Translate

martes, 5 de marzo de 2013

Blancanieves (2012) de Pablo Berger

 

El cine español no pasa por sus mejores momentos en los últimos años. Varias son las razones que hacen que la industria cinematográfica española parezca vivir en permanente crisis, pero sería muy fácil atribuirlo todo a la crisis económica. Se trata más bien de un empobrecimiento artístico, pues el anhelo de atraer espectadores a las salas donde se proyectan películas españolas ha llevado a productores y directores a la creación de sucedáneos de Hollywood que por burda imitación (nunca se manejarán los mismos presupuestos) dan como resultado una pérdida de identidad en la que permanece sumida toda nuestra cinematografía. En este contexto, películas como la de Pablo Berger aparecen como un oasis en pleno desierto y supone la constatación de que la originalidad y el atrevimiento no están reñidos con la comercialidad, pues no en vano, Blancanieves ha sido la gran ganadora de los últimos premios Goya, arrasando con diez estatuillas y siendo además elegida por la Academia para representar a España en los Oscar. Y puede extrañar a algunos porque se trata de un film rodado en blanco y negro, perteneciente a lo que entendemos como cine mudo acompañado de música orquestal. Leyendo esto, muchos pensarán que aprovecha la estela de The Artist (Michael Hazanavicius, 2011), gran triunfadora en los Oscar del pasado año, pero en realidad no tienen más parecido que lo anteriormente comentado.

Blancanieves no es una adaptación del famoso cuento de los hermanos Grimm. Más bien estamos ante un relato que se inspira en él. Ambientada en Sevilla en los años 20, narra la historia de Carmen (Macarena García), hija de un famoso torero (Daniel Giménez Cacho) y una popular bailaora (Inma Cuesta), que fallece al dar a luz. La pequeña Carmen vivirá los maltratos de la nueva mujer de su padre, la malvada madrastra del cuento (Maribel Verdú), que no parará hasta creerla muerta. La joven Carmen sufre un episodio de amnesia y es recogida por unos enanos artistas taurinos ambulantes, que a la postre serán los que rebauticen a la chica con el nombre de Blancanieves. Apoyada por sus nuevos amigos que parecen salidos del clásico de Tod Browning La parada de los monstruos (Freaks, 1932), Carmen/Blancanieves se convertirá en primera figura del toreo.

En su segundo largometraje tras su debut con la simpática y ácida Torremolinos 73 (2003), Berger recrea el universo folclórico de una época (la década de 1920) y un lugar (el sur de España, Sevilla) desde un punto de vista mítico, estilizando las peculiaridades de la cultura hispánica como las corridas de toros, las celebraciones, los bailes y las fiestas. Todo ello por medio de un torbellino visual que arrebata los sentidos del espectador por su belleza, delicadeza y exceso a partes iguales. La excelente fotografía de Kico de la Rica (Lucía y el sexo; Los crímenes de Oxford) contribuyen de manera fundamental a la creación del lirismo desprendido por el film. Mención especial requiere la música compuesta por Alfonso de Villaronga (Mi vida sin mí; Princesas) para Blancanieves, pues su apoyo narrativo es capital para el desarrollo del relato y combina a la perfección la orquestación con la música más popular.

En definitiva, Blancanieves de Pablo Berger es una de las películas más importantes del cine español en las últimas décadas. Un verdadero objeto artístico que entrará por méritos propios en la historia del cine. Y, por si fuera poco, contiene uno de los mejores cierres de relato que he contemplado en mi vida.

 

9/10

 

Daniel Muñoz Ruiz

2 comentarios:

  1. Se ve interesante, pero, ¿Qué tal es el guión? La sinopsis parece absurda, como si fuese una película de humor.

    ResponderEliminar
  2. El guión me pareció excelente. Responde a la estructura clásica de los tres actos con sus respectivos puntos de giro y el final es genial. Humor tiene pero no la considero una comedia. Sin embargo, en determinados momentos puede parecer algo excesiva, pero la recomiendo de corazón.

    ResponderEliminar