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sábado, 21 de diciembre de 2013

Mud (2012) de Jeff Nichols


 
 
Tercer largometraje del joven director y guionista estadounidense Jeff Nichols, que cumple con creces las expectativas creadas por su anterior film, Take Shelter (2011). Ellis (Tye Sheridan) es un adolescente de 14 años que vive con sus padres en una casa flotante a la orilla del río Mississippi. Su inseparable amigo Neckbone (Jacob Lofland) es huérfano pero vive con su peculiar tío Galen (Michel Shannon), que realmente no actúa como “padre”. Ambos chavales poseen un espíritu aventurero que les llevará a descubrir una barca colgada de un árbol en una isla perdida del río. Ante tal hallazgo, no dudan en entrar en el bote y sorprenderse al saber que está habitado por un extraño hombre llamado Mud (Matthew McConaughey). Al principio recelan de él, pero con su poder de convicción, Mud consigue que los niños le ayuden, pues él es un forajido de la justicia, buscado por asesinato, que está esperando la llegada de su novia Juniper (Reese Witherspoon) para huir juntos. Ellis no duda en prestarle su ayuda pues considera que el amor de la pareja debe triunfar sobre lo demás. La imagen que tiene de Mud no es la de un asesino sino la de un fiel amante que hace todo lo que haga falta para proteger a su chica. Ya nos daremos cuenta que no todo es tan sencillo. Paralelamente a la preparación de la fuga, la familia del asesinado busca, movidos por la venganza, a Mud, otorgándole otra dimensión dramática al relato.

Jeff Nichols cambia de registro con Mud, mucho menos oscura que sus anteriores trabajos pero que conserva ese misterio que envuelve a la historia. Igualmente es menos minimalista, su guión está más trabajado y resulta más agradecida para el espectador. Ambientada en su Arkansas natal, la puesta en escena del film nos sumerge en un entorno fluvial de la Ámerica profunda, sureña, cuya población goza de muchos menos recursos que la de las grandes ciudades. Allí, Ellis y Neckbone se mueven como peces en el agua. Su relación con Mud, sobre todo Ellis cuyos padres están separándose, es el motor de la película. Narrada desde el punto de vista de Ellis, Mud está idealizado, es un héroe que sólo ha defendido a su amada. El paralelismo que crea Nichols con la primera novia del chico, le hará madurar y cambiar la idea del significado del amor que tenía en su cabeza.

Las interpretaciones de los actores son fundamentales para conseguir que el film resulte tan entrañable. El joven actor Tye Sheridan, ya descubierto en El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011), consigue expresar muchas emociones con solo una mirada. Su interactuación con el debutante Jacob Lofland es brillante. McConaughey interpreta uno de los mejores papeles de su carrera, demostrando que tiene hueco en el cine independiente, pues andaba encasillado en papeles de personajes vacío de mediocre films comerciales. Y Mud también cuenta con valiosas aportaciones de actores conocidos en personajes secundarios como Michel Shannon, Reese Witherspoon o Sam Shepard.

Nichols firma un film excelente y muy distinto a Take Shelter. Una mezcla precisa de drama, viaje iniciático, thriller y aventuras. Sin renunciar a su personalidad autoral, patente en los ambientes y los personajes, el director da cierta cancha a elementos más convencionales en busca de hacer más accesible su narrativa y llegar a más espectadores. Confirma así que estamos ante uno de los directores con mayor talento del cine independiente norteamericano actual.

 

9/10

 
 

Daniel Muñoz Ruiz

sábado, 30 de noviembre de 2013

Sólo Dios perdona (2013) de Nicolas Winding Refn


 
 
El arte cinematográfico no puede restringirse a una definición cerrada pues nunca se llegará a un consenso total de lo que es “arte” y lo que no. Por lo pronto, si consideramos las cualidades artísticas que se le suponen a cualquier film, el concepto de autor, de director-artista, sí podríamos delimitarlo con mayor precisión, pues así ha sucedido durante toda la historia de la crítica cinematográfica. En este sentido, el director danés Nicolas Winding Refn responde a tal perfil, y como todos los autores, tiene sus seguidores acérrimos y sus detractores más duros. Tras ver Sólo Dios perdona, su último trabajo, puede contarme entre sus seguidores, algo que no ocurría hasta ahora pues, ni siquiera Drive (2011), su film más popular, conseguía convencerme del todo. Sin embargo, el film que nos ocupa sí demuestra una honestidad autoral mayor, desechando cualquier elemento comercial que, con toda seguridad, le hubiera reportado más beneficios económicos. Julian (Ryan Gosling) y Billy (Tom Burke) son dos hermanos, traficantes de drogas, que dirigen un gimnasio “tapadera” en la metrópoli de Bangkok. Tras un arrebato de locura, Billy viola y asesina a una prostituta de 16 años. La policía, en lugar de detenerlo y llevarlo ante la justicia, lleva al padre de la joven fallecida hasta el escenario del crimen y allí, en la sórdida habitación de un motel, le sirven en bandeja la venganza. Tras ser Billy brutalmente masacrado a manos del hundido padre, entra en escena Crystal (Kritin Scott Thomas), madre de los dos hermanos, cuyos deseos por vengar la muerte de su hijo mayor desencadenará una auténtica guerra entre los miembros del hampa y la policía, cuya cabeza visible es el misterioso agente retirado Chang (Vithaya Pansringarm).

Sólo Dios perdona es un film extraño, hipnótico, de una sencillez narrativa que descoloca al espectador más acostumbrado a los convencionalismos. Plagado de elementos simbólicos y sirviéndose de continuas elipsis, la dirección de fotografía, obra de Larry Smith, que trabajó nada más y nada menos que con Stanley Kubrick, es sin duda lo más destacable de la puesta en escena. Los ambientes que crea el trabajo sobre la luz, los colores (sobre todo el rojo y el azul) son tanto o más protagonistas en el relato que los actores que encarnan los personajes. El sonido también está muy cuidado y los largos y lentos travelling aportan esa cualidad hipnótica, esa pausa para la reflexión, que sin ella, estaríamos ante una simple historia de cine negro muy violenta. Puede parecer pretencioso, quizá lo sea en determinados momentos, pero dentro del conjunto se revelan elementos esenciales para la expresión artística del trabajo de Nicolas Widing Refn. En cuanto a las interpretaciones, los actores cumplen a la perfección con sus personajes, poco dotados de humanidad y dominados por los silencios y las miradas. El laconismo e inexpresividad de Gosling alcanza el paroxismo, sólo superado por la interpretación de Pansrimgarm. La mayor parte de los diálogos son pronunciados por Scott Thomas, único personaje que demuestra tener sentimientos, aunque estos no sean precisamente puros.

Es un poco atrevido comparar este film con algunos maestros como David Lynch, Luis Buñuel o los más recientes Lars Von Trier, Gaspar Noé o Leos Carax, pero podemos encontrar puntos en común entre todos estos cineastas que gustan de lo onírico y simbólico para crear obras chocantes y difíciles de explicar desde el punto de vista lógico. Dedicada a Alejandro Jodorowsky, la influencia de la psicomagia es bastante perceptible también. Sólo Dios perdona traerá consigo la polémica. Unos la considerarán la película del año. Otros un simple ejercicio estilístico vacío de contenido. En mi opinión, me acerco más a la primera opción.

 

8/10

 

Daniel Muñoz Ruiz

jueves, 21 de noviembre de 2013

La gran belleza (2013) de Paolo Sorrentino


 
 
Pocas veces en los últimos tiempos tiene uno la oportunidad de salir de una sala de cine fascinado con lo que acaba de desfilar ante sus ojos. El nuevo largometraje del italiano Paolo Sorrentino conseguirá ese efecto en la mayoría de los espectadores que se acerquen a su trabajo sin ideas preconcebidas. Y es que el título del film, La gran belleza ya da una idea de lo que tenemos entre manos. Jep Gambardella (Toni Servillo) es un escritor y cronista social que desarrolla su profesión entre fiesta y fiesta nocturna. Ya cumplidos los sesenta y cinco años, y tras enterarse de un suceso acaecido a una persona importante de su pasado, Jep comenzará a sentirse melancólico y cuestionar el sentido de su vida. En su círculo de amigos más próximo también encontramos el cinismo y el hastío que provoca una vida tan desenfrenada en la que el lujo superficial vuelve a sus existencias vacías. La búsqueda de la belleza que emprende el protagonista nos hará conocer a través de su mirada la cara oculta y decadente de la sociedad romana actual: hombres de negocios corruptos, prostitutas, cardenales amorales, farsantes de todo tipo…etc. El carácter contemplativo de Jep es la herramienta que usa Sorrentino para dibujar el zoológico humano que habita la ciudad de Roma, amada y odiada a partes iguales por el personaje de Servillo.

La puesta en escena empleada por el director consigue que su larga duración (casi dos horas y media) no se convierta en un lastre. Los movimientos de cámara y los cuidados encuadres, así como el ritmo que imprime el montaje, elemento fundamental en su film Il divo (2008), dotan a su trabajo de una solidez y una belleza especial, que se comprueba en algunos elementos poéticos y simbólicos que introduce el director y que pueden hacer perder el hilo a más de un espectador. La actuación de Toni Servillo es sencillamente genial. Este “monstruo” de las artes escénicas que es el actor italiano lleva trabajando con Sorrentino desde sus inicios y la compenetración es fantástica. Servillo dota a su personaje de un encanto comparable al que conseguía Marcello Mastroianni en sus mejores papeles. En cuanto a la música, la mezcla entre música moderna electrónica, música de baile hortera y piezas de música clásica forman un cóctel ideal para la historia sobre la belleza que nos están contando.

Pero no todo es melancolía, cinismo y decadencia en La gran belleza. Sorrentino reserva un espacio importante para el humor, la ironía y la crítica. Algunos diálogos y situaciones, sobre todo las que tienen lugar en casa de Jep, en su terraza, con algunos invitados, resultan muy divertidos por su nivel de ironía. La ácida lengua de Jep dará lugar a los momentos más brillantes en este sentido. Y la crítica a la sociedad de la opulencia y especialmente a la hipocresía de la Iglesia Católica también ocupa un lugar privilegiado en el devenir del relato. La influencia del maestro italiano Federico Fellini es bastante clara en muchos momentos del film, llegando incluso a los límites del homenaje, en una secuencia que recuerda notoriamente a 8 ½ (Federico Fellini, 1963).

Estamos ante uno de los mejores trabajos de Paolo Sorrentino, que ya deslumbró con Las consecuencias del amor (2004). Para finalizar, me permito hacer una recomendación, esta vez literaria. Se trata de la primera novela escrita por Sorrentino, titulada “Todos tienen razón” y publicada en español por Anagrama. Si gustan de su cine y de los personajes creados por el director napolitano, sin duda, disfrutarán también de su pluma.

 

9/10

 

Daniel Muñoz Ruiz

lunes, 28 de octubre de 2013

Turistas (2012) de Ben Wheatley


 
 
La comedia negra es un género cinematográfico que, aunque nunca ha gozado de gran prestigio en la historia del cine, siempre ha contado con gran número de espectadores. El cine británico y el americano han deparado grandes títulos dentro del género y algunos directores prestigiosos, como los hermanos Coen, se convirtieron en maestros con títulos como Arizona Baby (1987) y la gran obra maestra que fue y es Fargo (1996). El film que nos ocupa, Turistas (Sightseers) puede ser considerado dentro del género, aunque la verdad, haga poca gracia. Esta road-movie que pretende ser una comedia negra con tientes surrealistas no comienza mal. De hecho es prometedor el inicio de la película dirigida por el británico Ben Wheatley, en el que presenta a una pareja peculiar, ya no tan jóvenes, que se disponen a comenzar un viaje en caravana para reafirmar su incipiente relación sentimental. Tina (Alice Lowe) es una treintañera solterona que vive anulada por su posesiva madre, con la que vive y que la sigue tratando como si fuera una niña en muchos aspectos. Su novio, Chris (Steve Oram) es un proyecto de escritor del que poco más sabemos, al igual que Tina, que apenas lo conoce. Lo que comienza con unos diálogos brillantes y situaciones cómicas, irá degenerando a medida que los personajes van convirtiéndose en serial killers que asesinan sin ton ni son, repitiendo su absurdo modus operandi por todas las localizaciones turísticas que visitan en su aparentemente romántico viaje. El grueso del film transforma en una sucesión de salvajes asesinatos que ni causan risa ni escandalizan, simplemente aburren al espectador. La pareja protagonista no desprende la química necesaria para conseguir llegar emocionalmente al espectador. Los personajes están tan deshumanizados que mejor hubiera sido convertirlos en cybors al modo Terminator.

El guión, obra de los actores protagonistas, hace aguas por todos lados. Los giros que pretenden impactar no lo consiguen y se advierten descaradamente, por lo que el espectador se pregunta si le están tomando por tonto. La inverosimilitud también se hace dueña del tiempo narrativo, que intenta meter con calzador un montón de acciones en un tiempo del relato demasiado corto. Y para empeorar la cosa, hay un uso del flashback totalmente forzado que termina de ridiculizar por completo el film. Por intentar salvar algo, podemos mencionar la dirección de fotografía y las localizaciones elegidas por el director para contar su historia, lugares turísticos que filma desde un punto de vista nada convencional y que puede ser lo único que intente dar cierta coherencia a su trabajo. Por otro lado, el trabajo de los actores es voluntarioso pero el resultado es desastroso. En ningún momento consiguen hacerse con sus personajes, algo bastante difícil porque carecen de cualquier atractivo y su desarrollo psicológico es bastante pobre y esquemático a lo largo de la hora y media de metraje.

Mi acercamiento a Turistas vino de la mano de algunas buenas críticas que leí. Satírica, gamberra, lírica… adjetivos que no encuentro por ningún lado. Me parece más adecuado calificarla de “broma pesada”, aunque estoy seguro que muchos otros sabrán ver sus exquisiteces, que igual las tiene, pero yo no las veo. Prefiero quedarme con películas como El verdugo (José Luis G. Berlanga, 1963) o El extraño viaje (Fernando Fernán-Gómez, 1964) o algunas aportaciones al género de maestros como Buñuel, Kubrick o Hitchcock, antes que perder el tiempo viendo semejante ejemplo de mal gusto.

 

2/10

 

Daniel Muñoz Ruiz

sábado, 5 de octubre de 2013

Eat, Sleep, Die (2012) de Gabriela Pichler


 
 
Inédita hasta el momento en los cines españoles pero con un exitoso paso por festivales internacionales de cine como Toronto, Venecia o el Festival de cine Europeo de Sevilla, donde se alzó con el máximo galardón, Eat, Sleep, Die (Äta sova dö) supone el debut en el largometraje de la joven directora sueca Gabriela Pichler. El film, ambientado en la Suecia actual, narra las peripecias para sobrevivir de Rasa (Nermika Lukac), una joven de origen montenegrino aunque ciudadana sueca de pleno derecho pues llegó al país con tan sólo un año de edad. Muy eficaz en su trabajo en una fábrica en la que se envasan lechugas, su vida se derrumba cuando debido a una reducción de plantilla, la empresa decide echarla a la calle. Rasa, que cuida de su padre enfermo, aprovecha su ausencia (se había marchado temporalmente a Noruega en busca de empleo) para ocultarle su despido, pues a pesar de su juventud, ella siente la responsabilidad de cuidar de los dos con su trabajo. Entonces comienza una búsqueda desesperada por un nuevo empleo en la que nos damos cuenta de las dificultades por las que pasan los inmigrantes en la opulenta sociedad sueca. La crisis que en España está en boca de todos y abre las noticias de los informativos diariamente, no es algo ajeno a otras sociedades europeas en teoría más acomodadas. Pichler pretende mostrar la dura realidad a la que se tienen que enfrentar los desempleados en su país, no sólo los inmigrantes como Rasa, sino también los suecos de mediana edad, pues introduce algún personaje nativo despedido también de la fábrica y que las pasa canutas para encontrar un nuevo trabajo.

El guión de Eat, Sleep, Die tiene una estructura sencilla y gusta del costumbrismo a la hora de relatar la realidad vital del personaje de Rasa, protagonista absoluta del drama que contemplamos. El elenco artístico está formado por actores no profesionales y se nota tanto para bien como para mal. Para la directora son muy fáciles de dirigir y extraer de ellos interpretaciones convincentes, pero en ciertas ocasiones se les adivina una mecanización inconcebible para un actor profesional. No obstante, el film es muy sincero y consigue la identificación emocional con la protagonista, cuyo trabajo resulta sorprendente y lo más atractivo de la película. La realización se apoya en los planos con cámara al hombro, movimientos nerviosos que logran sobredimensionar situaciones de lo más triviales como por ejemplo el trabajo monótono de los empaquetadores en la fábrica.

Más cercano al cine de los Hermanos Dardenne que al del director finlandés Aki Kaurismäki, por poner dos casos en los que el desempleo es el tema principal y los obreros sus protagonistas, el film pretende criticar la situación social de Suecia en la actualidad, bastante desconocida en otros países europeos como en España, en la que estoy seguro de que si preguntáramos a la gente, la mayoría diría que allí no tiene problemas de desempleo (con esto no quiero minimizar la crisis española, que conste). Eat, Sleep, Die es otra muestra de cine europeo que no da la espalda a la realidad social. Valiente aunque con una resolución conservadora, la película de Gabriela Pichler resulta interesante, pues hará reflexionar seriamente al espectador que llegue a verla.

 

7/10

 

 

Daniel Muñoz Ruiz

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Juerga hasta el fin (2013) de Evan Goldberg y Seth Rogen






La renovación de la comedia norteamericana acontecida en la última década tiene en el actor, guionista y productor canadiense Seth Rogen uno de sus principales baluartes. Sus trabajos en films de directores como Judd apatow, Greg Mottola o Adam McKey, le han proporcionado una gran reputación y se ha convertido en uno de los rostros más populares de la última comedia gamberra hollywoodiense. También ha demostrado ser un guionista más o menos hábil con títulos como Supersalidos (Superbad, 2007), Superfumados (Pineapple Express, 2008) o The Green Hornet (2011), con resultados claramente dispares. Ahora se lanza a la dirección junto a su amigo Evan Goldberg para traernos una singular comedia de desastres. En Juerga hasta el fin (This is the End), el actor Jay Baruchel llega a Los Ángeles a visitar a su gran amigo Seth Rogen. Tras pasar el día alimentándose de comida basura, jugando a videojuegos y fumando grandes cantidades de marihuana, Rogen convence a Baruchel para que vayan juntos a una fiesta que da el también actor James Franco en su recién estrenada mansión. Allí, multitud de cameos de celebrities como Rhianna, los actores Paul Rudd, Michael Cera… etc, todos ellos interpretándose supuestamente a sí mismos. Sin embargo, la juerga terminará cuando, de repente, se produce el advenimiento del apocalipsis bíblico y nos quedamos con los ya mencionados Rogen, Baruchel y Franco, a los que se unen los actores cómicos Jonah Hill, Craig Robinson y Danny McBride, atrapados en la casa de Franco.

El guión, obra de los directores, se escuda en la autoparodia, algunos gags brillantes y varios diálogos chispeantes, pero todo esto esconde su debilidad narrativa pues la historia no interesa lo más mínimo, dejando de lado la evolución del relato sacrificándolo en pos del humor salvaje, escatológico y algo infantil de este tipo de buddy movies. Nada que objetar a la realización, que en muchos aspectos es lustrosa, de muy buena factura técnica y hace uso de unos efectos especiales muy resultones aunque algo retro. Pero habría que pedirle más al elenco de actores cómicos que conforman el reparto artístico del film. Algo más que chistes verdes, delirios de porreta o comentarios salidos de tono. La interpretaciones (se supone que hacen de sí mismos, nada más lejos de la realidad) son bastante planas en general, incluyendo las de Rogen, Baruchel y Hill. Podríamos salvar la de Danny McBride, que en muchos momentos sostiene la película y, si bien, es la más histriónica de todas, consigue sacar al espectador el mayor número de carcajadas.

En definitiva, lejos de ser una comedia brillante como las de Appatow o Mottola y de algunas (no todas ni mucho menos) protagonizadas por Will Ferrell, Steve Carrell o Ben Stiller, Juerga hasta el fin supone un divertimento de un grupo de actores colegas en busca de hacerle pasar un buen rato al espectador, sin más pretensiones que esa. En mi opinión, cada uno de los actores que protagonizan el film tienen mejores películas en sus curriculum y ésta, sin ser un bodrio, si que deja un poco insatisfecho al espectador, por lo menos, a mí.

 

5/10

 

Daniel Muñoz Ruiz

sábado, 31 de agosto de 2013

El estudiante (2011) de Santiago Mitre




Producción argentina de bajo presupuesto, El estudiante llega a las salas españolas con dos años de retraso tras pasar con éxito por numerosos festivales internacionales como Gijón, Buenos Aires o Locarno. Dirigida por el joven Santiago Mitre, este largometraje supone su debut en solitario, tras una notable experiencia en la escritura de guiones, destacando sus colaboraciones con Pablo Trapero (importante figura del último cine argentino) en sus films Leonera (2008), Carancho (2010) y Elefante blanco (2012), este último escrito tras su ópera prima. El estudiante narra la historia de Roque (Esteban Lamothe), joven estudiante de origen provinciano que llega a Buenos Aires para ingresar en la Universidad, tras un par de intentos fallidos en el pasado. Se matricula en Ciencias Sociales, pero desde el principio no está interesado en las clases ni en las materias que se imparten en su facultad. Su primera preocupación parece ser el sexo fácil que encuentra en Valeria (Valeria Correa) que será la encargada de introducirle en el mundillo universitario. Pero poco a poco esa vida superficial se tornará más profunda al interesarse Roque por la política. En esta circunstancia tendrá mucho que ver Paula (Romina Paula), joven profesora y activista política que guiará a Roque por los entresijos del movimiento estudiantil. Además, entre ellos surgirá una historia de amor que quedará relegada a un segundo plano en el desarrollo del relato. Paula también será la responsable de presentarle a Alberto Azevedo (Ricardo Félix), reputado profesor que en el pasado formo parte de los órganos del gobierno de la república y que maneja los hilos de las diversas corrientes políticas dentro del movimiento estudiantil, con la ambición de convertirse en Rector de la universidad. El proceso de aprendizaje de Roque será rápido pero no exento de dilemas éticos cuando paulatinamente se va dando cuenta de lo poco que cuentan los ideales a la hora de hacer política y de lo mucho, en cambio, que cuentan las alianzas, las traiciones, las maquinaciones y los engaños en pos de obtener el ansiado poder.

Catalogado de thriller político por una parte de la crítica, El estudiante se acerca más a ficción realista revestida de elementos y estética documental. El bajo presupuesto y la urgencia de la realización son muy papables pero en ningún momento restan eficacia a la puesta en escena en la que dominan los primeros planos y la inestabilidad de la cámara al hombro, que logran introducir al espectador en el relato manteniendo su intriga. Sin embargo, dicha intriga se va diluyendo a medida que avanza el metraje, que parece discurrir atropellado hasta su desenlace en forma de moraleja. Mitre no desarrolla psicológicamente a sus personajes todo lo que necesitaba el relato, provocando una sensación algo pedante en determinados momentos que aleja al espectador de la identificación con la historia narrada. Asimismo, la película peca de ser demasiado “argentina” por decirlo de alguna forma. Este localismo, que funciona en muchas otras producciones, en El estudiante hipoteca el objetivo de transmitir con claridad el mensaje del film. Igualmente, la voz en off del protagonista supone otro engorro narrativo que podría haberse ahorrado el director, pues lo único que aporta al relato es una impostura innecesaria.

Recapitulando, podemos decir que este film de debut supone un ensayo correcto en líneas generales de un tipo de cine comprometido políticamente y muy de actualidad. Estaremos atentos a las futuras historias que nos proponga el prometedor Santiago Mitre.


6/10


Daniel Muñoz Ruiz

viernes, 19 de julio de 2013

Inch’Allah (2012) de Anaïs Barbeau-Lavalette




Inch’Allah, que significa “si Dios (Alá) quiere”, sitúa su relato en el eterno conflicto palestino-israelí, pero lejos de ser una película más sobre la espinosa contienda bélica, estamos ante una narración que pretende ser objetiva, neutral, gracias a la experiencia vivida por su directora, la canadiense Anaïs Barbeau-Lavalette, que vivió una situación similar a la de su protagonista. Y digo pretende, porque no llega a conseguirlo como veremos más adelante. Chloé (Evelyne Brochu) es una joven canadiense que ejerce de médico atendiendo a mujeres palestinas en un ambulatorio de las Naciones Unidas situado junto al campo de refugiados de Ramallah. Su vida se desarrolla entre su trabajo en Palestina y su tiempo libre en Jerusalem, ciudad en la que reside. Todos los días que trabaja, Chloé debe pasar el puesto de control fronterizo organizado por el ejército israelí para evitar que pasen presuntos terroristas palestinos a territorio judío. Allí, se encuentra con su amiga y vecina Ava (Sivan Levy), una joven soldado israelí con la que mantiene una estrecha relación. Por otro lado, en su trabajo también entabla una profunda relación con una joven palestina embarazada, Rand (Sabrina Ouazani), cuyo marido está encarcelado acusado de terrorismo y su hermano, Faysal (Yousef Sweid), resulta ser también un activista palestino. El punto de vista de la película, el de su protagonista Chloé, irá progresivamente perdiendo su imparcialidad para posicionarse al lado de los palestinos, debido a las atrocidades por parte del ejército israelí que ella misma presencia. Sólo el personaje de la joven Ava y la tensión que supone su labor militar, puede provocar algún tipo de empatía del espectador hacia los israelitas, pues los atentados (que los hay en el relato) siempre permanecen fuera de campo, nunca somos testigos de ellos, aunque la figura del mártir islámico no se ensalce de manera clara.

Por tanto, la directora partiendo de lo que parecía un discurso imparcial, llega a la conclusión de la imposibilidad de ser neutral. Es necesario identificarse emocionalmente con alguna de las partes implicadas, aunque como observamos en el caso de su jefe, el médico que dirige el ambulatorio, parece ser posible conseguir esa neutralidad. Supongo que depende de lo fría que sea la persona, y en este caso, Chloé no es precisamente una persona que no se implique emocionalmente, como lo demuestra sobradamente a lo largo del relato. Así, Inch’Allah se convierte en la representación de la mirada de una mujer extranjera sobre una guerra que no es la suya, canalizada por otras dos miradas femeninas que representan los dos bandos en conflicto. La cuidada puesta en escena en la que podemos darnos cuenta de la formación de la directora en el campo del documental, no evita que caiga en vicios muy extendidos en películas ambientadas en terrenos de conflicto bélico, esto es, la sempiterna cámara al hombro temblorosa, algo efectista y probablemente prescindible, pues la estética en conjunto y la dirección de fotografía, obra del padre de la directora, Philippe Lavalette, en especial, confieren una extraña belleza a los ruinosos paisajes de Cisjordania.

En su tramo final, el film se hace algo previsible y el espectador cae en la cuenta que está ante otro intento de reflejar la realidad del conflicto palestino-israelí que no va más allá de los lugares comunes tratados tradicionalmente por la cinematografía. Pero visto con otros ojos, Inch’Allah resulta una notable película sobre la mujer y su situación en dicho conflicto.


7/10



Daniel Muñoz Ruiz

martes, 2 de julio de 2013

Stoker (2013) de Park Chan-wook





El director surcoreano Park Chan-wook aterriza en el cine hollywoodiense con este film de intriga con pinceladas de drama familiar y el apoyo en la producción de los hermanos Scott (Ridley y el fallecido Tony). Después del gran éxito y reconocimiento que le proporcionó su Trilogía de la Venganza,  Sympathy for Mr. Vengeance (2002), Oldboy (2003) y Sympathy for Lady Vengeance (2005), Park Chan-wook logra introducirse en el cine de Hollywood con Stoker, adaptando un guión de Wentworth Miller, actor estrella de la popular serie Prison Break. El film comienza con la trágica y misteriosa muerte (no mostrada en la pantalla en ese momento) de Richard Stoker (Dermot Mulroney), padre de India (Mia Wasikowska) y marido de Evelyn (Nicole Kidman). La repentina aparición del hermano de Richard, Charlie (Matthew Goode), del que apenas conocían su existencia, trastocará sus vidas cuando se instala en la gran mansión en la que vive la familia Stoker. India, que estaba muy unida a su padre, desconfía de su tío Charlie desde el primer momento. Por el contrario, Evelyn caerá como una colegiala bajo las armas de seducción del tío Charlie, distanciándose más si cabe de su hija. Solitaria y sumida en los recuerdos de su padre, India sospechará cada vez más sobre su tío, hasta descubrir finalmente la verdad, lo que dará lugar al clímax y desenlace del relato.

La sombra de Alfred Hitchcock es alargada y, sobre todo en este film, nos viene a la memoria su film La sombra de una duda (1942). Pero ahí podríamos finalizar la comparación, porque se mire por donde se mire, Stoker saldría perdiendo. El mayor problema del film se localiza en su guión. Demasiado previsible, solo consigue ir por delante del espectador en determinados momentos y se sirve del shock repentino en lugar de ir creando y dosificando la intriga. Park Chan-wook se hace cargo del material ajeno pero no consigue remontar los orificios del texto por los que se dispersa la trama. Las expectativas creadas en el primer acto se van diluyendo como un azucarillo en el café durante el segundo acto, propiciando un cierre forzado, que pretende sorprender al espectador pero que mayormente decepciona. Además, Matthew Goode, aunque lo intenta, no consigue ser tan inquietante como Joseph Cotten, Mia Wasikowska transmite un poco más y la interpretación de Nicole Kidman es bastante resultona, a pesar de las limitaciones dramáticas del personaje que interpreta. Fundamental resulta el juego de miradas que establecen los personajes y que aprovecha el director para crear la intriga que no le proporciona suficientemente el flojo guión.

Expuestos los defectos, hay que señalar que Stoker es visualmente deliciosa. La depuración del estilo del Park Chan-wook, que pudimos saborear perfectamente en Soy un cyborg (2006). Los contrastes de luces y el trabajo sobre el color son muy refinados y crean un look especial que imprime una inquietante atmósfera a lo largo del relato. La escala de planos con la que trabaja el director es bastante amplia y destaca su trabajo sobre los cuerpos de los actores. Por tanto, a nivel de puesta en escena, Park Chan-wook no ha perdido su toque personal de autor. La violencia, componente fundamental de algunos de sus films, también está presente en Stoker, pero más contenida y localizada sobre todo al final de la película.

Veremos lo que nos depara el futuro para el director Park Chan-wook. ¿Volverá a desarrollar un proyecto personal y con control de la producción en su Corea del Sur natal? ¿Se integrará definitivamente en el universo de Hollywood? Sea lo que sea, deseamos que el resultado esté a la altura de sus films anteriores y no se convierta en un producto pasable (y seguramente, olvidable) como es Stoker.

 

6/10

 

Daniel Muñoz Ruiz

martes, 18 de junio de 2013

En otro país (2012) de Hong Sang-soo


 
 
Después de una docena de largometrajes inéditos en España, podemos sentirnos privilegiados de acoger por fin el estreno en las pantallas comerciales de un film del director surcoreano Hong Sang-soo. Alabado por la crítica, triunfador en festivales internacionales, sigue siendo un completo desconocido en nuestro país. Con casi toda seguridad, podemos afirmar que la causa que ha propiciado su estreno no es otra que la presencia de una estrella internacional de la talla de Isabelle Huppert, que protagoniza el largometraje dando vida a Anne, una mujer extranjera alejada completamente de su entorno. En otro país, lejos de suponer un giro en la filmografía de Hong, supone una depuración de su estilo. A priori, podríamos pensar que al contar con una estrella nos encontraríamos con un film más convencional y más fácil de consumir por parte del espectador, pero no es así. El relato es introducido por una directora de cine que comienza a escribir un guión cuya protagonista es Anne. Introducidos en la ficción, el film de Hong Sang-soo narra tres historias aparentemente distintas pero en las que personajes y situaciones se repiten con sutiles variaciones. En la primera, Anne es también una directora de cine que llega a una playa de Corea del Sur en busca de tranquilidad y se relaciona con variopintos personajes locales. La extrañeza que suponen las diferencias culturales y el idioma centraran el tema de este segmento en la incomunicación, aunque tratada a modo de comedia ligera. En la segunda historia, Anne acude al complejo vacacional para mantener un encuentro con su amante surcoreano. El amor y los celos se mezclarán en este segundo episodio. Finalmente, la tercera parte nos trae una Anne que ha sido abandonada por su marido y, en compañía de una amiga autóctona, pretende olvidar tan duro acontecimiento. Para ello intentará ahogar sus penas en alcohol pero terminará redimiéndose gracias a una aventura amorosa. La melancolía se adueña de este fragmento de la historia.

La estructura de En otro país con sus repeticiones y variaciones esconde puntos que interrelacionan las distintas historias, protagonizadas por el personaje de Huppert que al mismo tiempo no es el mismo pero que evoluciona como si lo fuera. Parece que con el devenir del relato, Anne va adquiriendo experiencia y va cambiando su forma de enfrentarse a las mismas situaciones. Hong Sang-soo profundiza, como en la mayoría de su filmografía, en las relacionas humanas, el amor, los sentimientos. Plagada de encuentros y desencuentros entre los personajes, el film se pliega sobre sí mismo adquiriendo una forma que puede despistar un poco al espectador, pero que cumple su propósito emocional. Encontramos constantes del cine del director surcoreano como introducir personajes que son directores de cine, otros aficionados al alcohol, otros muy sensibles emocionalmente. La puesta en escena sencilla y que puede parecer hasta descuidada, se sustenta en su pragmatismo. Planos medios y generales que encuadran a los personajes y los siguen en sus desplazamientos manteniendo una pudorosa distancia interrumpidos en ocasiones con súbitos zoom que rompen la monotonía y el reposo de la realización.

Para muchos espectadores, En otro país supondrá la primera toma de contacto con este personal cineasta surcoreano que obra tras obra siempre parece contar la misma historia pero nunca resulta la misma película. La fugacidad de las relacionas humanas y las dificultades concretas de las relaciones amorosas, temas capitales en su filmografía, son tratados con más humor, más ligeramente si se quiere, pero sin perder de vista la profundidad que subyace en sus personajes y en las relaciones que establecen. Animo a todos a descubrir a este gran autor, capaz de codearse con cineastas como Éric Rohmer o Aki Kaurismäki, sin perder su esencia surcoreana. Previsiblemente, En otro país será uno de los estrenos más estimulantes y sorprendentes del año y, ojalá llegue a una importante cantidad de espectadores.

 

9/10

 

Daniel Muñoz Ruiz

viernes, 31 de mayo de 2013

Searching for Sugar Man (2012) de Malik Bendjelloul


 
Tras los primeros minutos de Searching for Sugar Man uno tiene la sensación de estar presenciando un falso documental. Lo extraordinario del argumento hace pensar al espectador que está ante una invención, una pura ficción. Pero no es así. La figura del músico Sixto Rodríguez es real, tan real como su rocambolesca carrera musical que le hizo pasar totalmente desapercibido en su país de origen, pero que lo convirtió en un auténtico mito en Sudáfrica. La historia de este film comienza en el país sudafricano con la búsqueda de dos aficionados a la música de Rodríguez de cualquier tipo de información sobre su oscura figura. Multitud de rumores corren sobre su enigmática persona: que si se había suicidado en el escenario tras una actuación, que si se había quemado a lo bonzo por el fracaso de su carrera, etc. Debido a esto, entre otras cosas,  todo hacía creer que Rodríguez era un producto creado por la mente de un guionista. Pero nada más lejos de la realidad. Cuando, después de una larga investigación, los melómanos consiguen dar con él a través de una de sus hijas, vamos siendo conscientes de la grandeza del músico maldito. Durante esta primera parte del documental, el director debutante Malik Bendjelloul, se sirve de testimonios hábilmente recogidos y editados para despertar el interés del espectador e identificarnos con la legendaria figura de Rodríguez. Culminada la búsqueda, el film cambia de tono pero no pierde un ápice de su fuerza narrativa.

Tras todas las conjeturas posibles acerca de su persona, una vez nos encontramos con el verdadero Sixto Rodríguez, descubrimos a un hombre sencillo, obrero comprometido de Detroit, que nunca ha dejado de ser humilde y cuyo éxito masivo en Sudáfrica desconocía por completo. Un padre de familia que nunca dejó la música pero sí la industria, que le dio la espalda debido a su estrepitoso fracaso comercial. El valor de su música en la Sudáfrica del Apartheid es incuestionable. Las letras de sus canciones, más oscuras que las de Bob Dylan, pero con el mismo talante de libertad y reivindicación, influyeron de manera decisiva en la mentalidad de los jóvenes sudafricanos de los años setenta y ochenta, creando un ambiente contracultural que difícilmente podía reprimir el gobierno con su censura. Y son sus canciones un valor central en la película pues, no lo olvidemos, estamos ante un documental musical en toda regla. Temas como “Sugar Man”, “Crucify Your Mind” o “Inner City Blues” podían haberse convertido en himnos generacionales en todo el mundo, pero sólo ocurrió en Sudáfrica. El oscuro cantautor de Detroit podría haber llegado a ser una gran estrella, pero no se arrepiente de su vida. No guarda rencor a nadie y es feliz con el destino que le ha deparado su suerte. En la parte final de la película de Bendjelloul, asistimos a la  primera visita de Rodríguez a Sudáfrica para dar unos conciertos en medio del delirio generalizado del público. Ni él ni sus hijas podían creerlo. Sin embargo, a su vuelta a Detroit, no cambia ni su vida ni sus humildes costumbres.

Ganadora del Premio Oscar al Mejor documental, Searching for Sugar Man es un relato conmovedor, a ratos crudo y siempre emocionante, que deja un poso de buenas vibraciones en el espectador tras su visionado. Es uno de esos films que transmite positivismo a través de un modelo de superación. Una película excepcional.

 

9/10

 


Daniel Muñoz Ruiz

domingo, 12 de mayo de 2013

Bárbara (2012) de Christian Petzold


 
 
Ambientada en la Alemania Oriental de la década de los 80, la nueva película del multipremiado, pero poco conocido en España, director germano Christian Petzold, narra la experiencia de una atractiva pediatra, Bárbara (Nina Hoss) que es castigada por las autoridades comunistas a un forzado exilio desde un gran hospital de Berlín Este hacia un pequeño hospital rural de una población de provincias. Su delito, haber solicitado un puesto en un hospital de RFA. En el opresivo ambiente en el que se encuentra recluida Bárbara, siempre vigilada de cerca por agentes de la Stasi (Policía secreta de la RDA), encontrará, sin embargo, consuelo en su vocación como pediatra que se verá reforzada gracias a los estrechos lazos que establece sobre todo con una de sus pacientes, Stella (Jasna Fritzi Bauer), una problemática joven recluida en un campo de trabajo y que se encuentra embarazada, aunque nunca se nos informa del origen de tal embarazo. Igualmente, su relación con el jefe de pediatría del humilde hospital, el doctor André (Ronald Zehrfeld) transitará entre la desconfianza primero y la amistad después, incluso dando paso a una relación más romántica que finalmente se intuye. Poco a poco Bárbara, si no acostumbrando, si soportando la vida en el campo y su nuevo estatus laboral. Sin embargo, las continuas visitas a su piso de miembros de la Stasi, le harán permanecer en alerta en todo momento para evitar así que descubran los objetos de contrabando que posee y, lo más importante, sus planes de huida ideados por su marido, que permanece en la RFA pero que realiza visitas furtivas a su amada esposa.

La naturaleza de los escenarios exteriores donde transcurre la mayor parte del film, le permiten a Petzold recurrir a planos generales de gran belleza, que transmiten paz y tranquilidad en marcado contraste con la tensión por la que está pasando la vida de la protagonista. También el ramillete cromático utilizado por el director de fotografía es bastante amplio y contrastado entre las escenas interiores y las que tienen lugar en exteriores. Christian Petzold contó con la colaboración del famoso maestro del documental, Harun Farocki, cuya influencia deja huella en el tratamiento de la trama desde un punto de vista realista, causal, donde no tenemos giros narrativos excesivos que puedan confundir al espectador pero que, sin embargo, lo mantienen en una tensa calma a lo largo del desarrollo de la historia. En lo referente a las interpretaciones, la protagonista casi absoluta es Nina Hoss, que borda el papel, transmitiendo sin estridencias ni sobreactuación, todas las fases emocionales por las que pasa su personaje. Ronald Zehrfeld le da una correcta réplica en el papel secundario de su compañero que trata de entrar en su corazón y también es destacable el trabajo de la joven Jasna Fritzi Bauer dando vida a la rebelde y problemática Stella.

Resulta un poco triste que uno de los mayores representantes de la Escuela de Berlín, una de las más importantes de las últimas décadas por la cantidad de buenos cineastas que ha dado al cine europeo, haya tenido que esperar hasta el 2013 para estrenar este su sexto largometraje en los circuitos comerciales del país. Ganadora del Oso de Plata a la Mejor Dirección en la Berlinale 2012, Bárbara es un film político sí, pero con una puesta en escena que no lo hace tan reivindicativo como pudiera parecer. Es una ficción sencilla que resulta una película muy estimulante. Ojalá nos llegue más cine de Petzold en el futuro.

 

8/10

 

 

Daniel Muñoz Ruiz

martes, 30 de abril de 2013

50/50 (2011) de Jonathan Levine




Sorprendentemente, este film no ha sido estrenado en los cines comerciales españoles. Y digo que me parece sorprendente que una película independiente americana que cuenta con dos actores populares en los últimos años (Joseph Gordon-Levitt y Seth Rogen), fue un éxito comercial tratándose de cine independiente, y además consiguió dos nominaciones a los Globos de Oro, no haya llamado la atención de los distribuidores españoles, privando a la mayoría del público nacional de la posibilidad de ver una obra interesante que, sin duda, sobresaldría entre la lánguida y mediocre cartelera de los cines españoles. Una pena, sin duda, pues se trata de un film notable que trata una terrible enfermedad (el cáncer) desde una óptica poco convencional, alejada de los tópicos de las películas sobre personajes gravemente enfermos. Adam (Joseph Gordon-Levitt) es un joven de 27 años que lleva una saludable vida (no bebe, no fuma, hace deporte) junto a su atractiva novia Rachael (Bryce Dallas Howard). Comparte también buena parte de su tiempo con su compañero de trabajo y mejor amigo, Kyle (Seth Rogen) que se convertirá en el personaje sobre el que descansará el peso cómico de la película. Su existencia da un turbulento giro cuando le diagnostican un cáncer espinal y le dan un porcentaje de recuperación del 50% (de ahí el título del film 50/50, que a priori no da pistas sobre la trama del mismo). En medio del shock que le supone recibir la noticia, se enfrenta a tener que comunicársela a sus seres más cercanos, su  sufrida madre (Anjelica Huston) que está al cargo de su marido (Serge Houde) enfermo de Alzheimer (para mayor desgracia de la familia), su novia y su mejor amigo. Cada uno de ellos reaccionará de forma totalmente diferente ante la gravísima enfermedad de Adam, que a fin de cuentas, intenta enfrentar por sí mismo, a pesar de contar también con la “ayuda” de una inexperta terapeuta, Katherine (Anna Kendrick).

50/50 fundamenta su calidad en un excelente guión escrito por Will Reiser, que vivió una experiencia similar a la del protagonista, por lo que los toques autobiográficos son claramente patentes. La dirección de Jonathan Levine logra trasladar tal historia a la pantalla sin caer en los excesos dramáticos que buscan lágrimas fáciles en el espectador. Su trabajo en la dirección de actores es igualmente encomiable. Consigue los contrastes fundamentales para el equilibrio narrativo del relato. Las interpretaciones secundarias adquieren gran importancia en el film, destacando la veterana Anjelica Huston y la joven Anna Kendrick. De Seth Rogen podemos decir que vuelve a realizar el mismo papel que en otras de sus comedias pero en esta ocasión en un escenario diferente. Pues a pesar de su presencia, 50/50 es más bien una comedia dramática que una comedia pura. Pero sin menospreciar al resto del casting, Joseph Gordon-Levitt compone una actuación verdaderamente sobresaliente. Demuestra su vulnerabilidad en los momentos más dramáticos y su carácter y decisión en otras escenas. Un trabajo sincero, matizado y que llega a tocar la fibra sensible del espectador.

Películas como 50/50 resultan muy estimulantes y hasta necesarias en el agarrotado panorama creativo del cine norteamericano más o menos comercial (no estamos ante una verdadera película independiente, pues el presupuesto es de 8 millones de dólares). Indudablemente parece inverosímil que una película así no haya tenido una oportunidad en los cines comerciales de nuestro país. Una verdadera pena, aunque visto lo visto y la tendencia general de la distribución cinematográfica española, ya no sorprende a nadie.


8/10



Daniel Muñoz Ruiz  

lunes, 22 de abril de 2013

La caza (2012) de Thomas Vinterberg




Descarnado y cruel drama el que nos presenta el director danés Thomas Vinterberg en su último film. Al igual que su compatriota y ex compañero del movimiento Dogma95, Lars Von Trier, las películas de Vinterberg no se caracterizan precisamente por ser la alegría de la huerta. Son historias duras, narradas sin concesiones al sentimentalismo y muy críticas con la naturaleza del ser humano y la sociedad que lo acoge. Desde su ya lejana Celebración (Festen, 1998), su film más conocido y que le reportó un status importante dentro de la industria del cine europeo, el director danés ha cimentado una carrera con algunos altibajos pero siempre fiel a su concepción del arte cinematográfico. Con La caza (Jagten, 2012), logra alcanzar su madurez creativa que lo sitúa, en mi opinión, entre los directores más importantes del cine europeo actual.

Lucas (Mads Mikkelsen) es un profesor de guardería, divorciado, solitario y un poco amargado, que lucha por tener contacto con su hijo adolescente, cuya madre le niega las visitas. Todo comienza a mejorar en su vida cuando su hijo Marcus (Lasse Fogelstrom) decide pasar de la madre e ir a visitar a su padre para pedirle vivir con él. Además Lucas conoce en la guardería a Nadja (Alexandra Rapaport) con la que iniciará una relación amorosa que mitigará su profunda soledad. Sin embargo, el conflicto no tardará en aparecer cuando la pequeña Klara (Annika Wedderkopp), hija de sus mejores amigos, acusa a Lucas de abusos sexuales al sentirse rechazada por él. El mundo de Lucas dará un vuelco debido a la falsa acusación de pederastia. Nadie creerá en su inocencia excepto su hijo Marcus. La pequeña comunidad en la que vive lo condenará sin juicio y ni siquiera le escucharán mientras clama por su inocencia. Este argumento podría perfectamente haber dado como resultado un telefilm de esos con los que nos castigan las televisiones generalistas durante las sobremesas de los fines de semana. Sin embargo, en las manos de Vinterberg se convierte en una profunda y feroz reflexión sobre la estupidez irracional del ser humano ante la situación que plantea la película.

El guión, firmado junto a Tobias Lindholm, que ya colaboró con Vinterberg en su anterior film, Submarino (2010), constituye una sólida estructura donde los tiempos están medidos a la perfección y la intensidad dramática dosificada gradualmente hasta conseguir provocar reacciones encontradas en el espectador, consciente de estar ante una historia muy real. Apoyada en una magnífica elección de casting en el que destacan la versatilidad y crudeza del gran Mads Mikkelsen y la sutileza y dulce malicia (en algunos momentos incluso el espectador puede llegar a odiar a la niña) de Annika Wedderkopp, complementados con la convincente actuación de Thomas Bo Larsen, un habitual en la filmografía del director danés, que da vida al padre de la criatura que de debate entre creer a su pequeña o atender a la proclamación de inocencia que no se cansa de repetir su amigo Lucas. Optará por lo primero, como hará la prácticamente totalidad de la sociedad del pequeño pueblo donde se desarrolla la película.

La caza es un gran film, no es perfecto pero es quizás el mejor de su director hasta la fecha, y una demostración clara y concisa de la hipocresía de la sociedad y de la irracionalidad del ser humano.


9/10



Daniel Muñoz Ruiz

miércoles, 20 de marzo de 2013

Los amantes pasajeros (2013) de Pedro Almodóvar



Es indiscutible que la carrera cinematográfica de Pedro Almodóvar nunca ha estado supeditada a exigencias comerciales o de cualquier otra naturaleza. Si algo ha distinguido su producción hasta la fecha es su total libertad creativa que, casi siempre, ha sido aplaudida por un amplio sector de la crítica y del público. Y es que el cine del director manchego levanta pasiones encontradas entre sus seguidores acérrimos y sus detractores más salvajes. Seguramente a éstos últimos, los que optan por denostar su trabajo, Almodóvar se lo ha puesto muy fácil con Los amantes pasajeros, pues es probablemente su película más floja y menos interesante de toda su carrera. Al verla, uno piensa que ha sido un mero divertimento, un descanso hedonista tras muchas exigentes películas, un simple impasse a la espera de retomar con fuerza su mejor cine. Pero no sé qué pensar, pues ya La piel que habito (2011) no me pareció tan buena como algunos nos quisieron hacer creer, de lo que puedo deducir que Almodóvar quizás esté atravesando un importante bache creativo. El tiempo nos dará la respuesta.

Tras un prólogo simpático, en la pista de un aeropuerto, con los cameos de Antonio Banderas y Penélope Cruz, actores recurrentes del imaginario almodovariano como otros que aparecen a lo largo del metraje del film, la acción de Los amantes pasajeros transcurre casi íntegramente dentro de la cabina de un avión que realiza la ruta transoceánica desde Madrid a México D.F. Debido a una avería en el tren de aterrizaje, el avión se ve obligado a dar vueltas por el cielo a la espera de encontrar un aeropuerto libre para poder realizar un aterrizaje de emergencia. Entre tanto,  los pasajeros de la clase turista y las azafatas son drogados con tranquilizantes para que puedan dormir durante la situación de crisis y así quitarse de un plumazo su presencia en el desarrollo del relato, una manera de hacerlo, todo sea dicho, muy almodovariana. Los restantes azafatos (Javier Cámara, Raúl Arévalo y Carlos Areces) tres gays de muy diferente carácter tratan de tranquilizar a los pocos pasajeros de primera clase con las técnicas más rocambolescas, surrealistas y descerebradas. También se nos va narrando a pinceladas las historias de los pasajeros de primera, pero es tan poco el desarrollo de los personajes que se convierten en meras caricaturas intranscendentes. El humor del film, que en los primeros quince minutos hace gracia, se convierte en repetitivo hasta la saciedad, sucediéndose uno tras otro chistes sobre pollas y mamadas que quizás hace décadas hubieran resultado transgresores pero que hoy en día no escandalizan a nadie. Incluso el guión es un autentico despropósito, introduciendo pasajes que dispersan la trama y llegan a aburrir, como el que protagonizan Paz Vega, Carmen Machi y Blanca Suárez, que flaco favor hacen al conjunto del film. Realmente lo único salvable de Los amantes pasajeros son la música de Alberto Iglesias, algunas interpretaciones como las del trío de auxiliares de vuelo y ese personaje interpretado maravillosamente por Lola Dueñas, que ya puestos se hubiera merecido una película entera.

Almodóvar no consigue ni siquiera divertir con su film. Estéticamente recurre a sus paleta cromática y sus detalles kitsch, cosa que agradecerán sus más fieles fans, pero se sitúa muy lejos de otras comedias anteriores como Laberinto de pasiones (1982) o Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988). La verdad, una auténtica decepción.

 

 

3/10

 

 

Daniel Muñoz Ruiz

sábado, 16 de marzo de 2013

Siete psicópatas (2012) de Martin McDonagh




Al leer por primera vez el título de este film, uno puede sacar conclusiones precipitadas pensando que va a encontrarse con una obra englobada en el género del thriller cinematográfico, que suelen tener como protagonista a un asesino psicópata. Pues resulta eso y mucho más. El director y guionista Martin McDonagh, construye en su segundo largometraje un relato multiforme en el que la realidad (siempre dentro de la ficción que supone el film) y la ficción dentro del mismo se entremezclan de forma sorprendente. Marty (Collin Farrell) es un guionista de cine que se encuentra atascado en la escritura de su nuevo trabajo, titulado al igual que el film, Siete psicópatas. Su bloqueo creativo se desvanece cuando lee una noticia relacionada con el asesinato de dos asesinos a sueldo y alentado por su amigo Billy (Sam Rockwell), que le proporciona algunas ideas, su guión empieza a tomar forma. El tal Billy es un personaje de lo más curioso. Actor en paro, se gana la vida secuestrando perros de ricachones para pedirles un rescate por sus preciadas mascotas. Su socio Hans (Christopher Walken) y él se meterán en un buen lío cuando, sin saberlo, secuestran al querido perrito de un mafioso psicópata, Charlie (Woody Harrelson), que pronto descubrirá el pastel y buscará a los pícaros secuestradores para liberar a su amado cánido. Mientras Marty escribe su guión, Billy se encarga de hacer realidad la historia que inspira al inocente guionista. Los asesinatos se suceden y la ficción salta a la vida real de sus protagonistas.

McDonagh, que antes de debutar en el cine fue un reconocido y transgresor dramaturgo, convierte a Marty en su alter ego para contarnos una historia poliédrica donde conviven subtramas de muy diversas especies pero que tienen en común un refinado humor negro, como por ejemplo, la que involucra a Zacharias (Tom Waits) un psicópata de lo más romántico. La primera y evidente influencia que se nos viene a la cabeza al ver Siete psicópatas, es sin duda Quentin Tarantino. Los diálogos originales, sarcásticos, que convierten temas banales en profundas reflexiones, están muy presentes en el film de McDonagh, como ya lo estaban en Escondidos en Brujas (In Bruges, 2008). El montaje agiliza el relato y le proporciona un ritmo perfecto para este tipo de film, que resulta extremadamente entretenido. Pero no sólo podemos quedarnos con el entretenimiento comercial. Siete psicópatas es un gran artefacto metanarrativo apoyado en un excelente guión y en unos personajes construidos sin fisuras y con originales matices psicológicos. Entre ellos destacan sobre todos el interpretado por Sam Rockwell, autentico psicópata dentro del film, que literalmente confunde la realidad con la ficción y que resulta hilarante, y el personaje al que da vida ese pedazo de actor llamado Christopher Walken, que siempre deja huella en todos sus trabajos cinematográficos. Sin embargo, podemos ponerle un pero muy obvio en la película y es la inexistencia de personajes femeninos transcendentes para la historia, pues los que aparecen son simples complementos narrativos de los personajes masculinos, algo de lo que McDonagh es totalmente consciente y que lo señala al espectador en un genial diálogo entre Marty y Hans.

Siete psicópatas es también una película sobre la amistad, en este caso masculina. Un film con múltiples caras que hará las delicias de los más aficionados al thriller y a la comedia negra, muy en la línea de Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994). Una de las agradables sorpresas de este año cinematográfico.

 

9/10

 


Daniel Muñoz Ruiz

lunes, 11 de marzo de 2013

Lincoln (2012) de Steven Spielberg




Resulta muy curioso que el primer presidente de color de los Estados Unidos, Barack Obama, pertenezca al partido que más trabas puso para la denegación de la decimotercera enmienda a la Constitución, aquélla que abolía definitivamente la esclavitud en el país. Y es que, como se ve en Lincoln, fue el partido demócrata quien luchó más encarnizadamente por derribar la enmienda. El último film del aclamado y oscarizado Steven Spielberg, no es un biopic al uso, como acostumbra a realizar la industria hollywoodiense cada vez que lleva a la gran pantalla a un personaje famoso. Más bien, estamos ante un thriller político que retrata las tensiones vividas en los meses precedentes a la aprobación de dicha enmienda. El guión de Tony Kushner, que ya trabajó con Spielberg en Munich (2005), circunscribe el relato a poco más de tres meses, de enero a abril de 1985, desde la reelección de Abraham Lincoln a su asesinato en el Teatro Ford, que permanece fuera de campo. En su inicio, da la sensación de que vamos a presenciar una película bélica centrada en la Guerra de Secesión y que probablemente remitiría a la espectacularidad de Salvar al soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998), pero tales expectativas se diluyen muy pronto cuando se abandona el campo de batalla y es sustituido por las dependencias de la Casa Blanca y la Cámara de representantes del Congreso, que serán las dos principales localizaciones del relato fílmico. El tema de la guerra tendrá su importancia en la trama, pero siempre desde una posición secundaria, pues la aprobación de la enmienda será la columna vertebral del film de Spielberg.

El Lincoln que dibujan Kushner y Spielberg nada tiene que ver con aquél al que dio vida Henry Fonda en la película de John Ford El joven Lincoln (Young Lincoln, 1939), que retrataba los comienzos políticos del futuro presidente. El Lincoln que compone Daniel Day-Lewis (otra brillante actuación que apuntar en su currículum) es un personaje sombrío, depresivo, triste, pero a su vez un decidido, tenaz y manipulador político que no duda ni un instante en sacrificar la ética política con tal de alcanzar su objetivo. El fin justifica los medios. Y para ello, las conspiraciones, la compra de votos, el cohecho y la mentira son las armas empleadas por el líder político y todo su círculo, desde el Secretario de Estado hasta el más humilde militante del Partido Republicano. Todo con tal de conseguir la veintena de votos necesarios en las filas del Partido Demócrata, necesarios para la aprobación de la enmienda. Sin embargo, se omite el hecho de que la aprobación favorecía los intereses económicos y financieros de los estados del Norte, a fin de reforzar y perpetuar el feroz capitalismo.

Después de sonados patinazos, Steven Spielberg realiza un film denso, profundo, pero también entretenido. Supeditado a la planificación clásica, el director de E.T. (1982) no se empeña en glorificar la figura del primer presidente de los Estados Unidos que murió asesinado, sino que crea un personaje crepuscular que a pesar de su escasa formación académica demostró un instinto político incuestionable. Un film muy notable al que quizá le sobre algunos momentos musicales empalagosos cortesía de John Williams, su eterno compositor. Los que esperen un relato épico sobre el mito de Lincoln van a salir decepcionados, pues se trata de un film sobrio, complejo y desmitificador.  

 

8/10

 

Daniel Muñoz Ruiz

martes, 5 de marzo de 2013

Blancanieves (2012) de Pablo Berger

 

El cine español no pasa por sus mejores momentos en los últimos años. Varias son las razones que hacen que la industria cinematográfica española parezca vivir en permanente crisis, pero sería muy fácil atribuirlo todo a la crisis económica. Se trata más bien de un empobrecimiento artístico, pues el anhelo de atraer espectadores a las salas donde se proyectan películas españolas ha llevado a productores y directores a la creación de sucedáneos de Hollywood que por burda imitación (nunca se manejarán los mismos presupuestos) dan como resultado una pérdida de identidad en la que permanece sumida toda nuestra cinematografía. En este contexto, películas como la de Pablo Berger aparecen como un oasis en pleno desierto y supone la constatación de que la originalidad y el atrevimiento no están reñidos con la comercialidad, pues no en vano, Blancanieves ha sido la gran ganadora de los últimos premios Goya, arrasando con diez estatuillas y siendo además elegida por la Academia para representar a España en los Oscar. Y puede extrañar a algunos porque se trata de un film rodado en blanco y negro, perteneciente a lo que entendemos como cine mudo acompañado de música orquestal. Leyendo esto, muchos pensarán que aprovecha la estela de The Artist (Michael Hazanavicius, 2011), gran triunfadora en los Oscar del pasado año, pero en realidad no tienen más parecido que lo anteriormente comentado.

Blancanieves no es una adaptación del famoso cuento de los hermanos Grimm. Más bien estamos ante un relato que se inspira en él. Ambientada en Sevilla en los años 20, narra la historia de Carmen (Macarena García), hija de un famoso torero (Daniel Giménez Cacho) y una popular bailaora (Inma Cuesta), que fallece al dar a luz. La pequeña Carmen vivirá los maltratos de la nueva mujer de su padre, la malvada madrastra del cuento (Maribel Verdú), que no parará hasta creerla muerta. La joven Carmen sufre un episodio de amnesia y es recogida por unos enanos artistas taurinos ambulantes, que a la postre serán los que rebauticen a la chica con el nombre de Blancanieves. Apoyada por sus nuevos amigos que parecen salidos del clásico de Tod Browning La parada de los monstruos (Freaks, 1932), Carmen/Blancanieves se convertirá en primera figura del toreo.

En su segundo largometraje tras su debut con la simpática y ácida Torremolinos 73 (2003), Berger recrea el universo folclórico de una época (la década de 1920) y un lugar (el sur de España, Sevilla) desde un punto de vista mítico, estilizando las peculiaridades de la cultura hispánica como las corridas de toros, las celebraciones, los bailes y las fiestas. Todo ello por medio de un torbellino visual que arrebata los sentidos del espectador por su belleza, delicadeza y exceso a partes iguales. La excelente fotografía de Kico de la Rica (Lucía y el sexo; Los crímenes de Oxford) contribuyen de manera fundamental a la creación del lirismo desprendido por el film. Mención especial requiere la música compuesta por Alfonso de Villaronga (Mi vida sin mí; Princesas) para Blancanieves, pues su apoyo narrativo es capital para el desarrollo del relato y combina a la perfección la orquestación con la música más popular.

En definitiva, Blancanieves de Pablo Berger es una de las películas más importantes del cine español en las últimas décadas. Un verdadero objeto artístico que entrará por méritos propios en la historia del cine. Y, por si fuera poco, contiene uno de los mejores cierres de relato que he contemplado en mi vida.

 

9/10

 

Daniel Muñoz Ruiz