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jueves, 25 de octubre de 2012

Lo imposible (2012) de Juan Antonio Bayona





El 26 de diciembre de 2004 un devastador tsunami (conocido por los científicos como el terremoto Sumatra-Andamán) arrasó las costas surasiáticas dejando a su paso cientos de miles de muertos y heridos y unas cuantiosísimas pérdidas materiales. El último film de Juan Antonio Bayona cuenta la historia “real” (verdadera dicen los créditos del principio) de una familia de cinco miembros que se vieron inmersos en este catastrófico suceso mientras pasaban unos días de vacaciones en las costas de Tailandia. Henry (Ewan McGregor) y María (Naomi Watts) forman un matrimonio que tiene tres hijos con edades comprendidas entre los doce y los cinco años. Poco se nos dice de su vida antes del trágico maremoto: Henry es un ejecutivo de una importante multinacional japonesa y María es doctora en medicina pero no ejerce su profesión porque ha decidido ocuparse de los niños a tiempo completo. El primer acto, que presenta a los personajes antes del tsunami sirve a Bayona para sentar las bases de su labor realizadora: un amplio abanico de tamaños de plano desde grandes vistas generales a planos detalle, una fotografía cuidada y muy estilizada y un sobresaliente trabajo en la edición de sonido. Poco más, pues narrativamente no aporta gran cosa. Tras esto, Lo imposible se convierte en una historia de separación y reunión familiar narrada desde tres puntos de vista: la madre y Lucas (Tom Holland), el hijo mayor, que comparten vicisitudes, y el padre, encargado de buscarlos tras poner a salvo a sus dos hijos menores.

El mayor escollo que tiene que superar la película es su guión. Bayona y su guionista, Sergio G. Sánchez (autor también de la anterior El orfanato (2007)), no consiguen armar una historia que provoque la complicidad del espectador, sino más bien subestima su inteligencia con situaciones metidas con calzador y que destilan un aroma a manipulación que quizás logre la identificación de los espectadores menos exigentes. También la estructura narrativa, que hace sucesivos dos tiempos del relato que deberían ser paralelos, produce una descompensación dramática que lastra las expectativas que había creado la propia desgracia. Mención especial merece también la banda sonora, que no para de subrayar hasta la saciedad los momentos más dramáticos y que resulta pesada y cargante en exceso. Sin embargo, a su favor hay que decir que Bayona es valiente al mostrar en los cuerpos de los actores las consecuencias del desastre sin autocensurarse más de lo necesario para no convertirse en una película de género gore. Sobresaliente me parece la interpretación de Tom Holland, Lucas el hijo mayor, que es el gran descubrimiento de Lo imposible. Por el contrario, la química que desprende la pareja McGregor-Watts es totalmente desaprovechada por la estructura narrativa y ambos, en sus respectivos viajes por separado, caen en determinados momentos en la sobreinterpretación que conduce al melodrama más característico de la programación televisiva española de sobremesa. 

Lo imposible está batiendo récords de recaudación en la taquilla española. Seguramente en Estados Unidos también funcionará porque, dicho sea con franqueza, supera la media de calidad de los blockbusters producidos por Hollywood. Pero esto tiene una terrible consecuencia: Bayona se está convirtiendo en un director sin personalidad, un clon de otro insigne director español (Alejandro Amenábar). En fin, es muy humano vender tu alma al diablo por un puñado de dólares (o euros).





5/10



Daniel Muñoz Ruiz 

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