta la fecha, puede ser considerada como la esencia pura del universo creativo del director tejano. Como buen autor autorreferencial, Anderson vuelve a crear un microcosmos particular en el que los personajes parecen adoptar actitudes y comportamientos parecidos a los de otras de sus creaciones como Los Tenenbaums. Una familia de genios (2001) o Life Aquatic (2004). Ambientada en los años 60,  en una ficticia isla que podríamos suponer situada en Nueva Inglaterra, Moonrise Kingdom narra la historia de amour fou de dos preadolescentes, Suzy (Kara Hayward) y Sam (Jared Gilman), cada uno con una historia detrás que los hace ser marginados, bueno, más bien les hace ser unos “bichos raros”. Suzy tiene problemas para controlar su temperamento y mantiene una relación de lo más tensa con sus padres (Bill Murray y Frances McDormand). Sam, huérfano que vive con una familia de acogida, pertenece a un grupo de boy scouts en el que sus compañeros le hacen el vacío debido a su peculiar personalidad. Ambos encontrarán en el otro su alma gemela y surgirá el amor, un amor inocente, por mucho que los adultos no lo vean del mismo modo, pues ambos tienen apenas doce años de edad. La decisión de huir juntos de sus respectivos espacios opresores les proporcionará la ansiada libertad para vivir una experiencia iniciática en el tema sentimental.

Anderson cuida de nuevo al máximo sus preferencias estéticas. La fotografía, los colores, los homenajes literarios, las referencias musicales, los símbolos de cierta cultura popular, etc., todo pensado y preservado hasta el más mínimo detalle. Junto a los delicados movimientos de cámara, los zooms y los medidos encuadres, hacen de Moonrise Kingdom un verdadero caramelo visual, estéticamente muy refinado. Respecto a la narración, Anderson se toma su tiempo para comenzarla. Sin prisa, va acelerando el ritmo hasta un tercer acto un poco atolondrado pero climático hasta la extenuación. El uso del flashback está justificado en las ocasiones que recurre a ello y la presencia de un narrador que se inscribe dentro del relato, es otra de las marcas de la casa de su cine. El reparto de secundarios de lujo, a los nombres antes mencionados hay que añadir los de Edward Norton, Bruce Willis, Harvey Keitel, Tilda Swinton y Jason Schwartzman y la elegante y acertada partitura del compositor francés Alexandre Desplat, suponen sólidos argumentos a favor del notable resultado del film.

Con Moonrise Kingdom, Wes Anderson vuelve al humor inteligente, en un relato que realiza una inmersión por las turbulentas aguas del primer amor, para brindarnos un film que supone la depuración de su personal estilo y que hará reír, llorar, emocionarse al espectador. Tras su experiencia en el cine de animación con Fantástico Sr. Fox (2009) y, la algo más floja Viaje a Darjeeling (2007), vuelve a tomarle el pulso a su carrera con un gran film. Sin duda, unos de los directores independientes americanos más creativos de su generación, junto a nombres como Spike Jonze, Darren Aronofsky o Paul Thomas Anderson.



8/10


Daniel Muñoz Ruiz

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