Translate

jueves, 6 de diciembre de 2012

Cosmópolis (2012) de David Cronenberg





A estas alturas del partido, el director canadiense David Cronenberg no necesita presentación. Autor de una filmografía muy personal y revolucionario del género de la ciencia ficción, en los últimos años, alcanzó la popularidad masiva gracias a títulos como Una historia de violencia (2005) y Promesas del este (2007), claramente más “accesibles” para el espectador que la mayoría de films que componen su obra cinematográfica. Los que busquen algo parecido no lo encontrarán en Cosmópolis, su último trabajo, adaptación de la novela homónima de Don DeLillo, pues el director aprovecha la ocasión para construir un relato abstracto y en el que la palabra es la principal protagonista. Eric Packer (Robert Pattinson, que no lo hace del todo mal) es un ejecutivo multimillonario, un joven bróker creído y prepotente que recorre las calles de Nueva York metido en su limusina, que parece su segunda casa. Maniático del control, sus excentricidades parecen no tener límites, como hacerse un chequeo médico todos los días o atravesar la ciudad sumida en caóticas manifestaciones para ir a una determinada barbería a cortarse el pelo. Asistimos a un día en la vida de Packer, pero no un día cualquiera. En las horas que transcurren en el relato seremos testigos de la caída del joven magnate debido a la volatilidad del capitalismo financiero pero también a su propio estado psicológico fruto de la situación. Sus reuniones con asesores y amantes, bien en la limusina o en otros lugares cerrados, darán pie a largos y densos diálogos que en muchas ocasiones son revestidos de pretenciosidad que hacen caer al espectador menos tolerante en un profundo tedio.

A pesar de la honestidad que demuestra Cronenberg con tan audaz proyecto, Cosmópolis resulta fallida en muchos aspectos. El guión intenta adaptar voluntariosamente el texto de DeLillo pero en su transferencia a imágenes y sonidos naufraga. Consciente de tal reto, pretende centrar su atención en los diálogos que, aunque algunos son brillantes, la mayoría resultan absurdos y algunos hasta sonrojantes de lo ridículos que son. La obsesión del protagonista por el sexo y la violencia, temas recurrentes en la obra de Cronenberg, no son tratados tan visualmente como en otros de sus films sino a través de la palabra, restándole intensidad dramática al asunto y reduciéndolo a una mera verborrea sin sentido. Acierta en otros aspectos como en mantener la tensión que provoca la distancia abrumadora entre el espacio seguro y plácido del interior de la limusina y el caos que reina en las calles provocado por la tensión social derivada de la crisis económica, situación a la orden del día en la vida real. Los planos del exterior vistos a través de los cristales de la limusina crean una sensación claustrofóbica en el espectador, favoreciendo su inmersión en el relato. La estructura narrativa usada por Cronenberg no es convencional. No esperen los tres actos clásicos porque no los van a encontrar. Simplemente hay que dejarse llevar sin cuestionarse la lógica narrativa, pero como he mencionado antes, en esta empresa no contribuyen en nada los diálogos.

Cosmópolis puede leerse como una ácida crítica del capitalismo financiero. Por medio de la abstracción, el autor de La mosca (1986) desafía al espectador para que reaccione a esta metáfora del mundo actual cuyo resultado, sin embargo, deja mucho que desear.



6/10



Daniel Muñoz Ruiz

1 comentario: