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martes, 4 de diciembre de 2012

Elena (2011) de Andrey Zvyagintsev




El último largometraje del cineasta ruso Andrey Zvyagintsev es un drama familiar con dosis de suspense que no dejará indiferente al espectador. Y es que el director de las geniales El regreso (2003) y The Banishment (2007) vuelve a combinar en su tercer film el drama humano de sus personajes con la tensión al estilo Hitchcock mediante su personal puesta en escena basada en las tomas de larga duración y la cuidada composición del encuadre. Elena narra la historia del personaje así llamado e interpretado por Nadezhda Markina,  veterana actriz, aunque no muy prodigada en la gran pantalla (acaba de trabajar en el último film de Sergei Loznitza). Comienza el film con un largo plano desde el exterior de un lujoso edificio de apartamentos en el que vemos a un cuervo posado en una rama. Con esta imagen simbólica, Zvyagintsev pone en alerta al espectador avisándole de que su relato no presagia nada bueno. Acto seguido nos introducimos en el ostentoso apartamento en el que viven Elena y Vladimir (Andrey Smirnov), jubilado millonario y fuente del principal conflicto de la película. Observamos desde el inicio, aunque la puesta en escena quiere mantener cierto distanciamiento con el espectador,   que Elena y Vladimir forman un matrimonio poco convencional en el que él aporta el dinero y ella hace todo lo demás (labores de la casa, cuidarle, atender sus deseos sexuales). Como se nos explica posteriormente, ambos tienen otra familia aparte (Vladimir una hija caprichosa que pasa de él) y llevan casados poco tiempo. Pertenecen a clases sociales opuestas: Vladimir a la clase alta económicamente y Elena procede de la clase trabajadora, más bien pobre, a juzgar por cómo vive su hijo, casado y con dos hijos, residente en un triste e industrial suburbio de Moscú al que Elena acude tras un largo trayecto en tren y a pie. La deprimente situación económica de la familia de Elena le lleva a pedirle auxilio a su marido que se lo negará argumentando que está “casado con ella, no con su familia”. Por tanto, el dinero se convertirá en el desencadenante de la acción dramática.

Zvyagintsev construye con Elena uno de esos personajes profundos psicológicamente a los que nos tiene acostumbrados en su corta filmografía, influenciado por Dostoievski. Esta “madre coraje” actuará siempre pensando en sus seres más queridos y nunca en ella misma. Sin embargo, el desarrollo de los acontecimientos relatados provocará el dilema ético en el interior del espectador, sin que el film juzgue en ningún momento a sus propios personajes. Las desigualdades sociales de la Rusia capitalista actual son plasmadas en la pantalla con gran sutileza por un Zvyagintsev que se aleja de las influencias de Tarkovsky que aparecían en sus primeros trabajos para abrazar rasgos de cierto cine asiático contemporáneo sin renunciar del todo al simbolismo. La música del compositor estadounidense Philip Glass (Las horas (Stephen Daldry, 2002)) modula el suspense de manera sutil pero muy efectiva y la interpretación excepcional de Markina, auténtica espina dorsal de la película, son dos de los aspectos más destacables junto a la cuidada composición del encuadre. A pesar de esto Elena se queda a escasos centímetros de la cumbre emocional que supone su ópera prima, El regreso (2003).

Andrey Zvyagintsev confirma con este tercer trabajo ser uno de los cineastas europeos más importantes de la década y uno de los más preocupados en estudiar la idiosincrasia de los seres humanos. Muy recomendable.



8/10



Daniel Muñoz Ruiz 

1 comentario:

  1. Bajo una apariencia gélida, 'Elena', de Andrey Zvyagintsev, esconde calientes vericuetos emocionales, sobre la familia, la generosidad, el amor, el deber o la mezquindad. Se admiten diferentes puntos de vista y el resultado es del todo desasosegante. Merece la pena. UN saludo!!!

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