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lunes, 11 de marzo de 2013

Lincoln (2012) de Steven Spielberg




Resulta muy curioso que el primer presidente de color de los Estados Unidos, Barack Obama, pertenezca al partido que más trabas puso para la denegación de la decimotercera enmienda a la Constitución, aquélla que abolía definitivamente la esclavitud en el país. Y es que, como se ve en Lincoln, fue el partido demócrata quien luchó más encarnizadamente por derribar la enmienda. El último film del aclamado y oscarizado Steven Spielberg, no es un biopic al uso, como acostumbra a realizar la industria hollywoodiense cada vez que lleva a la gran pantalla a un personaje famoso. Más bien, estamos ante un thriller político que retrata las tensiones vividas en los meses precedentes a la aprobación de dicha enmienda. El guión de Tony Kushner, que ya trabajó con Spielberg en Munich (2005), circunscribe el relato a poco más de tres meses, de enero a abril de 1985, desde la reelección de Abraham Lincoln a su asesinato en el Teatro Ford, que permanece fuera de campo. En su inicio, da la sensación de que vamos a presenciar una película bélica centrada en la Guerra de Secesión y que probablemente remitiría a la espectacularidad de Salvar al soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998), pero tales expectativas se diluyen muy pronto cuando se abandona el campo de batalla y es sustituido por las dependencias de la Casa Blanca y la Cámara de representantes del Congreso, que serán las dos principales localizaciones del relato fílmico. El tema de la guerra tendrá su importancia en la trama, pero siempre desde una posición secundaria, pues la aprobación de la enmienda será la columna vertebral del film de Spielberg.

El Lincoln que dibujan Kushner y Spielberg nada tiene que ver con aquél al que dio vida Henry Fonda en la película de John Ford El joven Lincoln (Young Lincoln, 1939), que retrataba los comienzos políticos del futuro presidente. El Lincoln que compone Daniel Day-Lewis (otra brillante actuación que apuntar en su currículum) es un personaje sombrío, depresivo, triste, pero a su vez un decidido, tenaz y manipulador político que no duda ni un instante en sacrificar la ética política con tal de alcanzar su objetivo. El fin justifica los medios. Y para ello, las conspiraciones, la compra de votos, el cohecho y la mentira son las armas empleadas por el líder político y todo su círculo, desde el Secretario de Estado hasta el más humilde militante del Partido Republicano. Todo con tal de conseguir la veintena de votos necesarios en las filas del Partido Demócrata, necesarios para la aprobación de la enmienda. Sin embargo, se omite el hecho de que la aprobación favorecía los intereses económicos y financieros de los estados del Norte, a fin de reforzar y perpetuar el feroz capitalismo.

Después de sonados patinazos, Steven Spielberg realiza un film denso, profundo, pero también entretenido. Supeditado a la planificación clásica, el director de E.T. (1982) no se empeña en glorificar la figura del primer presidente de los Estados Unidos que murió asesinado, sino que crea un personaje crepuscular que a pesar de su escasa formación académica demostró un instinto político incuestionable. Un film muy notable al que quizá le sobre algunos momentos musicales empalagosos cortesía de John Williams, su eterno compositor. Los que esperen un relato épico sobre el mito de Lincoln van a salir decepcionados, pues se trata de un film sobrio, complejo y desmitificador.  

 

8/10

 

Daniel Muñoz Ruiz

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