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lunes, 24 de diciembre de 2012

César debe morir (2012) de Paolo y Vittorio Taviani





Ganadora del Oso de Oro de la Berlinale, los hermanos Taviani se inspiran libremente en Shakespeare y su obra Julio César para construir un film polisémico, que puede ser leído desde diversos ángulos y que relaciona el cine y el teatro de una forma muy particular. Ambientada en una cárcel de máxima seguridad de Roma, César debe morir es tanto un documental sobre el montaje teatral que realizan algunos presos con largas condenas por asesinato, tráfico de drogas y crimen organizado, como un drama carcelario sobre unos seres humanos privados de libertad. Los veteranos cineastas italianos ponen en escena el relato de los ensayos y la representación del texto shakespeariano a través de unos actores no profesionales que privados de libertad, encuentran en dicha representación una vía de escape emocional, una redención temporal por medio del arte. Las intrigas y conspiraciones que dieron lugar al asesinato de Julio César debido a su desmedida sed de poder constituyen una analogía con la vida que llevan los reos entre los muros de la prisión. Comenzando por un prólogo fotografiado en color y que muestra el acto final de la obra dramatúrgica, el film torna al blanco y negro para narrar los seis meses de ensayos que precedieron a la representación pública. Una poderosa escena que interpretan los presos sometidos a un casting solventa rápidamente la presentación de los personajes reales, los convictos. Las celdas, los patios y los módulos carcelarios se convierten en improvisadas salas de ensayo en la que en ciertas ocasiones se mezcla la propia vida del actor con el drama que están ensayando. Sin embargo, en este aspecto es poca la información que se suministra al espectador. Si hubiéramos conocido más respecto a los dramas humanos de cada uno de los protagonistas, la identificación del espectador hubiera sido más eficaz y se hubiera despertado más poderosamente su conciencia crítica.

Los directores de Padre padrone (1977) quizás no logran ensamblar tan difícil pretensión teórica y el relato adolece en determinadas fases del deseado interés. Resulta muy elogiable el propósito de los Taviani, pero la fluidez narrativa se resiente y fracasa en su pulso ante el planteamiento teórico. Aún así, hay aspectos impecables en el film como son la magnífica dirección de actores, que a través de sus parlamentos y su expresividad corporal consiguen dejar muy alto el nivel dramático general de la obra. La fotografía en blanco y negro es de indudable valor estético y la música de saxofón aporta emoción a las imágenes que componen el relato. Sin restarle méritos a la obra, cabe concluir que la intención de diluir teatro y cine no funciona totalmente debido a la excesiva artificialidad de la puesta en escena.

Los hermanos Taviani siempre resultan honestos en sus películas y César debe morir no rompe esta cualidad de su obra cinematográfica. Sin embargo, queda la sensación de pequeño fracaso pues el film podría haber dado más de sí. Su pretendida profundidad emocional no llega a cuajar completamente y a duras penas consigue transcender la forma revirtiendo en la disminución dramática con respecto a la obra de William Shakespeare.



7/10



Daniel Muñoz Ruiz

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