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martes, 16 de octubre de 2012

The Deep Blue Sea (2011) de Terence Davies




El prestigioso director británico Terence Davies vuelve al cine de ficción, tras aquella maravilla documental que es Of Time and the City (2008), con este drama romántico ambientado en el Londres de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Adaptando una pieza teatral del dramaturgo también británico Terence Rattigan, The Deep Blue Sea es la historia de Hester Collyer (Rachel Weisz), una mujer atrapada entre su matrimonio con un prestigioso juez Sir William Collyer (Simon Russell Beale) y un irrefrenable y pasional amor por un joven piloto de la Royal Air Force, Freddie Page (Tom Hiddleston). Narrada desde el punto de vista de Hester, asistimos a su gran despliegue de desdichas, concretadas por un detalle al parecer insignificante pero que la conducirá a un intento de suicidio. Entre vivir un matrimonio seguro, estable, que le aporta todos los bienes materiales que pueda desear, y lanzarse al vacío en brazos de un atractivo héroe de guerra, Hester se decantará por lo segundo y su vida será más infeliz si cabe. Como ya se planteó en otro de sus films, La casa de la alegría (2000), la protagonista femenina tiene que decidir si llevarse por el corazón o por la cabeza, siendo en esta ocasión el camino contrario al emprendido por Lily Bart (Gillian Anderson) aunque con resultados similares.

Davies vuelve a dar buen ejemplo de su gran maestría a la hora de dirigir a sus actores. Todos están sensacionales y destaca sobre manera la interpretación de Rachel Weisz, injustamente olvidada en la última edición de los Oscars. Los dos personajes masculinos dan la réplica perfecta al carácter de Hester, dando lugar a un tono interpretativo general bastante elevado. Algunos pensarán que en ocasiones resultan demasiado teatrales, pero no hay que olvidar que se trata de una adaptación teatral y perder totalmente la esencia sería ir en contra del espíritu dramático de la historia. Igualmente, la dirección artística es muy elogiable, transportándonos al Londres de aquella época sin dar excesiva impresión de reconstrucción, algo en lo que también tiene algo que decir el vestuario, perfectamente adaptado y trabajado hasta el más mínimo detalle. La fotografía recurre a una paleta cromática que crea atmósferas opresivas y recargadas que simbolizan perfectamente el estado de ánimo de los personajes y la música, especialmente el Concierto para violín y orquesta, Op. 14 del compositor estadounidense Samuel Barber, le va como anillo al dedo a esta historia sobre el sufrimiento amoroso.

Maestro también en el uso del tiempo narrativo, Davies recurre a flashbacks que reconstruyen lo vivido por su protagonista, siendo la secuencia del metro londinense la más espectacular de todas. En los primeros diez minutos del film, el director británico da una lección por medio de sus imágenes de cómo plantear una historia aunado sencillez, belleza y sutiliza sin necesidad de diálogos transcendentes o barrocos movimientos de cámara. Cierto es que no todo el film es tan sensacional como su principio, pero al mantener su estilo autoral, Davies avanza un escalón más en su dilatada (en el tiempo) aunque no muy prolija filmografía. Sabemos lo que nos pueden deparar sus películas y The Deep Blue Sea cumple con las expectativas. Por eso, no esperen reírse con ella.



8/10


Daniel Muñoz Ruiz

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