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miércoles, 14 de noviembre de 2012

En la casa (2012) de François Ozon





Galardonada con la Concha de Oro y el Premio al Mejor Guión en el Festival de Cine de San Sebastián, En la casa, último trabajo del director francés François Ozon, resulta ser un film más interesante en su forma que en su fondo. Un ejercicio de narración perfecto sobre el proceso de creación de una obra literaria que, sin embargo, dista mucho de ser un gran relato. Ozon adapta la obra teatral del dramaturgo español Juan Mayorga, El chico de la última fila, por medio de un guión férreo, con ritmo, que seguramente sorprenderá al público acostumbrado a la linealidad y la causalidad, pero que fracasa, a mi entender, en su afán por refugiarse en la densidad y los giros metaficcionales. Claude (Ernst Umhauber) es un introvertido estudiante de dieciséis años, que se sienta en la última fila del aula y que parece no tener amigos. Gracias a una breve redacción que escribe despertará el interés de su profesor de literatura, Germain (Fabrice Luchini), a que incentivará su talento para la narración viendo en él la posibilidad de alcanzar lo que él no consiguió, ser un escritor importante. La ficción escrita por el joven Claude describe su propia experiencia al acercarse e introducirse en la casa de un compañero, Rapha (Bastien Ughetto) con el pretexto de ayudarlo con las matemáticas. Así conocerá a la típica familia de clase media o pequeño burguesa, compuesta por el padre, también llamado Rapha (Denis Menóchet), y la madre, Esther (Emmanuelle Seigner), que despertará la efervescente sexualidad de Claude. Poco a poco, capítulo a capítulo, el relato de Claude enganchará más y más al profesor Germain, hasta el punto de cometer actos contrarios del todo a la ética de su profesión y afectarle incluso en su convencional matrimonio con Jeanne (Kristin Scott Thomas). La manipulación de la realidad por parte del retorcido ingenio de Claude, inmerso también en su propia ficción, tendrá un resultado final devastador, sobre todo para la vida de Germain.

En la casa recorre un trayecto que va desde la comedia irónica al intenso drama pasando por el suspense, aunque no muy bien conseguido. El gran problema del film de Ozon reside en revestir su ficción de realidad. La historia del intruso que desestabiliza la paz de una familia ya está muy manida y en este caso no llega a despertar el interés pretendido. Esa “historia” que atrapa a Germain como a un insecto en una tela de araña, es mediocre, previsible y por momentos, banal. Soy incapaz de entender cómo un profesor de literatura tan culto, amante de Dostoyevski, Flaubert o Kafka pueda dejarse engañar por una ficción tan trivial como la propuesta por su joven pupilo. Eso sí, no se puede negar su desbordante talento a la hora de manipular al lector por medio de su depurada técnica narrativa que sin duda mejora la historia relatada.

Autor de una filmografía un tanto irregular entre las que destacan aciertos como Swimming Pool (2003) o patinazos como el musical 8 mujeres (2002), para ciertos sectores de la crítica cinematográfica, Ozon ha conseguido dar en la tecla con “una película misteriosa y excelente”  (Carlos Boyero dixit en el diario El País). Sin embargo, no comparto tanto entusiasmo ante el film, que si bien tiene un gran guión y resulta innovadora en muchos sentidos, no logra despertar mi interés ni emocionarme más allá de estar contemplando un estudio sobre posibilidades narrativas sin un sólido contenido que lo sustente.


6/10


Daniel Muñoz Ruiz

martes, 6 de noviembre de 2012

Holy Motors (2012) de Leos Carax




Pocas veces en la vida se encuentra uno ante una obra de arte cinematográfica que desafíe de manera tan extrema la capacidad de asimilación del espectador. Buñuel, Pasolini, Godard o Lynch lo hacen (o lo hacían) con sus trabajos para los que intentar darles una respuesta lógica constituía una utopía. Holy Motors pertenece a este selecto club de films transgresores, impactantes y desconcertantes. El director francés Leos Carax rinde tributo al cine con este film que a través del actor Denis Lavant navega por multitud de géneros: drama, comedia, thriller, misterio,  erótico, ciencia ficción y hasta musical. Monsieur Oscar (Lavant) es un ¿actor? cuyo trabajo consiste en acudir a determinadas “citas” en las cuales interpreta un papel a cual más disparatado: anciana que mendiga limosna, acróbata para la captura de movimiento, asesino a sueldo, padre de una adolescente, etc., así hasta once personajes diferentes que dan lugar a hilarantes, y algunas hasta desquiciadas, historias que permiten a Carax imprimir una mirada tan crítica como emotiva sobre el propio arte cinematográfico, el de antes y el de ahora. Recorriendo las calles de Paris en una limusina blanca conducida por su chófer Céline (Edith Scob), Oscar (irónicamente llamado como los famosos premios cinematográficos) va transformándose en cada uno de sus distintos roles en el intervalo desde la mañana a la noche en un trayecto no exento de contratiempos pues su trabajo/misión tiene que cumplir unos estrictos horarios. El relato que propone Carax hace del exceso y el surrealismo su bandera y ante eso lo mejor que puede hacer el espectador es disfrutar con las poderosas imágenes y las chocantes situaciones y no empeñarse en buscarle un sentido lógico.

Holy Motors es un film libre, hecho con desbordante pasión y abierto a múltiples interpretaciones. El torrente de imaginación que demuestra Carax con su trabajo no le exime de realizar profundas críticas a la sociedad actual en varios detalles que no voy a revelar aquí pues soy totalmente contrario a incluir spoilers evidentes. Los que vean la película los extrapolaran fácilmente. La multi-performance de Denis Lavant es probablemente el mejor trabajo de un actor en mucho tiempo y merece pasar a los anales de la historia de la interpretación. Las breves apariciones de rostros conocidos como Kylie Minogue, Eva Mendes (en, sin duda, la secuencia más provocadora del film) y Michel Piccoli, además del propio Carax que aparece al comienzo, aportan más entidad al proyecto que, mucho me temo, no alcanzará la repercusión que se merece dentro de la industria cinematográfica mundial.

Toda película debería tener vida más allá de su propio visionado, de la experiencia del primer contacto. Holy Motors logra trascender esa inmediatez y se instala en tu cabeza para quedarse allí indefinidamente. Cuando continúan existiendo voces agoreras que pronostican la inminente defunción del séptimo arte, Leos Carax nos recuerda la arrolladora fuerza que el cine tiene como arte y medio de expresión, demostrando que está más vivo que nunca en mano de creadores sin complejos, temerarios y honestos como él. En medio del marasmo creativo del cine actual, el director francés devuelve la fe a todos los que creen en la potencialidad del cine para transgredir y remover conciencias. Holy Motors es una obra de arte única, digna de un genio y a la que cualquier amante del cine debería reverenciar.



10/10



Daniel Muñoz Ruiz

sábado, 3 de noviembre de 2012

Reality (2012) de Matteo Garrone




El director y guionista italiano Matteo Garrone adquirió fama internacional con su film Gomorra (2008), adaptación de la novela homónima del escritor Roberto Saviano, en la que a través de cinco historias cartografiaba las actividades de la Camorra napolitana que extiende sus largos tentáculos a (casi) toda la vida social de su entorno. Gracias a sus altas dosis de realismo, que vaciaban de cualquier atisbo de glamour a las acciones mafiosas, Garrone logró llegar a un público mayoritario y convertir su trabajo en un éxito de crítica y público. Con su nuevo film, Reality, el director italiano vuelve a construir un relato social ambientado en la ciudad de Nápoles, localizado en sus clases más humildes pero sin inmiscuirse en los bajos fondos y el mundo del crimen organizado. Luciano (Aniello Arena) es el dueño de una pequeña pescadería situada en una plaza napolitana, padre de tres hijos y marido fiel de María (Loredana Simioli). Su numerosa familia le quiere y le admira por su carácter alegre y luchador. Un encuentro azaroso con un ex concursante del programa televisivo Grande Fratello (Big Brother, aquí en España Gran Hermano) le hará interesarse por entrar en el concurso como solución a sus problemas económicos. Alentado por su familia, Luciano asiste a los castings hasta ofuscarse poco a poco con la posibilidad de concursar y las oportunidades que la popularidad le puede otorgar. Reality es el relato de una profunda y enfermiza obsesión por alcanzar la fama y el dinero en un mundo tan ficticio como los concursos de telerrealidad. Ese mundo tan verdadero como irreal que ya vaticinaban George Orwell y películas como The Truman Show (El Show de Truman, Peter Weir, 1998), convertirá la vida de Luciano en puro delirio y destrozará la de su familia más cercana.

Entre la comedia y el drama, Garrone construye un film de emociones contrastadas, siempre cercano al realismo y recogiendo la tradición de los grandes maestros del cine italiano desde Fellini a Monicelli, pasando por pinceladas de Rossellini. El hecho de que la mayoría de los actores no son profesionales imprime más realismo si cabe a la radiografía que hace de la clase trabajadora napolitana. Aniello Arena está sensacional, su interpretación es el auténtico motor de la película y sus vaivenes emocionales calan hondo en la psique del espectador. Tampoco escatima Garrone en cuanto a su actitud crítica hacia el mundo televisivo, un espacio totalmente ajeno a los personajes de Reality y que destaca por la frivolidad e hipocresía. También, y de manera sutil, centra su punto de mira en la audiencia mayoritaria de este tipo de programas, personas de bajo perfil sociocultural a los que parece querer decir que despierten y huyan de estos somníferos para la mente.

En cuanto a la puesta en escena, Garrone se sirve de numerosos primeros planos y escasa profundidad de campo para acentuar la identificación del espectador con el/los personajes. La impecable dirección de fotografía del recientemente fallecido Marco Onorato y la partitura compuesta por Alexandre Desplat (mucho menos protagonista que en otras películas) confieren al conjunto un acabado brillante. Matteo Garrone confirma con este film haberse convertido en uno de los directores de cine italiano más estimulantes en la actualidad. Por lo menos, lo “nominaría”.



8/10



Daniel Muñoz Ruiz